El 21 de abril de 2017, López Obrador denunció en Twitter las viviendas de dos políticos norteños: “Las casas de los candidatos del PRI-PAN en Coahuila, Riquelme y Anaya, constituyen prueba plena, como dicen los abogados, de que son malandros”. En las dos fotos que adjuntó, no parece que esas casas tengan alberca de 23 metros ni cine privado, como la de su hijo José Ramón López Beltrán.

El 10 de noviembre de 2014, tras revelarse el escándalo de la Casa Blanca de Peña Nieto, AMLO tuiteó: “El asunto de la nueva casa de EPN huele a lavado de dinero. Es un delito que debe investigarse de oficio. Un motivo más para que renuncie”. Apenas hace cuatro meses, en la mañanera del 21 de septiembre de 2021, declaró: “El corrupto afecta a sus familiares. Antes a lo mejor no había conciencia de eso. Al contrario, las hijas, los hijos, los familiares, presumiendo autos de lujo, alhajas, viajes al extranjero, todo, y era normal, pues ahora no”.

Este jueves 27 de enero, el tuit que promovía su conferencia mañanera llevaba como título: “La austeridad no es un asunto administrativo, sino de principios”. Tenía un “Me gusta” de su hijo José Ramón.

Y la frase de este lunes 31 de enero, tropezando para justificar la mansión: “al parecer la señora tiene dinero”, haciendo como que no sabe, contrasta con sus propias palabras del 3 de septiembre de 2019: “este es un sistema político presidencialista: el Presidente se entera de todo”. O las de unas semanas después, el 21 de octubre de ese año: “no es de que hacen las cosas y yo no me entero… el presidente de México tiene información y sabe muy bien lo que está sucediendo”.

Estas son cinco estampas de las redes sociales que ya no son “benditas” para el presidente de México. Cinco estampas como hubo cientos, en un alud de críticas a López Obrador, después de la revelación de las casas a todo lujo en las que vive su hijo en Houston. El Presidente no deja de insultar y calumniar. A juzgar por su virulenta reacción, parecería que su armadura de teflón ha sido penetrada.

¿Será que las imágenes de los lujos de su hijo han indignado a sectores de la sociedad que habían permanecido impermeables al cúmulo de abusos, arbitrariedades y hasta delitos del Presidente y su equipo, que se han venido denunciando en estos tres años?

¿Será la derrota del discurso de la austeridad? Porque para López Obrador éste no era solo un tema de gestión de recursos públicos, era una instrucción de cómo había que vivir para no ser considerado corrupto. “La austeridad no solo como forma de gobierno, sino como forma de vida”, proponía adoptar. ¿Será que de ahora en adelante, cada que hable de austeridad, fustigue a las clases medias y criminalice las aspiraciones de una vida mejor, el nombre José Ramón brotará naturalmente, así como el nombre Pío surge orgánicamente cada que habla de corrupción?

El Presidente está enfurecido: sus dos banderas están roídas. Corrupción y austeridad. La familia demostró que es un discurso hipócrita.— Ciudad de México

Periodista

 

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