En la historia política del país y del Estado en particular hemos constatado cómo con el paso del tiempo la gobernanza representa un factor importante para el desarrollo de los pueblos.

Así, en una época fueron surgiendo los partidos políticos (como en todo el mundo), que son los organismos que aglutinando las necesidades y demandas de los ciudadanos, y que teniendo una visión de nación, estado o municipio van enarbolando las banderas que representarían la solución de los problemas.

Hoy día revisten importancia las elecciones de 2024, en las que estarán en juego la presidencia de la república, todos los 500 diputados federales, 128 senadores y las gubernaturas de nueve estados: Yucatán, Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y la Ciudad de México.

En nuestro caso, en Yucatán habrá 35 diputados locales (aumentan 10) y la renovación de 106 presidencias municipales. En todo el país son 14,222 regidurías.

Cuando se habla de narrativa de un buen gobierno se refiere en primer lugar a una autoridad que emana de algún partido político, pero éste tiene una historia, que debe ser conocida, valorada y reflexionada a la luz de la conciencia de cómo ha actuado en el transcurso de su largo o corto tiempo de existencia. Esta reflexión que le corresponde a la conciencia social debe ser sumamente importante para que la ciudadanía pueda tomar una decisión seria sobre a qué institución le habrá de depositar su confianza.

El ciudadano tiene que tomar en cuenta si ese partido que ha tenido la oportunidad de gobernar lo ha hecho bien, ha promovido el desarrollo, combatido la pobreza, ha cuidado la economía, la seguridad, la educación, el medio ambiente, y si está yendo por el camino de la innovación y la tecnología incluyendo la inteligencia artificial muy en boga en estos días, con sus controles y limitaciones correspondientes. Pero sobre todo, hay que valorar si esa autoridad o gobierno combatió la corrupción, hizo un buen uso de los impuestos que pagan los ciudadanos.

Un buen gobierno debe ser distintivo de los valores cívicos, del respeto de la dignidad humana, debe estar al servicio de los intereses de la comunidad, que la generación de los servicios públicos de calidad sea el compromiso esencial de todos los días.

La ética en los buenos gobiernos juega un papel importante; lo que se diga en lo público se respete y honre en lo privado.

Los buenos gobiernos no ven a la pobreza como un botín, la combaten y generan nuevas expectativas y calidad de vida, hay gobiernos que no solamente prefieren que la pobreza exista sino que dejan que vaya creciendo, y es cuando en lugar de gobernar bien, se cae en el populismo.

Todos tenemos el deber de respetar la dignidad humana, más las autoridades quienes deben respetar y proteger la dignidad de todo individuo; las personas, los ciudadanos tienen el derecho de ser tratados como tal y no como un objeto, no ser humillados, degradados, envilecidos o cosificados. Quien lo hace abusa despreciablemente del poder.

La narrativa de un buen gobierno incluye valoraciones finales y aprobación de la sociedad, pues son gobiernos que cuidaron de la familia humana y de sus derechos, que velaron por la libertad, la justicia y la paz en sus comunidades.

Los ciudadanos son la clave en este proceso de construcción social. Es un derecho y una responsabilidad hacer que los buenos gobiernos existan y condenar a los que hacen un mal papel abusando de la confianza que se les otorgó.

¡Muchas felicidades al Diario de Yucatán por sus 98 años de existencia, auguro muchos años más. Enhorabuena!— Mérida, Yucatán.

mariomaldonadoe@gmail.com

@mariomaldonadoe,

Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa

 

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