—Don Polo —exclamó Ángel Trinidad al entrar en el café del norte donde su amigo leía el Diario—, ¿está usted de acuerdo en que a Andrés Manuel López Obrador, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, se le revoque el mandato por pérdida de la confianza o siga en la Presidencia de la República hasta que termine su período?
—¡Vaya manera de saludar! ¿Qué te he hecho para que me preguntes eso?
—Tiene dos opciones: que se le revoque el mandato por pérdida de la confianza o que siga en la Presidencia.
—Aprendiste de memoria la pregunta y las opciones —respondió don Polo Ricalde y Tejero mientras agradecía al mesero por el expreso cortado.
—Al dedillo. Por qué opción votará: ¿que se le revoque o que siga?
—¿Y qué hay de la opción de no votar? —preguntó.
—Oiga, eso sería antidemocrático.
—¡Un momento! En una democracia es tan democrático votar como abstenerse de hacerlo. Se puede ejercer el soberano derecho de simplemente no salir a votar.
—Pero hay muchas razones para hacerlo.
—¿Cómo cuáles?
—Por ejemplo, por primera vez se nos pregunta si queremos que siga el presidente. Otras dos razones son porque simplemente queremos que siga o que no —adujo Ángel Trinidad.
—Válidas todas —respondió don Polo—. De hecho, tengo más: porque hay presiones oficiales, porque habrá acarreo, porque a aquellos dirigentes y gobernantes que no cumplan la cuota les caerá la ira de su amo, porque darán torta y juguito…
—Oiga, esas no son razones democráticas.
—No, pero son razones válidas. Para muchos, una torta y un jugo son un motivo válido para ir a votar. Para quienes pondrán en juego su trabajo y su futuro si no cumplen cuotas, también. Para aquellos amenazados con perder apoyos sociales si no votan, es la razón más válida de todas.
—Usted todo lo ve en forma negativa.
—Para nada. Te doy razones válidas para votar mañana. Válidas según los intereses de cada quien —subrayó—. Ahora te daré algunas que pienso son también válidas para no votar.
—Le escucho.
—La primera es porque no es un ejercicio democrático demandado por la ciudadanía, sino por el mismo objeto de la evaluación, es decir el presidente. ¿Con qué fines lo hace? Hay demasiadas hipótesis. En las próximas semanas y meses la verdad asomará las narices… pero no estaría mal que gobernadores y alcaldes pongan sus barbas a remojar.
—Otra razón para no votar —continuó— es que sus simpatizantes violan flagrantemente la ley llamando a votar a favor de su pastor el domingo y desvirtúan deliberadamente el objeto del ejercicio, de revocación a ratificación. Y no son lidercillos de poca monta: son gobernadores y secretarios, en un desmedido afán por mostrar músculo.
—Y, finalmente, la razón más válida—don Polo tomó aire—: porque no quiero salir a votar.
—Se va al puerto…
—No. Pero ganas no me faltan. Para muchos esa puede ser una razón válida para no sufragar. Las vacaciones de Semana Santa ya arrancaron y muchísima gente está pensando en viajar a la playa o a donde sea, o quizás ya se fueron. ¿Acaso crees que van a retrasar sus vacaciones por ir a votar?
—Difícilmente. Dígame, por qué no quiere salir a votar.
—Porque cuando un ejercicio de evaluación a un dirigente lo promueve él mismo, porque cuando los más interesados en que se le evalúe son sus propias huestes, porque cuando se destinan ingentes cantidades de dinero para preguntar a la ciudadanía si está de acuerdo con revocarle el mandato a aquel por el que votaron para dejar el cargo en 2024 y no antes, y porque cuando no están claros los motivos por los que hacen todo eso, significa que algo está podrido en Dinamarca.
—¿En Dinamarca?
—Es Hamlet. Votar o no votar, he ahí el dilema.
—Pues yo sí iré a votar. Ejerceré mi derecho democrático. Y votaré por la opción de…
—¡No me lo digas! No tengo por qué saberlo ni me importa. A los promotores del ejercicio tampoco, sino que salgan a votar. De cuál opción ganará ya todos lo sabemos; ya se encargaron de eso. Lo que buscan es hacer vinculatorio el ejercicio.
—¿Cómo lo lograrán?
—Haciendo que vote el 40% del padrón, 38 millones de ciudadanos, ya que el padrón es de 95.
—AMLO ganó con 30 en el 2018, si no mal recuerdo. Veo difícil que se alcancen los 38 —exclamó Ángel Trinidad.
—No creas. Es un juego de sumas y restas. A los 30 millones del 2018 réstales los desencantados, que no son pocos. De éstos, no todos dejarán de votar: algunos lo harán por la opción de la revocación. Este es el factor en contra. A favor tienen mucho. Ten en cuenta que en 2018 no eran gobierno, no controlaban a tantos burócratas ni los programas sociales, como ahora. Solo de programas sociales, considera a los jóvenes y a los mayores de 60 años. Según el INE, más de 17 millones de la lista nominal son personas de 60 y más años, y más de 26 millones son jóvenes de 18 a 29. De éstos, muchísimos ya saben que si no cumplen con su voto…
—…la nación se los demandará.
—No la nación, pero sí los autonombrados siervos de la nación.— Mérida, Yucatán.
olegario.moguel@megamedia.com.mx
@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
