“Reconciliarse con uno mismo es la tarea más difícil que nos espera en la vida, reconciliarse consigo es reconciliarse con la propia historia vital, pero allá en el fondo, en secreto, nos rebelamos profundamente contra la vida tal como es, contra nosotros y con nuestra forma de ser. Nos gustaría ser de otro modo, tener otras cualidades. Desearíamos tener otros amigos, otra profesión. Querríamos que todo el mundo nos quisiera”, Anselm Grüm “Portarse bien con uno mismo” (pág. 84)

Durante toda mi vida he buscado la plenitud, he tratado estar feliz con lo que tengo y sin compararme con los demás. He aprendido a no ser tan duro, a no juzgarme severamente, aunque esto último esté en mi naturaleza. Ciertamente he aprendido a portarme bien conmigo mismo, pero al mismo tiempo he comenzado a percibir cómo en muchas ocasiones no nos portamos bien para con los demás.

A veces nuestra manera de ver las cosas no nos permite respetar la individualidad de otros. Tratamos de moldear a quienes nos rodean a como creemos que deberían ser. Es por eso que muchos en su afán de lograrlo recurren a distintas formas de manipulación.

Jean-Paul Sartre identifica dos de los métodos más eficientes para lograrlo; el sadismo y el masoquismo. El sadismo consiste en emplear la violencia física para inducir miedo a la otra persona y que esta actúe como nosotros queremos. El masoquismo por otro lado se trata sobre victimizarse y utilizar el chantaje emocional con el fin de controlar, ejemplo: una pareja discute y termina por un desacuerdo. Uno de ellos se va de la casa y en el camino recibe la noticia de que su ahora expareja está en el hospital (producto de un intento de suicidio), a partir de entonces él o ella regresará por lástima cada vez que surja la misma situación. El chantaje funcionó.

Me queda bastante claro que tanto el sadismo como el masoquismo son dos métodos de dominio que jamás deberían emplearse.

Pero también existen formas de control más sutiles, de hecho, muchos de nosotros hemos sido manipulados sin darnos cuenta en muchas ocasiones.

En la escuela

Cuantas veces en la escuela o en nuestro lugar de trabajo quisimos hacer lo que otros hacían, ¡cuántas veces cambiamos para ser aceptados! No había de otra, o hacías lo que te decían o te enfrentabas al rechazo grupal y, en ese punto, muchos de nosotros cedimos por miedo a la soledad. Por ejemplo, recuerdo que en mi juventud solía utilizar una camisa que me encantaba, era mi favorita. Sin embargo, algunos de mis compañeros comenzaron a señalarme diciendo que mi camisa era horrible. Desde ese momento jamás me la pude volver poner, toda una lástima.

Hoy tampoco se respeta a quienes tratan de ser genuinos. Como consecuencia muchos dejamos de ser como quisiéramos para ser como los demás quieren que seamos y, poco a poco, nos convertimos en una caricatura de nosotros mismos.

Es importante portarse bien con uno mismo ciertamente, pero también es importante que aprendamos a portarnos bien con los demás, dejar que cada quien busque su propio camino en vez de juzgar y condenar, solo así seremos mejores.— Mérida, Yucatán

leconser@yahoo.com

Exdiputado y expresidente del Congreso del Estado

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