En las inolvidables e instructivas tertulias organizadas por el finado doctor Herberto Méndez Cetina, era tema predominante la vida y obras de su familiar, el galardonado poeta Ricardo López Méndez, conocido como: El Vate.
Explicaba el apreciado galeno gastroenterólogo y escritor que el título de El Vate, de su admirado tío, le fue conferido por el también reconocido literato yucateco Eligio Ancona Castillo, y que su significado es: Poeta que vaticina el devenir y canta la memoria de su pueblo.
López Méndez disfrutó, a lo largo de su fructífera carrera literaria, este título a partir de su obra más conocida, El Credo, donde el poeta capta con gran intensidad y cercanía el sentimiento de su patria.
Obra clave
Publicada en 1940, la obra, también conocida como “México creo en tí”, fue la que despertó el reconocimiento regional hacia el poeta yucateco, oriundo de Izamal, donde nació el 7 de febrero de 1903.
El hijo de Juán López Pacheco y de Francisca López Palma contrajo nupcias en 1938 con Ella Gerth y tiempo después, al enviudar, con Ligia Maldonado Ponce.
A través de su existencia se desempeñó como escritor, periodista en Diario de Yucatán, y otros medios de comunicación, locutor (en la XEW), publicista e incluso incursionó en el Séptimo Arte en calidad de guionista y actor.
En el campo musical, su poema Languidece una estrellita ( 1925) se convirtió en canción con los mágicos acordes de ese otro inmortal artista yucateco que era el tekaxeño Ricardo Palmerín.
Internacional
A partir de entonces, para López Méndez, el gran camino de la internacionalización se abría, al ser interpretados sus poemas por los mejores compositores de entonces y en las voces de grandes cantantes, con melodías como Nunca, Golondrina Viajera, Quisiera, entre otras.
Con la interpretación de Guty Cárdenas, otro gigante de la trova clásica yucateca, recorrerían los cinco continentes hasta nuestros días, en voz de tenores de la altura de Plácido Domingo.
Se considera un número cercano a los ciento cincuenta poemas de El Vate que han sido musicalizados por compositores como Ignacio Fernández Esperón (Tata Nacho), cuya interpretación de Primaveral por Ernestina Garfias dejó profunda huella en el público, del Palacio de Bellas Artes.
Alfonso Esparza Oteo, con el vals Intimo Secreto; Mario Talavera con Amar en silencio, Gabriel Ruíz Galindo musicalizó treinta y ocho de sus poemas , entre ellos Amor amor y Desesperadamente. Gonzalo Curiel, Tu Partida, y por si fuera poco, Agustín Lara le musicalizó Puerto Nuevo y Callecita.
De su vasta producción poética no musicalizada recordamos también: Voz en la piedra (1940) con dedicatoria a Yucatán, con motivo del Cuarto Centenario de la fundación de Mérida.
En relación con El Credo, Alfonso Reyes plasmó estas palabras: “La voz de López Méndez se convierte en voz de su pueblo y ejerce así su más alta función”.
La voz de Ricardo López Méndez y sus ojos se cerraron por última vez el 28 de diciembre de 1989, en la florida ciudad morelense de Cuernavaca, conocida como la de la Eterna Primavera.— Mérida, Yucatán.
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Arquitecto, escritor e historiador yucateco
