A propósito de la reforma eléctrica

Freddy Espadas Sosa (*)

“La política es la expresión concentrada de la economía”, afirmaba el fundador de la extinta Unión Soviética, Vladimir I. Lenin.

La frase expresa con precisión sociológica que cuando están en juego los intereses económicos de las clases sociales y del Estado, la confrontación política entre ellas adquiere una singular intensidad.

La agudización del enfrentamiento entre las clases y grupos sociales en un país determinado, es un fenómeno recurrente que se presenta cuando existe una intensa disputa por los recursos naturales o por la distribución y apropiación de la riqueza social.

Así ocurrió con las Leyes de Reforma aplicadas por el grupo juarista entre 1856 y 1859, que fueron fundamentales para la secularización de la sociedad y la separación del Estado y la Iglesia. Similar confrontación se produjo cuando el presidente Lázaro Cárdenas llevó al cabo la expropiación de la industria petrolera, histórica medida que sentó las bases para la ulterior consolidación del México moderno.

Algo parecido está sucediendo con el escenario sociopolítico que se ha configurado con relación a la iniciativa enviada por el presidente Andrés Manuel López Obrador al Congreso de la Unión, en la cual se propone que el Estado mexicano recupere la regulación y el control mayoritario de la industria eléctrica.

Ocurre, caros lectores, que ni cuando se aprobó la reforma educativa obradorista hicieron tanta alharaca los representantes conspicuos del gran capital y sus sirvientes en el poder político y en los medios de comunicación. La razón de esto es bastante clara: la cancelación de la mal llamada reforma educativa peñanietista afectó básicamente los intereses político-ideológicos de los sectores conservadores encabezados por la oligarquía económica, pero en el caso de la reforma eléctrica y energética en general es evidente que toca muchos intereses económicos que fueron grandes favorecidos con la reforma del sector realizada en el marco del famoso Pacto por México PRIANRD.

Pero hoy por hoy, cuando el gobierno de la 4T —en congruencia con lo prometido por el ahora presidente de la República en su campaña electoral— determina dar un golpe de timón en cuanto al manejo de los recursos energéticos desde una perspectiva favorable al interés nacional y a las grandes mayorías, sucede que los dirigentes de las clases económicamente dominantes se rebelan estrepitosamente, utilizan a sus propagandistas de los medios de comunicación y exigen sin ambages a la coalición conservadora que ellas mismas prohijaron que se oponga terminantemente a la reforma constitucional propuesta y la derroten con sus votos en la Cámara Baja.

Confrontación

Desde luego, es totalmente explicable la confrontación política y social que ahora presenciamos ante el curso que sigue la iniciativa presidencial, en razón de que, en los hechos, nos encontramos ante una verdadera disputa por el futuro de la nación mexicana.

Para fundamentar lo antedicho, acudiré a un excelente libro publicado hace exactamente cuarenta años. Se trata del texto “México: la disputa por la nación”, escrito por los reconocidos economistas Rolando Cordera y Carlos Tello.

Lo sustentado en este libro fue realmente premonitorio con respecto al curso que siguió el desarrollo del país en las décadas subsiguientes. Los autores formularon con gran claridad las siguientes tesis programáticas:

a) Los proyectos neoliberal y nacionalista se presentan como las coordenadas dentro de las cuales se dará el desarrollo del país.

b) El peso que cada proyecto alcance en la realidad social del porvenir será el producto de la lucha de clases, de las formas e inclinaciones que adopte el quehacer estatal y del grado de organización y persistencia que pongan en juego las fuerzas sociales que los promuevan.

c) El proyecto neoliberal aspira a la reestructuración del sistema capitalista internacional en función de un diagnóstico y de unas perspectivas que en, lo fundamental, corresponden a los intereses del capital financiero y del capital transnacional.

d) El proyecto neoliberal para México presupone que los intereses a largo plazo de las sociedades norteamericana y mexicana pueden ser satisfechos si ambas economías se integral en un sistema global de mutua complementación.

e) El proyecto neoliberal implicaría que Estados Unidos disponga de mano de obra barata, así como libre accesibilidad de materias primas, energéticos y mercado.

f) El proyecto nacionalista está definido y orientado por los siguientes principios: la lucha por mantener y ampliar el control de la nación sobre las condiciones en que se desenvuelve la producción; el manejo nacional de los recursos, sobre todo los naturales; el fortalecimiento de la independencia económica; el ejercicio pleno de la soberanía nacional en materia de política económica y social.

g) El proyecto nacionalista presupone que las necesidades del país pueden ser satisfechas si se actualizan los planteamientos y demandas populares que dieron origen a la Revolución mexicana y si se aplican puntualmente los postulados de la Constitución.

h) El proyecto nacionalista implica que las tesis de la Revolución mexicana, el Estado nacional a que dio origen y el pacto social con base en el cual se ha desenvuelto el país, aún ofrecen perspectivas de desarrollo en razón de que se puede avanzar en la atención a las necesidades básicas de numerosos grupos vulnerables de la población, así como atemperar los extremos de riqueza y pobreza que existen y acceder a mayores niveles de evolución socioeconómica.

Sirva, pues, este somero repaso de los citados postulados programáticos para comprender la trascendencia de lo que está en juego con la reforma eléctrica en curso. Veremos.— Mérida, Yucatán

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán

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