“Abre tu corazón y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos acaban convertidos en piedra” —Penélope Stokes
Los seres humanos anhelan relaciones honestas, sanas y satisfactorias con las personas de su vida; desean conectar y sentirse unidos a las personas que aman. Se trate de la pareja, los hijos, los padres o un amigo.
¿Cuál es la clave para tener relaciones con estas características? ¿Cómo se conecta en profundidad con otros?
Después de dedicarle tiempo y reflexión a estas preguntas, encuentro que una de las claves más importantes es la autenticidad. La razón es porque la autenticidad tiene atributos que contribuyen a crear relaciones sinceras, gratificantes, amorosas.
Una persona auténtica sabe compartir sus sentimientos y pensamientos más íntimos, habla de sus desafíos y reconoce lo que aporta a sus relaciones. Ha aprendido a conocerse lo suficiente como para expresar sus necesidades con asertividad, y no las confunde con demandas irracionales.
Una persona auténtica es valiente y responsable de sí misma. Sabe que en todas las relaciones existe el riesgo al rechazo o al abandono —por decir lo menos—, pero privilegia mostrarse tal y como es, consciente de su vulnerabilidad.
La persona auténtica reconoce su fragilidad y sus miedos, y entiende su bienestar y su felicidad como algo que surge de ella misma y no de lo que está afuera. No espera que ninguna persona se ocupe de sanar sus heridas, la rescate de su infelicidad o se haga cargo de su bienestar.
Pienso que aunque muchos queremos conectar en profundidad con las personas que amamos, a veces no lo logramos porque no nos relacionamos desde la totalidad de nuestro ser. Hacer esto significa correr el riesgo de mostrarnos tal y como somos, y compartir esos aspectos de nosotros que preferiríamos ocultar por miedo a no ser aceptados.
La mayoría de nosotros tenemos el deseo legítimo de gustar y de sentirnos amados, y quisiéramos confiar en que somos dignos de esto a pesar de nuestras imperfecciones; pero sucede que en el proceso de develar nuestro ser no hay garantías de nada. Es posible que lo que el otro descubra de ti no sea lo que esperaba.
Los seres humanos tememos a esto todo el tiempo. Tenemos miedo a no ser suficientes o adecuados, y huyendo de esa posibilidad, no damos más que fragmentos de nosotros; a ratos, a veces, a medias. Pero cuando entendemos que nunca se falla por ser, entonces, y solo entonces, empezamos a acariciar la idea de la entrega total.
A algunos nos lleva mucho tiempo comprender que, con todo lo que implica, una de las aventuras que da mayor sentido a la vida es encontrar el coraje y la libertad de ser auténticos. Se corre el riesgo de sufrir el rechazo, pero también, la dicha suprema de ser amado por lo que uno es.— Mérida, Yucatán.
gabrielasoberanismadrid@gmail.com
Consultor empresarial, coach profesional y escritora
