A Teodosia Canché, In Memoriam

A la jovial y risueña campesina del pueblo, cuando le preguntan en qué trabaja, enseguida responde: “No trabajo, soy ama de casa”.

Pero en su humilde hogar es la primera en levantarse y la última en acostarse.

Veamos un sólo día actividades: temprano jala agua de pozo y llena sus cubetas, da de desayunar a su numerosa familia y alimenta a los animales domésticos; viste a los niños y los lleva a la escuela, luego va al molino de granos y al mercadito; cocina sabrosos platillos a base de productos de la milpa; cerca del fogón, hace tortillas a mano.

A mediodía, presurosa da de comer al marido —mucho más— cuando llega de “tragos”. Lava ropa en rústica batea mientras tararea una jarana.

Ya en la tarde, saca tiempo para zurcir ropa y tejer hilo contado, prepara la modesta cena, donde no pueden faltar, el café de olla y las galletas de animalitos; luego, espera hasta que llegue a su hogar el último de sus hijos.

Así siempre. Hasta que el buen Dios y la salud se lo permitan.

…Y todavía así, esta ama de casa, dice que no trabaja.

¡Mis respetos y admiración a la mujer campesina maya!— Ixil, Yucatán.

(*) Escritor.

 

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