“La pandemia nos ha enseñado que las soluciones nacionales a los problemas globales no funcionan”. Mia Amor Mottley, Primera Ministra de Barbados.

La pandemia no puede aún darse por terminada. Se sigue aconsejando el cubrebocas para evitar el riesgo de contagio en lugares cerrados o con mucha gente, más la dosis de refuerzo para quien pueda recibirla. Aún hay personas que no se han puesto la tercera dosis. Pero, la evidencia está ahí. En estas cuatro semanas más de 918,000 nuevos casos de Covid en América alertaron a la Organización Panamericana de la Salud (OPS). “Sólo 14 de 51 países han alcanzado el objetivo de vacunar a más del 70% de su población”. La inmunidad de la vacuna está disminuyendo advierte Anthony Fauci primer epidemiólogo del gobierno de Estados Unidos; su país acaba de superar el millón de muertos por Covid, la cifra más alta del mundo.

Dado que el virus no va a desaparecer pronto, los países deben reforzar las pruebas y la vigilancia, y asegurar que las vacunas lleguen a donde más se necesitan, afirma el microbiólogo Profesor Enrico Lavezzo quien explica que el hallazgo más importante de su estudio fue la propagación silenciosa del virus. Este es el gran problema para contener una enfermedad tan infecciosa. Durante un periodo de menor transmisión, muchos países han abandonado el uso de mascarillas y el distanciamiento social. Es Carissa F. Etienne, directora de la OPS quien exhorta a prepararse para una posible ola de nuevos pacientes. “Debemos mantener los ojos puestos en el virus”, afirma.

El sur de África se enfrenta a un incremento de casos de Covid-19 por tercera semana consecutiva. La principal causa de la ola actual es la variante ómicron y la relajación de las medidas sanitarias y sociales. Shanghai, Pekín, Corea del Norte… “El actual repunte de casos es una señal de alerta temprana que estamos vigilando de cerca. Es ahora cuando los países se tienen que preparar para vencer esta pandemia. La complacencia tiene un alto precio”. dijo Abdou Salam Gueye, director de Preparación y Respuesta ante Emergencias de la Oficina Regional para África de la OMS.

Los desafíos que se pre sentan en 2022 por la pandemia son la posibilidad de un rebrote al que hay que añadir la invasión a Ucrania con todas las consecuencias económicas internacionales a las que nos enfrenta, y que nos convierten en vulnerables e interdependientes. Se dibuja un claro escenario de fractura. Son las transiciones las que complican todo. Aún somos incapaces de llevarlas al cabo en forma incluyente, con liderazgo de carácter universal. La era digital, el cambio climático, la vida laboral. Tenemos to dos los diagnósticos y datos duros. Mas la incapacidad de realizarlos uniformemente a nivel global, es un hecho incontrovertible. De los costos posibles y los niveles del riesgo social palpable, para trascender en este reto, ¿quién saldrá a la palestra para enar bolar la bandera del verdadero cambio?

El estupor inicial se alivió algo con la pronta aplicación de las vacunas hechas en tiempo brevísimo. La pandemia solo avivó conflictos que ya existían en países sumidos en estructuras deplorables en lo social, lo económico y lo emocional, acelerando su deterioro. El Banco Mundial informó que el 82% de los 72 millones de nuevos pobres que se añadían a los pobres existentes, ahora eran citadinos, y con más educación que los pobres de clase baja acostumbrados a vivir así.

Salud mental, educación, mortalidad infantil han convertido a niños y adolescentes en las víctimas invisibles y silenciosas de la pandemia. Añadamos la desigualdad en educación y genero, la escasez de ingresos y el desafío se convierte en ENORME si no queremos encarcelar a las generaciones futuras en el circulo de los mas desamparados. La ONU advertía sobre la catástrofe generacional con el obligado y necesario cierre de las escuelas. Ahora, ya han vuelto a abrir. Pero, aún antes de la pandemia, millones de niños carecían de educación de calidad, porque no tenían internet. La insalvable brecha digital.

Sin embargo, sería absurdo cerrarnos a la esperanza de la recuperación económica y social, aunque sea de manera lenta y rodeada de escollos. Las desigualdades siguen siendo insostenibles “ad náuseam”. Solo invirtiendo en el aprendizaje y formación digital de niños y jóvenes podremos desbloquear los muros que rodean el desarrollo humano y el crecimiento de los países pobres. Antonio Guterrez me permite cerrar con palabras de aliento y confianza con su participación en la junta de Unicef. Las organizaciones participantes “se comprometieron a llegar a 3,500 millones de niños y jóvenes con una educación de calidad, incluidas soluciones digitales, para 2030”. Así sea y Dios lo permita.— Mérida

Abogada y escritora

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