Al terminar el año, nuestro balance arroja un avance sustantivo de las fuerzas que impulsan las transformaciones políticas, económicas y sociales del país.

Quienes tuvieron el poder presidencial en sus manos, es decir, el Prian, no pudieron en el larguísimo lapso de su dominio mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías pues querían hacerlo sin tocar los privilegios de las élites políticas y económicas a cuyo servicio estaban y siguen estando.

Neciamente, sostenían que bastaba con que se enriquecieran unos pocos, los de arriba para que, automáticamente, los de abajo se beneficiaran también. Si llueve arriba, decían, también se mojarán los de abajo gracias a las gotas que escurran. Y así siguieron hasta que fueron expulsados del poder.

Aquello que pregonaban de que la riqueza se distribuiría por sí sola, jamás ocurrió porque la riqueza no es contagiosa. O se cran los mecanismos de distribución para hacer más justo su reparto o se concentra en pocas manos.

Una mejor distribución de la riqueza ocurre cuando la sociedad adquiere la conciencia de esa necesidad y obliga a quienes gobiernan a hacer la modificación, o los releva.

Pasaron muchos años durante los cuales la oligarquía y sus testaferros mantuvieron el sistema y no fue hasta que la sociedad adquirió el grado de conciencia que obligaba al cambio, que éste se produjo. Esto ocurrió en 2018, cuando el pueblo enfrentó y derrotó de manera contundente a las camarillas que habían gobernado durante décadas al país.

Tuvo que llegar a la presidencia una fuerza política diametralmente diferente —formada desde abajo— a la que gobernaba, para que comenzara a producirse la transformación que durante décadas anhelaron los sectores del pueblo que veían cómo sexenio tras sexenio, se frustraban sus esperanzas; esta fuerza trabajó mucho antes de convertirse en mayoritaria y estar en condiciones de disputar a la que dominaba la conducción del país.

Hace 8 años, el 9 de julio de 2014 le fue concedido su registro como partido, al que puso Morena, y en las elecciones de 2015, un año después, obtuvo sus primeros triunfos.

En el corto lapso de 4 años, desde su fundación hasta que, con su candidato Andrés Manuel López Obrador, conquistó la presidencia del país, el 1 julio de 2018, creció exponencialmente y lo ha seguido haciendo sin parar.

En estos momentos gobierna ya en 20 entidades y en otras 2 lo hace con algún partido aliado. Algunos políticos lo quieren comparar con el PRI por su crecimiento masivo, para desprestigiarlo; se olvidan que el PRI fue creado por decreto, desde el poder presidencial por Plutarco Elías Calles; por la vía más antidemocrática que puede haber: los trabajadores de los sindicatos eran obligados, so riesgo de perder el empleo, a pertenecer a él.

Morena, en cambio, con todos sus defectos, es una organización creada desde abajo, fruto de años de recorrido a ras de tierra por los más de 2 mil municipios que tiene el país, de un pequeño grupo de organizadores encabezados por el actual presidente, López Obrador. Y a él se ingresa por voluntad.

Como es un gobierno diferente a los que lo antecedieron cuyo objetivo central es mejorar las condiciones de vida de todos los mexicanos, pero particularmente de los más vulnerables, es víctima de los ataques de quienes practicaron la política contraria de favorecer a unos cuantos porque observan cómo se alejan las posibilidades de su retorno al poder y eso los desespera. Por eso mienten y difaman a quien, con lo que hace, garantiza que no regresarán.

Al término del año, el gobierno de la 4T ha logrado que mejoren las condiciones de vida de las grandes mayorías no sólo por sus programas sociales sino por las grandes obras que ha desarrollado a lo largo y ancho del país.

Lo anterior a pesar de estar gobernando en condiciones sumamente difíciles, muy distintas de las que tuvieron sus antecesores que les permitieron irse del gobierno con los bolsillos retacados del dinero que se robaron.

Por primera vez en la historia de nuestro país, los recursos del presupuesto no van a engrosar las cuentas bancarias de los altos servidores públicos sino a la construcción de obras; la creación de escuelas y universidades; la inversión en un sistema nacional de salud que va avanzando; el bienestar de millones de adultos mayores; la atención a personas con discapacidad; las becas para millones de estudiantes de todos los niveles.

Por primera vez, también, en décadas no ha habido crisis económica en nuestro país motivada por la depredación del presupuesto consistente en que mientras por un lado los grandes contribuyentes recibían graciosas “condonaciones” o devoluciones de impuestos y los servidores públicos se asignaban salarios y prestaciones ofensivos (hoy los únicos sangrantes del presupuesto son los funcionarios del INE y sus imitadores en el Poder Judicial y en organismos autónomos creados para dar chamba a amigos); al contrario, nuestra economía está más fuerte que nunca y en condiciones de afrontar cualquier reto.

Pese a la pandemia, pese a la guerra en Europa, pese a la inflación desatada en todo el mundo; pese a la guerra sucia de los adversarios de la 4T México avanza. Nunca en la historia reciente del país la moneda mexicana había estado más fuerte, tanto, que en lugar de devaluarse se ha revaluado; jamás en un sexenio el gobierno del país había transitado sin pedir préstamos; jamás se habían hecho tantas obras como ahora; jamás el salario mínimo había duplicado su valor adquisitivo en beneficio de millones de trabajadores.

Es natural, entonces que, no obstante las calumnias, como la de atribuir al presidente —que no hace más que defenderse de los diarios ataques que recibe— el origen del ataque armado a un periodista, el gobierno de AMLO goce del apoyo de la inmensa mayoría de los mexicanos y éste siga creciendo.

Pese a la bilis que derraman los coros bien aceitados de denostadores porque por más que hacen no logran que este gobierno abata sus banderas, el país sigue y seguirá avanzando. En un país democrático son las mayorías las que determinan el rumbo no los intereses creados de minorías privilegiadas.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

 

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