Olegario M. Moguel Bernal (*)
El 19 de agosto pasado, dos meses y medio después del proceso electoral, la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación resolvió que las elecciones en el municipio de Uayma resultaban inválidas. Se convirtió así en el único de Yucatán donde se repetiría el proceso electoral. La razón fueron actos de violencia por los que se invalidó una casilla.
Invalidar una casilla, en este caso, equivalió a dejar sin efecto los resultados en el 20% de los centros de votación. Fueron cinco en el municipio.
La resolución fue solo una escala en un largo proceso de impugnaciones que echaron abajo el triunfo que el Iepac había otorgado a la candidata del PRI Yamili Cupul Vázquez y el tribunal local había ratificado. Pero la sala de Xalapa dijo nones y ordenó una nueva elección, que será mañana.
En este escenario nos preguntamos: ¿son las elecciones en Uayma un asunto de mediana o escasa relevancia? ¿Pasa el desarrollo democrático de Yucatán por el ejercicio electoral de mañana? La respuesta a ambas preguntas no necesariamente es negativa. De hecho, no lo es.
Las elecciones en ese municipio enclavado en el centro de la Península serán una muestra de alto interés en materia democrática, si se les ve desde el punto de vista de una oportunidad para el análisis político.
El censo de Yucatán en 2020 arroja que Uayma tiene una población de 4,191 habitantes. No representa siquiera el 1% de la población del Estado, que es de 2.320,898. Únicamente es el 0.18%, mismo porcentaje que su padrón electoral es del estatal. Podrán votar 3,106 ciudadanos. El padrón electoral que tuvo Yucatán en las elecciones del 6 de junio pasado fue de 1.660,064.
¿Por qué, entonces, debemos estar atentos a las elecciones de mañana si ese municipio representa tan poco de acuerdo con las cifras estatales?
Si bien el resultado no modificará en gran medida el mapa político del Estado, ni será la tabla de salvación de aquellos partidos que se hunden no tan lentamente, resulta una ocasión interesante de análisis, en especial para los estudiosos del fenómeno político y sus comportamientos.
Pocas, poquísimas veces se tiene la oportunidad de asistir a un proceso electoral en estado puro. O casi (en política es un término difícil de emplear). Esto es, sin fuertes influencias que condicionen o sesguen el resultado de los comicios. De todas las elecciones reguladas por los organismos electorales, las de los municipios son aquellas que están más enfocadas en un punto geográfico específico, las que tienen más que ver con grupos sociales e idiosincrásicos muy definidos, que lo son más en la medida que la demarcación es pequeña.
La autoridad electoral acuñó el término “concurrente” para referirse a aquellas elecciones en las que se vota por todos los puestos por los que se puede optar, por ejemplo en las de 2018, que se votó por todo lo que está en juego. Sin embargo, todas las elecciones son concurrentes, porque coinciden con otras. Baste decir que en las de medio término coinciden las municipales con las distritales locales y federales. Y la propaganda publicitaria de unos no deja de repercutir en el ánimo de otros.
Esta vez, por tanto, asistimos a un fenómeno poco común: una elección casi en estado puro, donde la promoción es exclusiva para ese municipio y los electores no han recibido influencias de candidatos a otros puestos de elección popular. Siendo así, al eliminar ese factor, el estudioso del fenómeno político podrá centrarse en los factores que determinarán el resultado de la elección.
Esos factores pueden ser el tipo de voto: duro, verde, de inercia, por consigna, de miedo, de hambre, contextual, útil… y también pueden tener que ver con la influencia: lo que la campaña electoral implicó para determinar el sentido del voto, o bien las influencias que el elector ha recibido a lo largo de su vida, entre otros factores.
Otro elemento que hace importantes las elecciones de mañana es que al celebrarse en un núcleo tan específico y reducido geográficamente, la convivencia entre partidos será estrecha. Cada instituto político tendrá su atención puesta al cien por ciento en Uayma, no dispersa en 106 municipios, 15 distritos locales o cinco federales. En este sentido, los partidos se centrarán en la vigilancia cercana de las maniobras de sus contrincantes. ¿Habrá acarreo? Será muy visible. ¿Compra de votos? Todos la verán. ¿Mapaches? Se exhibirán con claridad.
Lo que está en juego mañana en Uayma es, pues, el levantamiento de información que los partidos políticos, observadores electorales y estudiosos de las conductas sociopolíticas y de la ciencia política misma podrán hacer para establecer tendencias, parámetros, comportamientos, sesgos y definiciones que puedan ser de utilidad para el desarrollo de estrategias electorales en el futuro inmediato.
Es decir, Uayma será un laboratorio para 2024.— Mérida, Yucatán.
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@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
