Un apreciado compañero de la secundaria, fiel seguidor del PAN, aduce en nuestras frecuentes y nostálgicas tertulias que el gobierno de AMLO encarna la “amenaza del socialismo”, y que las acciones que conforman el proyecto de la 4T nos están “llevando directamente” a situaciones como las que prevalecen en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Desafortunadamente, han sido inútiles las explicaciones que algunos compañeros de aquellos maravillosos tiempos estudiantiles le hemos dado a nuestro buen amigo sobre lo que realmente son el capitalismo y el socialismo en cuanto sistemas socioeconómicos contrapuestos a lo largo de la historia moderna en los siglos XX y XXI.
En torno a esta presunta “amenaza socialista” —que como cantaleta repiten de vez en cuando algunos voceros e ideólogos de la oposición política a la 4T—, cabe preguntarnos sin ambages: ¿Tiene tintes socializantes el gobierno de la 4T? ¿Es enemiga del empresariado? ¿Cuáles medidas, acciones o proyectos que viene implementando la administración federal nos harían presumir que se trata de un gobierno con tendencias socializantes o expropiatorias?
Para ofrecer respuestas esclarecedoras a estas interrogantes claves, tomemos algunos pasajes de dos referentes importantes: el Programa del partido Movimiento Regeneración Nacional y el discurso de toma de posesión del actual primer mandatario.
En el primer documento, se señala que “Morena lucha por cambiar el régimen de corrupción, antidemocracia, injusticia e ilegalidad que ha llevado a México a la decadencia actual que se expresa en crisis económica y política, en pérdida de valores, en descomposición social y violencia”.
Igualmente, se plantea que “es necesario transformar el modelo de desarrollo imperante, por uno que frene la decadencia y garantice el bienestar y la felicidad, imparta nueva viabilidad a la Nación, preserve y restaure los recursos naturales y mejore el medio ambiente. Nuestro proyecto busca impulsar el desarrollo a través de las iniciativas privada y social, promoviendo la competencia pero ejerciendo la responsabilidad del Estado en las actividades estratégicas reservadas por la Constitución…”
Y concluye el programa morenista: “En este nuevo modelo económico…el nivel de vida de la gente debe ser el indicador principal de una economía productiva, no especulativa, para que haya industrias, consumo, mercado, crecimiento, distribución equitativa de la riqueza y bienestar creciente”.
En su discurso de toma de protesta, el Presidente AMLO expresó estas líneas programáticas de su gobierno:
“El poder político y el poder económico se han alimentado y nutrido mutuamente y se ha implantado como modus operandi el robo de los bienes del pueblo y de las riquezas de la nación…El distintivo del nuevo gobierno será la separación del poder económico del poder político. El gobierno ya no será un simple facilitador para el saqueo, como ha venido sucediendo. Ya el gobierno no va a ser un comité al servicio de una minoría rapaz. Representará a ricos y pobres, creyentes y libres pensadores, y a todas las mexicanas y mexicanos…”
“El Estado se ocupará de disminuir las desigualdades sociales, no se seguirá desplazando a la justicia social de la agenda del gobierno. No se condenará a quienes nacen pobres a morir pobres…es inhumano utilizar al gobierno para defender intereses particulares y desvanecerlo cuando se trata de proteger el beneficio de las mayorías”.
Como puede colegirse de esta breve revisión, el gobierno de la 4T no pretende, desde su inicio, acabar con el capitalismo ni mucho menos instaurar un sistema socialista. Lo que se busca es acabar con el régimen de privilegios que el capitalismo monopolista y de cuates había instaurado al amparo de la corrupción, la impunidad y el contubernio entre el poder económico y político.
Una revisión panorámica de las principales acciones, cambios y proyectos implementados por el gobierno de la 4T nos muestra que lo que se ha estado buscando, siempre dentro de los marcos del sistema capitalista vigente, es un piso menos disparejo para el desarrollo de los sectores más desprotegidos y excluidos de la sociedad.
Así las cosas, el rescate de los bienes públicos (CFE, Pémex), el combate a la evasión y a los privilegios fiscales de la oligarquía, la Ley de Austeridad Republicana, la significativa recuperación de los salarios mínimos, la pensión universal a los adultos mayores, las becas para estudiantes, madres jefas de familia y discapacitados, las cien nuevas escuelas de nivel superior, así como las grandes obras de infraestructura que se construyen en el sur-sureste del país, constituyen sin duda alguna un esfuerzo colosal sin precedente para corregir las disformidades estructurales del capitalismo mexicano, mejorar la distribución del ingreso y brindar oportunidades de desarrollo para los sectores más vulnerables de la sociedad.
Como puede colegirse, el de la 4T es un gobierno de corte reformista, democrático, nacionalista y popular. Por tanto, el espantajo de que nos amenaza un régimen socialista y expropiatorio es una auténtica falacia, y quienes lo esgrimen solo pretenden restaurar los insultantes privilegios económicos de que disfrutaron sin límite alguno en los tiempos duros del neoliberalismo voraz y excluyente que padecimos durante largos cuarenta años.
Finalmente, es natural que a los sectores conservadores y oligárquicos del país les cause escozor que AMLO reitere una y otra vez que el Presidente de la República no está pintado, que no es ningún florero ni mucho menos empleado de algún sector, grupo o consorcio económico, como ocurrió en los aciagos periodos que precedieron a la 4T. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.
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Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.
