En artículos anteriores he comentado la importancia que tiene el permitirles a los niños administrar su dinero. La recomendación es entregarles una cantidad mensual moderada como mesada, y que ellos se encarguen de presupuestar sus gastos y de llevar un control de ellos.
Hoy quiero compartirles una anécdota que me ocurrió recientemente con uno de mis hijos.
Como cada inicio de mes, le entregué a mis hijos su mesada. Mi hijo de 9 años, que es muy ordenado planeando sus gastos y llevando un control de ellos, al recibir su dinero, se dispuso a hacer su presupuesto y de repente me expresó consternado: “Mamá, ¡Estoy muy preocupado por la inflación!”
Le pregunté por qué le preocupaba la inflación. Me explicó que en su presupuesto estaba comprar unas galletas que costaban $10, pero que ahora por la inflación esas mismas galletas costaban $12, y por lo tanto ya no le iba a alcanzar para comprar lo mismo que el mes pasado. Entonces exclamó: “¡La inflación está terrible!”
Tratando de ver cómo arreglaba su problema, me preguntó si le podía aumentar la mesada, a lo que le contesté que no, que el aumento de su mesada sería hasta enero del 2023. Le expliqué que en el caso de las personas adultas que reciben un sueldo, solamente tenían un incremento en su sueldo una vez al año, y que, en momentos complicados de inflación como estos, muchísimas familias estaban batallando para poder comprar incluso los productos básicos.
Al día siguiente, al regresar de la escuela, le pregunté qué había pasado, sí había comprado sus galletas. Me dijo que sí, que había llegado a un acuerdo con su hermano para comprar las galletas esta semana para compartirlas con él, y a la siguiente semana, su hermano compraría las galletas y las compartirían otra vez.
Además, me dijo que estaba ideando un plan para organizarse con sus compañeros para que nadie comprara esas galletas, a ver si así bajaba la demanda y podía crear deflación en su escuela. Tratando de no reírme, le expliqué que no podía crear deflación sólo con su escuela, porque tanto la inflación como la deflación son eventos macroeconómicos.
Después de la explicación me dijo: “Ya lo entendí mamá, o consumo menos o tengo que hacer algo más para tener más dinero. Entre los impuestos y la inflación no sé dónde voy a parar”.
En el caso de los impuestos, me acuerdo bien del primer momento en que se dio cuenta de que pagaba impuestos. Ocurrió el día que decidió comprarse un antojo en el súper, y al recibir su ticket, leyó que le habían cobrado IVA. Me miró y me dijo: “mamá creo que me cobraron de más, hay algo aquí llamado IVA”. Le expliqué que se trataba de un impuesto. Me hizo varias preguntas sobre los impuestos, como porqué los cobraban, en qué casos se cobraban, quién manejaba ese dinero, etc. Ahora tiene una afición especial por leer los tickets para saber cuánto de impuestos le cobran a él, o a nosotros cada vez que compramos, y hasta se queja de que no ve reflejado sus impuestos en los servicios públicos como los parques.
Yo los invito como papás a hacer a sus hijos responsables de la administración de su dinero. Verán que es una oportunidad para obtener grandes aprendizajes. Denles una cantidad moderada de dinero mensual que tengan que administrar lo mejor posible para que les alcance. Si se acaban su mesada no salgan al rescate. Dejen que el niño experimente quedarse sin dinero y darse cuenta de lo importante que es hacer un presupuesto, y apegarse a él.
De los mayores errores que podemos cometer como papás es convertirnos en cajeros para nuestros hijos. La sobreprotección, el darles todo lo que pidan, el tratar de dejarlos fuera de las dificultades por las que atravesamos como familia, lejos de hacerles bien, solo los dejará desprotegidos ante las adversidades que les tocará vivir.— Mérida, Yucatán.
marisol.cen@kookayfinanzas.com
@kookayfinanzas
Profesora Universitaria y Consultora Financiera
