El mito y la realidad policíacas

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

¿Quién en nuestra entidad puede negar la tortura en los cuerpos policíacos como táctica al detener a alguien y buscar la confesión? ¿Habrá algún yucateco que diga que eso es mentira, solo un mito creado por los ciudadanos?

Es más, creo que ni los propios policías municipales y estatales, ni tampoco los jefes de las corporaciones, podrían negarlo, aunque sería muy difícil que lo reconozcan en público.

La tortura es un mal que fue práctica frecuente de la policía en todo el país en los sesentas y setentas, pero que, lamentablemente, se mantuvo al correr de los años y aunque las técnicas fueron modificándose y los organismos policíacos y de seguridad son cautelosos, el mal sigue presente.

Sin embargo, las participaciones de los ciudadanos y los organismos civiles pusieron en alerta a la comunidad, y los organismos policíacos y de seguridad son ya más hábiles para cometer los abusos y la violación de los derechos, principalmente cuando las denuncias son ahora más frecuentes.

Lamentablemente la tortura y los abusos siguen, a pesar de los cursos de profesionalización, test de confiabilidad y demás técnicas para mejorar las acciones de los uniformados.

Recientemente, el Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia, en un foro realizado en Ciudad de México, presentó un documento titulado “La paz como mito: el insostenible modelo de seguridad pública de Yucatán”, en el cual analiza y reflexiona sobre la endeble seguridad, paz frágil y atropellos a los derechos humanos en nuestro Estado.

Y los ponentes al desglosar el documento fueron tajantes al señalar que: “Yucatán tiene un sistema de seguridad autoritario, que justifica la violación de derechos humanos para mantener una paz frágil”. Además, cuestionaron a la Secretaría de Seguridad Pública por las violaciones a los derechos humanos y por las detenciones arbitrarias y torturas que no se han atendido de manera suficiente, por tanto, subrayan, que “la SSP en Yucatán tiene un poder ilimitado”.

¿Y quién podría dudar de este documento, resultado de una recopilación y trabajo minucioso de investigadores y académicos locales, cuando hemos visto, leído, escuchado y palpado casos de abusos, violación a los derechos, torturase incluso varios casos de muerte después de ser detenidos por policías?

Hay ejemplos en la entidad de atropellos policíacos en donde la tortura estuvo presente, incluso con trágicos resultados. El caso del joven José Eduardo Ravelo Echevarría, muerto días después de ser detenido por policías municipales, es el más emblemático por los abusos cometidos desde su aprehensión, malos tratos al llevarlo a la corporación y , después, por las irregularidades, desinformación y ocultamientos durante las primeras investigaciones por el fallecimiento.

Bolita

Ambas policías y autoridades, municipales y estatales, se lanzaban la bolita que fue creciendo hasta no poder ocultar las irregularidades y abusos cometidos por los uniformados. Ante esta situación, la Fiscalía General de la Federación tomó en sus manos la investigación y, aunque no hay un veredicto final, se menciona que el joven falleció de neumonía. Y esto sorprende a la sociedad.

Por esas irregularidades, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos realizó una investigación paralela y recientemente hizo un llamado, independiente de la investigación de la FGR, para que la Fiscalía General del Estado y la Policía Municipal acaten las recomendaciones sugeridas en “pro de una cultura efectiva de respeto a los derechos humanos”.

Es decir, si la FGR no encontró irregularidades y abusos en su momento, la CNDH no descarta que puedan surgir nuevos elementos y pruebas que configuren los delitos por tortura, violación y otros abusos a los derechos humanos.

Pero hay más casos en la entidad de abusos policíacos y fallecimientos a manos de los uniformados que la sociedad ignora sobre el resultado de las investigaciones y las sanciones a los involucrados.

En el caso de la persona detenida en Progreso que murió en el interior de la patrulla no hay nada concreto a dos años del suceso. Y otros casos que las autoridades apuestan al olvido.

No siempre los cierres legales de casos de atropellos policíacos son apegados al derecho, justos y reales. En muchos momentos de nuestra justicia nacional y estatal se han dado ocultamientos, silencios y falsedades con resultados finales que buscan ocultar la tortura, la culpabilidad de los uniformados y la negligencia y complicidad de comandantes y jefes policíacos.

Escándalo

La renuncia del fiscal Wilberth Cetina Arjona estuvo envuelta en una serie de irregularidades en su momento sobre ocultamientos, complicidades y negligencias para favorecer atropellos, abusos y violaciones a los derechos humanos. ¿Y qué se ha investigado? ¿Qué sanciones hay a pesar de las pruebas que existen?

Ni escudo de protección, ni estado seguro. La tortura no es un mito, es una realidad. Las policías municipal y estatal en Yucatán necesitan oxígeno, sangre nueva. El anquilosamiento de personajes en el poder policíaco puede resultar contraproducente, dañino para la seguridad de los ciudadanos.

Este informe debe ser una alerta para las autoridades y analizar los puntos que señala el documento sobre la seguridad en el estado, sobre todo reflexionar en lo que sugiere el Colectivo: “Yucatán y Mérida están a buen tiempo de repensar el modelo de seguridad”. No estamos en un edén. La inseguridad, la tortura y los abusos policíacos son una realidad.— Mérida, Yucatán.

marpero53@ yahoo.com.mx

Profesor

 

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