Los meses complicados de la pandemia

María Isabel Cáceres Menéndez (*)

Aquí a Mérida llegó en marzo de 2019 o poco antes. Para mí fue el comienzo del encierro y el cuidado extremo. Ya son 22 meses. Incluyendo el inicio de enero y la llegada de Ómicron que se propaga como fuego en bosque seco.

Veintidós. Si así es. Estos son los meses que hemos vivido en peligro de contagio y que hemos perdido familiares y amigos cercanos y lejanos. Conocidos y desconocidos. Muchos meses más en lugares donde la epidemia comenzó antes que llegara aquí.

Meses de incertidumbre. Desesperanza. Crisis personales y mundiales en todos las aéreas de la vida económica, social, industrial. Personas sin trabajo. Miseria en aumento. Hambre. Enfermedad. Desolación. Y aún así, la esperanza brilla y se sostiene.

Lo mejor y lo peor del ser humano se ha hecho visible. Y la solidaridad y empatía por los demás ha crecido. Y el latrocinio y el abuso e impiedad también.

Naturaleza humana. La crisis de ética, moral, dignidad, es mundial. A todos los niveles. Pero es la de integridad la que se lleva un nefasto primer lugar. Yo, mi, me, conmigo. Políticos sin escrúpulos. Instituciones sin Ética. Personas amorales e inmorales. Que no es lo mismo pero similar.

Corrupción convertida en esquema personal de vida. Pirámides de Ponzi por doquier. A todos los niveles y en todos los sentidos. Asaltar. Robar. Trampear.

¿Es tu madre? ¿Tu padre? ¿Tu hermano? Tu país? ¿Tu empleado? ¿Tu amigo? ¿Tu Socio? ¿Qué o a quién le importa? El Becerro de oro lo es todo.

“…Y tras el bocado entró Satan”. Las 30 monedas de Plata. Esta regla inequívoca en las aspiraciones es lo de hoy. Tener más. Y más. Sin freno ni medida. Ambiciones desbocadas y locas. Destructivas disrruptivas. Adiós familia. Adiós socios. Adiós amigos. Adiós empleados y dependientes. Ley de la selva. Del más fuerte. Del más “vivo” del más “abusado” del más “ladrón”.

Que feo suena. Se me eriza el alma y me duele el corazón al escribirlo. Integridad divino tesoro: ¿Te has ido para no volver? Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer… Capitales mal habidos. Riquezas desviadas. Provecho propio. Provecho propio. Y más provecho propio.

Las columnas y el cimiento para construir una sociedad justa y equitativa en la que alcance para auxiliar a los afligidos y edificar una sociedad responsable, trabajodara, y productiva yacen entre el hierro retorcido y chamuscado de los líderes de las arcas injustas, repletas de riqueza ajena y no ganada con el propio esfuerzo ni el sudor de la frente como manda la buena ley.

Y sin embargo, escapan fácilmente al tribunal humano. Entiendo hoy, que o no tienen conciencia, o la han perdido en el fragor de la insaciable ambición que les corroe.

“Es mejor un pobre honesto e íntegro que vive la vida en paz que vivir entre lujos y banquetes y con el alma atribulada. Pobres ricos y ricos pobres. ¿Será siempre así? No tengo respuesta. Solo veo resultados. Y desearía fervientemente que no fueran los que están a la vista.— Merida, Yucatán.

maica482003@yahoo.com.mx

Abogada y escritora.

 

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