Nos guste o no, el hecho real es que quien sigue marcando las pautas de la agenda política nacional es el Ejecutivo federal, quien prácticamente se ha puesto a comandar la sucesión presidencial del 2024.
En un giro político inesperado y cuando apenas habían transcurrido 24 horas del previsible triunfo de Morena en el Estado de México, AMLO se reunió a cenar cerca de Palacio Nacional con la maestra Delfina Gómez, las llamadas “corcholatas”, los máximos dirigentes del partido guinda y la mayoría de los gobernadores y gobernadoras adscritos a la 4T.
Los objetivos de AMLO en dicha reunión eran claros: mantener el control de la sucesión presidencial, llamar a la unidad a todos los involucrados en ésta y marcar las pautas básicas para establecer el mecanismo que se utilizará en la selección del candidato o la candidata morenista a la primera magistratura de la nación.
Resulta evidente que de este evento de enorme impacto político se derivaron tanto el aceleramiento del proceso para la nominación del abanderado o la abanderada presidencial, como la intensificación de la disputa por esta selección entre los dos principales contendientes, pues todo parece indicar que la pugna se ha centrado entre Claudia Sheinbaum —hasta hoy la gran favorita en todas las encuestas—, y Marcelo Ebrard, el pujante y ahora dimitente Secretario de Relaciones Exteriores.
A decir verdad, los resultados de las elecciones realizadas el domingo 4 de junio en Coahuila y Edomex contribuyeron a consolidar la reconfiguración política-territorial que está viviendo el país desde 2018, ya que ahora Morena tendrá 23 gubernaturas, en tanto que el PAN seguirá gobernando en 5 entidades (Chihuahua y Yucatán entre ellas), el PRI lo hará en Coahuila y Durango, y el MC seguirá al frente de los destinos de Jalisco y Nuevo León.
No cabe duda de que al bloque gobernante le ha caído como anillo al dedo el holgado triunfo de la maestra Delfina Gómez en Edomex, poderoso bastión político y económico del otrora invencible PRI y del llamado Grupo Atlacomulco. Este histórico logro ha fortalecido y catapultado a la coalición morenista para arrostrar con buenos augurios la madre de todas las batallas: las elecciones presidenciales de 2024.
En otro aspecto, lo ocurrido en las elecciones del domingo pasado ha dejado más que atolondrada a las cúpulas de la alianza “Va por México”, pues aunque ésta arrolló en Coahuila, su derrota en una entidad tan grande e importante como Edomex puede representar un anticipado descalabro para la oposición derechista en los comicios del próximo año.
Así las cosas, no puede negarse que los resultados electorales en comento han aumentado de manera inédita la efervescencia política nacional, por lo que es de esperarse que los procesos preelectorales que se viven en las entidades del país cobren intensidades y rispideces nunca antes vistas en México.
Y es aquí donde surgen de manera natural algunas interrogantes sobre nuestro contexto regional: ¿Cómo están influyendo estos escenarios nacionales en los procesos preelectorales que se viven en Yucatán? ¿La selección de los abanderados o abanderadas de los principales partidos —PAN y Morena— se dará hasta que se elija a los candidatos o candidatas presidenciales de las dos coaliciones en pugna? ¿Variarán las tendencias que se tienen hasta ahora en cuanto a las preferencias del electorado yucateco sobre la elección para gobernador?
En un intento por atender estas dudas, puede afirmarse que los escenarios preelectorales de Yucatán son altamente permeables al curso que siguen los procesos de disputa por las candidaturas presidenciales y a las preferencias del electorado que se irán reflejando en las encuestas sobre la propia elección presidencial.
En esta tesitura, es previsible que las tensiones y disputas al interior de las dos grandes fuerzas políticas de Yucatán se vuelvan más descarnadas en los meses por venir.
En el caso del PAN, la pugna final por la candidatura a gobernador se seguirá dando de manera más aguda entre el alcalde de Mérida, Renán Barrera, candidato natural y aún favorito en todas las encuestas, y el secretario de Educación, Liborio Vidal, poderoso empresario vallisoletano, quien hace unos días dio un espectacular golpe político-mediático al disertar nada menos que en la sede municipal del PAN en Mérida.
En el bando de Morena, si bien el popular Huacho Díaz se mantiene como puntero en todas las encuestas como posible abanderado para la gubernatura, es de preverse que Rogerio Vázquez Castro arrecie su precampaña para pisarle los talones al Delegado de Bienestar, pues el directivo nacional del Infonavit cuenta con el apoyo financiero de sus patrocinadores, los empresarios de la construcción de vivienda.
Adicionalmente, no sería de extrañarse que pronto la senadora expriista Verónica Camino Farjat se lance a la palestra para disputar la ansiada nominación guinda.
Por lo demás, si bien las últimas encuestas muestran una mínima ventaja del PAN sobre Morena en la elección para gobernador, es altamente probable que esta situación pueda revertirse en los próximos meses, conforme avancen las precampañas de los suspirantes y se realicen a todo vapor las campañas de quienes resulten ungidos con las principales candidaturas, tanto federales como estatales.
Como puede colegirse, en un escenario político efervescente y tan cambiante, en el que las pasiones y las ambiciones de grupos y personajes están francamente desbocadas, nada está escrito o definido para nadie, aunque más pronto de lo esperado muchas dudas se irán resolviendo ante el inminente inicio formal de la madre de todas las batallas. Veremos.— Mérida, Yucatán.
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Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.
