Roger Antonio González Herrera (*)

Vamos a retornar a las cosas sencillas, a sentarnos en la banqueta cualquier tarde de éstas y platicar de cosas chistosas mientras vemos a la gente pasar y degustamos un refresco de fórmula gringa y una barra de francés calientito con unos pedazos de queso de bola y chile jalapeño.

Vamos a la cancha municipal a jugar una reta de básquetbol y los que pierdan dan su “tanda” en la tienda de don Manuel Quiñones. Luego, en la calle de la casa, jugamos “caza venado” con aquella pelota vieja y descolorida.

¿Te parece si vamos con la pandilla a aquella quinta de árboles frutales, aparentemente abandonada, y cosechamos mangos y mandarinas? Quizá, y con suerte, encontremos caimitos, esa fruta exótica y exquisita que nos encanta. Luego, nos repartimos el botín con la convicción de que no hicimos nada malo, sino sólo una travesura adolescente.

¿Jugamos una apuesta para ver quién es el más valiente del grupo y aguanta más tiempo entre las tumbas del oscuro y misterioso cementerio por el rumbo del cabo del pueblo? Seguramente todos saldremos en carrera loca luego de escuchar el mínimo ruido pensando que ahí se encuentra convertido en lobo uno de los tenebrosos hermanos “Huay”.

Subamos al campanario de la iglesia a través de la añeja escalera circular de madera esquivando telarañas y murciélagos. Lleguemos hasta lo más alto del templo parroquial y quedémonos ahí contemplando el festival multicolor del cielo de esta tarde de octubre y soñemos despiertos, ahí en lo más alto del pueblo, en un futuro maravilloso, mientras vemos asombrados a los “kaues” en su vespertino y ruidoso regreso a los viejos laureles del parque para pasar la noche.—Mérida, Yucatán

rogergonzalezh@hotmail.com

Profesor

Vamos a retornar a las cosas sencillas. ¿Cuáles sugieres tu? Es tu turno.

 

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