Polémico caso y sus trasfondos
José Antonio Gutiérrez Triay (*)
Juego de lobos en cautiverio. Así considero, con este título, el actuar de nuestros políticos y, específicamente por el momento, a lo vernáculo con intento de penetración de la cultura olmeca.
Sucede una noche en el parque de San Juan de Mérida cuando un chico que cometía desmanes fue detenido por la fuerza pública de la ciudad.
El joven falleció días después y con un juicio sumario en las redes, esa oclocracia exponencial con la masificación de la tecnología en la comunicación se condenó a unos policías de la corporación municipal por homicidio.
La masa opinativa fue azuzada con declaraciones flamígeras desde la Fiscalía General del Estado. Se pretendió, al parecer, una carambola de dos bandas desde el palacio de las calles 60 con 61 hasta el de la calle 62.
Abona a nuestra percepción cuando el caso llega hasta los medios nacionales de gran penetración social, y estos toman con sospechoso interés el acontecimiento y lo hacen trascender. La defensa de los guardianes del orden citadino obtuvo la liberación de los detenidos ante la falta de contundencia de los acusadores.
El caso llegó a la presidencia de la república, y el titular en su afán justiciero indicó a la FGR atraer el caso como legalmente se le faculta. Intereses públicos y particulares quieren sacar raja de este penoso suceso.
Después de nuevas necropsias y estudios con alta tecnología, se revela que el chico falleció de una neumonía como consecuencia de un padecimiento que por respeto no se dio a conocer.
Lo anterior se informó unas horas después que el jefe de la nación en su conferencia matutina culpó de nuevo a la corporación policíaca de Mérida y ensalzó al gobernador Vila. Nada extraño es que nuestro presidente manifieste tener otros datos como estratagema.
Está fuerte el golpeteo panista con vías a la sucesión y la finalidad es quitar las barreras del camino. Pero sin ingenuidades la intervención central lleva otras intenciones ante la mole electoral que ha conformado el gobernador Vila. Hay que romperla y no hay mejor manera que con el clásico divide y vencerás.
Y así, sin mayores aspavientos, porque es obvio que el partido del presidente no levanta en Yucatán. No hay cuadros, reina la desorganización y carecen de figuras populares. Con esa situación el futuro no es halagüeño. Por lo tanto, ya se hace trabajo directo con los alcaldes, también fraccionan más al PRI y otro tanto al PAN. A los primeros ofrecen candidaturas.
Han llegado huestes monrealistas y bejaranistas, como consecuencia del golpeteo morenista capitalino. La segunda para cobrar la derrota de Dolores Padierna en la alcaldía Cuauhtémoc de la que culpan Monreal, líder del senado y hombre fuerte en aquella demarcación.
Monreal avisó al decir que aparecerá en la boleta electoral de la elección presidencial, pretende avanzar su infantería en el territorio yucateco. Dos senadores hacen esa labor, una ya fue candidata a la alcaldía de Mérida y otro dirige las acciones, pero aún desconoce el territorio y no se ha enterado que en Yucatán no matan, nomás no dejan vivir, como mencionó aquel Olea Enríquez.
Bejarano busca alianzas yucatecas con el otrora todopoderoso PRI, que ahora sólo aspira a partido bisagra.—Mérida, Yucatán
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Docente
