Porque el supuesto conflicto de interés no está probado y porque debe prevalecer la presunción de inocencia, José Ramón López Beltrán no es —hasta ahora— responsable de ningún delito ni infracción a ley alguna por la casa rentada en Texas.
Incluso, una auditoría interna y externa de McConnell Group en Baker Hugues (uno de cuyos ejecutivos es el propietario de la casa en cuestión) acreditó que en el arrendamiento y en los contratos de esa empresa con Pemex no ha habido conflicto de interés alguno.
Sin embargo, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, que debe considerarse como parte de la oposición política mexicana, y el portal Latinus se anotaron un hit contra el presidente Andrés Manuel López Obrador, al publicar el reportaje sobre la casa rentada en Texas por López Beltrán y su esposa Carolyn Adams, pieza informativa irónicamente potenciada por el propio mandatario.
El episodio invita a preguntarse si el financiamiento de agencias gubernamentales de Estados Unidos a ciertas organizaciones mexicanas debe verse como un apoyo a la transparencia o como la intromisión de EE.UU. en asuntos que competen sólo a los mexicanos. En el caso de MCCI, ha hecho aportaciones a la lucha contra la corrupción, como en el caso de la Estafa Maestra (junto con Animal Político), si bien la información que nutrió a éste fue desentrañado originalmente por el equipo que dirigió, en la Auditoría Superior de la Federación, Muna Dora Buchahin cuando Juan Manuel Portal encabezó la ASF.
Pese a la falta de pruebas concluyentes y con base en inferencias y malquerencias, para una parte de la sociedad mexicana el hijo de AMLO es culpable de tráfico de influencias y conflicto de interés y, si hubiera resultados de exoneración al concluir la investigación que ha iniciado la FGR, muy probablemente se interpretará como encubrimiento.
Esta interpretación se alimentaría, además de malquerencias, de la percepción nacida de múltiples actos de corrupción de gobiernos anteriores y que hace difícil aceptar que algunos señalados de conductas anómalas son inocentes.
Sembrar esa percepción es lo que buscaban quienes deseaban, no combatir la corrupción como algunos incautos podrían suponer, sino golpear al todavía popular mandatario en un tema que es bandera de su gobierno.
Por su parte, a pesar de que no están probadas las infracciones que se les atribuyen, José Ramón y Carolyn se han visto obligados a probar su inocencia. Tal es el precio que deben pagar por el hecho de ser personas “políticamente expuestas” al tener nexos familiares con el Presidente de México.
Al difundir diversos documentos en su defensa, Carolyn y José Ramón han expresado que se les expuso “de manera cruel y perversa” y se reservan el derecho de iniciar “acciones legales contra todos los responsables de esta difamación calumniosa a todas luces, hecha con dolo”.
El Presidente recomendó a la pareja defenderse, pero no iniciar una denuncia. No obstante, una eventual acción legal está en el derecho del matrimonio López-Adams y no sólo con el ánimo de castigar a quienes los han difamado, sino porque una eventual disculpa pública —si procediera— ayudaría a reafirmar su inocencia.
Al impacto mediático que ha tenido el “affaire” del arrendamiento en Texas contribuyó eficazmente el presidente López Obrador, cuando reaccionó con dureza no sólo contra los autores del reportaje, sino contra quienes decidieron retomarlo.
En mala hora, el Presidente decidió exhibir supuestos ingresos del periodista Carlos Loret de Mola Álvarez (Latinus) y al hacerlo incurrió en una clara violación a las disposiciones constitucionales y legales que protegen los datos personales.
Al atacar a periodistas y medios, el mandatario multiplicó la difusión del caso texano y generó fuertes reacciones de rechazo a sus ataques, en particular porque sus invectivas se produjeron en un marco de recientes muertes de varios periodistas.
En el ánimo presidencial sigue faltando la empatía con esas dolorosas muertes que conturban e indignan a los informadores y no sólo a ellos. Si AMLO no hubiera reaccionado de manera virulenta, es posible que el “affaire” no hubiera sido tal, pero su virulencia magnificó el eco de lo que era un asunto de aparente fragilidad… Y lo que pudo ser un foul se convirtió en hit.— Ciudad de México.
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@EduardoRHuchim
Periodista
