La evolución de la Humanidad y sus grandes avances científico-tecnológicos han permitido que la esperanza de vida de las personas sea cada vez mayor. Como consecuencia natural, en las últimas décadas, la convivencia entre individuos de distintas generaciones también ha aumentado mucho.

Aunque no puede negarse que la interacción entre los seres humanos nunca está exenta de retos y complejidades, lo cierto es que el fenómeno social intergeneracional trae consigo múltiples ventajas que a continuación quisiera destacar.

Primero, cada generación de personas ha crecido rodeada de circunstancias particulares y experiencias propias. Ello contribuye a la formación y el proceso de aprendizaje de las mujeres y hombres que compartieron contextos determinados.

Por ejemplo, la generación de los Baby Boomers, conformada por quienes nacieron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, tiende a imprimir mucha importancia al trabajo duro y la estabilidad —sin duda, cualidades valiosas—.

En cambio, las generaciones más jóvenes, como la llamada Generación Z, favorecen elementos como la inclusión y la conciencia ambiental, además de su inherente habilidad para el manejo de herramientas tecnológicas y digitales.

Así, fortalecer los lazos intergeneracionales mediante la apertura y la voluntad es fundamental para avanzar hacia una sociedad más solidaria y empática en sentido amplio. La convivencia cotidiana entre niñas y niños, juventudes, adultos jóvenes y adultos mayores debe ajustarse a principios como el respeto y la generosidad.

Más aún, la construcción de una comunidad donde permee la comprensión y el reconocimiento de la dignidad humana que hay en el otro —en todos los demás—, es un paso necesario para alcanzar una auténtica cohesión social.

Segundo, la discriminación es uno de los peores lastres, pues no solo es nociva en sí misma porque difunde el odio y el rechazo, sino que frena el ambiente de paz y colaboración indispensable para trabajar en equipo y crear un mejor futuro para todos.

Como es sabido, una de las expresiones más comunes de discriminación, se da por razón de edad. Lo irónico es que, tanto se menosprecia a la niñez y la juventud por acusar su inmadurez y falta de experiencia, como se subestima a los adultos mayores por estigmas asociados con la vejez.

Lo anterior es absurdo, cuando el ciclo de la vida conduce a las personas por igual en sus diversas etapas; cada una de ellas fundamental para el desarrollo y crecimiento humano del individuo.

Comprender que somos seres sociales y requerimos de quienes nos rodean para vivir en plenitud resulta imprescindible. Por supuesto, para forjar relaciones personales sanas debemos convivir con nuestros pares, tomando lo mejor de cada uno de ellos.

En este orden de ideas, las sociedades con mayor integración intergeneracional, por lo regular, tienen un buen desempeño en rubros de trascendencia como seguridad, economía, educación y salud.

Recordemos que la clave de la convivencia entre distintas generaciones es la cooperación, la empatía y la solidaridad, de modo que se propicie el cuidado mutuo, el apoyo incondicional y la suma de voluntades para solucionar problemas comunes.

Tercero, la sinergia intergeneracional es una fuerza poderosa para establecer las bases de un mundo más justo, igualitario y de paz. A fin de cuentas, la Humanidad va pasando, de generación en generación, la estafeta en la búsqueda permanente de un mejor mañana, con bienestar y felicidad compartidos.

¿Qué mejor forma de avanzar hacia nuestros mayores ideales y sueños que nutriendo el conocimiento humano por medio de un esfuerzo compartido entre bloques generacionales, a partir de la empatía y la generosidad?

Si apostamos por robustecer la sana convivencia intergeneracional, marcaremos un antes y un después como sociedad, pues el entendimiento y la revalorización de la dimensión humana son elementos urgentes ante los brotes de indiferencia y apatía que amenazan con extenderse, lastimando seriamente el tejido social.

Toda vida humana es valiosa y siempre será posible aprender y tomar lo mejor de cada individuo, mujer u hombre que se cruce en nuestro camino. Cada generación tiene la enorme dicha y el gran compromiso de dejar un legado de provecho para las nuevas generaciones.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

 

 

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