México acaba de vivir uno de los episodios que será recordado por la sociedad, en torno al actual sexenio.

En una patológica tendencia a ocultar todo, se pretendió esconder un hecho que puede ocurrir en cualquier momento y lugar.

En junio de 2014, el entonces presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, de 74 años de edad, tuvo un desmayo mientras pronunciaba un discurso.

La actividad se suspendió. Lo atendieron en el sitio, de tal modo que, momentos después, regresó a terminar su alocución.

El médico militar que lo atendió informó sobre el efecto de un nervio que incide en la frecuencia cardiaca.

En el México de 2023, en cambio, un desvanecimiento presidencial no se informó en tiempo y forma, con normalidad. Diario de Yucatán tuvo conocimiento de los hechos y asumió la responsabilidad de dar cuenta puntual.

Era un acontecimiento periodístico y un asunto de interés colectivo. Así el Diario se convirtió en protagonista para cumplir con su función social.

Mientras este medio hizo uso de su ética periodística, los actores del gobierno demostraron que carecen de ética política.

Primero el vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, salió a decir que la gira continuaba. Después, el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, salió a acusar a este periódico de mentiroso, cuando informó que el titular del Ejecutivo tuvo una turbación y debió ser trasladado de emergencia a la capital del país.

Desde la cuenta de una red social del presidente de la república sólo se informó que éste había sido afectado por el Covid.

Es de manual de estudiantes de periodismo y un lugar común la expresión que señala: los vacíos se llenan. Y la recurrente ausencia de información en esta administración se llena con rumores, especulaciones, díceres. Les es más fácil, después, salir a hacerse las víctimas que actuar con profesionalismo, con verticalidad y con honestidad.

Los rumores siguieron hasta que el presidente salió en un vídeo a dar pormenores que dan la razón a Diario de Yucatán en todo lo documentado y, con ello, desmiente a sus propios voceros.

Este periódico nunca disputó la verdad porque siempre la tuvo. El vocero presidencial y el secretario de Gobernación mintieron y permanecen como si nada hubiera ocurrido, porque mentir, por lo visto es su constante.

Al final, queda claro que para este gobierno la veracidad no es un valor que les distingue. Para ellos la verdad es solo un ingrediente, como la sal, para condimentar —si gusta y conviene— el plato que le quieren dar de comer a su audiencia.

Apenas el 18 de abril, el consultor Luis Antonio Espino escribió un artículo en donde invitaba a cambiar la dinámica de los medios de comunicación para estar del lado de la información y no de la propaganda.

En su texto, propone: “un compromiso para dejar de reproducir de inmediato y amplificar de manera acrítica las afirmaciones del presidente que se han demostrado claramente que son falsas y/o violan derechos o ponen en riesgo la integridad de las personas e instituciones. El ‘sándwich de la verdad’ es una opción. Una afirmación falsa del presidente se debe ‘meter’ en un ‘sándwich’ de verdades. Por ejemplo, si él dice ‘en México no se produce fentanilo’, hay que meter esa afirmación falsa entre dos verdades: ‘Contra toda la evidencia material, periodística y gubernamental, el presidente afirma que en México no se produce fentanilo, a pesar de que las cifras muestran que…’. Los encabezados deberían empezar con las palabras clave: ‘sin evidencia’ o ‘contra toda evidencia’”.

Como quedó subrayado en este episodio, el Diario ejerce ese compromiso y responsabiliad todos los días en sus páginas.— Mérida, Yucatán.

mariana.pacheco@megamedia.com.mx

Periodista de Diario de Yucatán

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán