Este es un tema que me mantiene en vilo todo el tiempo. Me obsesiona y me duele hasta el alma porque parece que no hallaremos jamás “la cuadratura al círculo” para darle solución.
Me obliga a escribir y repetirlo con sus salvajes variantes cada vez que me refiero a él. Porque el gobierno no ejerce su deber ni fuerza como tal para detenerla. A la violencia en el país.
Hasta la Arquidiócesis de México ha sentido la urgente necesidad de manifestarse. Habla del motín en el penal de Ciudad Juarez (17 muertos) el 1 de enero y la detención de Ovidio Guzmán López, hijo del “Chapo” Guzmán. “Los dos acontecimientos nos han mostrado un evidente control que ejerce la delincuencia en las cárceles… y el dominio de territorios enteros en manos del crimen organizado”, dijo en el semanario “Desde la Fe”. La evidencia es clara.
Es obvio que la estrategia de seguridad del gobierno mexicano está haciendo agua por todos lados. Se han rebasado todos los límites posibles. A los criminales los apoya y sostiene la absoluta impunidad de la que gozan. Y en efecto, “¡la violencia sigue manchando de sangre la historia de nuestro querido país!”
La detención de Ovidio Guzmán, hijo del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, demostró el poder y la fuerza enorme de los delincuentes. Estado fallido. Ciudadanos secuestrados en pánico en sus propios hogares por el imperio del crimen. Culiacán sitiado. La descomposición social es ostentosa y evidente. Hemos rebasado ya mil homicidios.
Solo pasaron los primeros 13 días del nuevo año 23 y ya podíamos contar más de 1,000 asesinatos. Un promedio de 77.15 por día. Los mayores casos delictivos se concentran en Guanajuato, Estado de México, Chihuahua, Michoacán, Baja California y Jalisco.
Copados por el crimen organizado, ¿tendremos que utilizar pronto el impronunciable nombre de narco estados? Guanajuato sigue siendo la entidad más peligrosa con 101 asesinatos (del 1 al 13/2023).
No podemos pasar por alto que la violencia político-electoral aumentó más de 174% en México previo a elecciones de 2023 tanto en Edomex como en Coahuila. “Votar entre balas”, de acuerdo a Data Cívica, “la violencia electoral se ha convertido en una herramienta del crimen organizado para influenciar la vida pública de estados y municipios”.
Si esta afirmación sobre violencia criminal-electoral no nos causa horror a los ciudadanos de bien que amamos a México por lo que está sucediendo, ya nada lo causará.
Este es un dato que tomé de internet y que me pareció muy a propósito para citar: Partidos políticos con mayor cantidad de asesinatos desde 2018: Morena, 145. PRI, 106. PAN, 102. PRD, 60. Movimiento Ciudadano, 38.
La violencia de acuerdo con el diccionario es el “uso intencional de la fuerza física o el poder real o como amenaza contra uno mismo, una persona, grupo o comunidad que tiene como resultado la probabilidad de daño psicológico, lesiones, la muerte, privación o mal desarrollo.
Y según la ONU abarca cualquier acto físico, sexual, emocional, económico y psicológico (incluidas las amenazas de tales actos) que influya en otra persona. Y eso es lo que nuestra Patria está viviendo en el día a día.
La violencia no es enfermedad. Brota de la evolución. Del aprendizaje por observación de los hábitos violentos, especialmente en el hogar. “La única forma de detenerla es con el cambio cultural y educativo que moldea al individuo”.
Cierro este comentario con el fragmento IX de “México, creo en ti” El Credo del Vate Ricardo López Méndez, izamaleño de nacimiento para nuestro perenne orgullo (Se llama vate al poeta que vaticina el devenir y canta la memoria de su pueblo).
“México creo en tí, porque escribes tu nombre con la equis, que algo tiene de cruz y de calvario; porque el águila brava de tu escudo se divierte jugando a los volados con la vida y, a veces, con la muerte”.
Este es el México que vivimos hoy. Para nuestra desgracia. Un México de “cruz y de calvario”. Dios nos asista.— Mérida, Yucatán.
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Abogada y escritora
