El sufrimiento que produce la culpa casi nunca equivale a la dimensión de la tragedia —Sara Mesa
Cuando pensamos que no podíamos seguir horrorizándonos en nuestro día a día, una vez más la tragedia nos demuestra que en nuestro México sí es posible.
Cuando no es el crimen organizado, lo es en forma indirecta, pero lo es: este desmesurado valemadrismo disfrazado de austeridad republicana, que sigo sin entender. Los que dijeron que no son como los otros (y no es aventar culpas por aventar), pero este es, aunque se enojen los que siempre se enojan, la gestión gubernamental con más percances ocurridos por un recorte presupuestal:
Las tragedias del Metro, que van desde incendios hasta brutales choques, descarrilamientos y caídas de líneas; tragedias en Pemex: incendios de refinerías, plataformas, derrames de hidrocarburos; helicópteros de la Marina y Sedena desplomados, hasta por falta de combustible y, pues, la política de los tijeretazos no podía faltar en el mantenimiento de la infraestructura hospitalaria.
“Los elevadores en los hospitales siempre han fallado, por qué antes no decían nada”. Bien, es cierto ante esta reclamación en forma de cantaleta, he de decir que, en efecto, lo viví durante treinta años, pero nunca una tragedia; de hecho, una vez quedé atrapado con una residente en un elevador de la T-1, por unos 10 minutos: para la anécdota, sin consecuencias y es verdad que con los años mis rodillas protestaban cuando estaban descompuestos y me aventaba las escaleras para llegar al tercer piso, pero nada comparado a la muerte de la pequeña Aitana Betzabé ocurrida el pasado 11 de julio en la Clínica 18 del IMSS de Playa del Carmen, Quintana Roo.
Lo que se tiene en concreto es que la pequeña que había ingresado por dengue y que estaba teniendo una buena evolución, al ser subida a piso, al momento de ser introducida al elevador, hay una falla del sensor que coordina el cierre de las puertas con el ascenso de la plataforma y la niña queda con la camilla atrapada, muriendo prensada.
Las escenas son conocidas: los gritos de la madre de la nena, los esfuerzos desesperados por intentar abrir las puertas, el auxiliar que logró escurrirse de la trampa quedando con lesiones menores y, los celulares que captaron la escena.
Con una rapidez que ya hubieran querido tener todos para liberar a la pequeña Aitana, las autoridades informaron que se inició una investigación: lo primero era detener al peligroso criminal disfrazado de camillero que es el responsable con toda seguridad y, ¡faltaba menos!, vamos a esposarlo a la cama, ¡qué tal si se quiere escapar!
Y Zoe Robledo de inmediato dando la cara, pues es claro que no sea que le quieran poner otra “rayita a la cacha”; aún la gente se pregunta: ¿qué hay con lo de Tula?, donde “haiga sido como haiga sido”, la falta de una planta eléctrica de emergencia dejó sin asistencia ventilatoria a 14 pacientes…, un insensato funcionario señaló: “de todas maneras se iban a morir porque tenían Covid” (díganselo a los médicos y enfermeras que vieron impotentes cómo murieron sus pacientes de uno en uno) …
¡Y faltaba menos!: vamos a traer, señor director, la canasta de las declaraciones, y lo más pronto por favor, no sea que quieran abollar a la corcholata del régimen para la gobernatura de Chiapas…
¿Cuál le gusta a usted?: “Llegaremos hasta sus últimas consecuencias.” “Hemos abierto una carpeta de investigación.” “Esto no quedará impune.” “Se está dando apoyo económico y psicológico a los deudos.” … bla, bla, bla (no pues hasta podríamos ya editar un catálogo).
Y la Comisión de Derechos Humanos de Quintana Roo informó que inició la queja de oficio, pero la hará llegar a su homóloga nacional, porque esto ocurrió en un hospital del IMSS y se involucran a autoridades de nivel federal…
No, pues siéntense a esperar, porque si algo tiene Rosario Piedra Ibarra, la titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, es que le hace honor a su apellido y es no solo dura, si no totalmente silente, como una piedra: así que, para fines prácticos, sabemos hasta dónde llegará.
Y mientras esto ocurre la pelotita se la van aventando de un lado a otro. Resulta que los elevadores tenían una garantía de cinco años que ya había vencido, que en esos cinco años presentaron fallos, luego se contrata a la empresa que da mantenimiento… y que no solo no disminuyó el presupuesto, sino que se aumentó hasta en un 2% (lo interesante sería saber cómo y si se ejerció).
Es claro que es un problema de responsabilidad compartida. Y es en estos temas cuando es evidente la utilidad de la llamada Norma Oficial Mexicana (NOM).
En efecto, existe la NOM-207-SCFI-2018 establecida para dar cumplimiento al mantenimiento de elevadores, escaleras, rampas y aceras electromecánicas; entró en vigor desde el año 2018. En su elaboración se contó con la asesoría de cinco compañías líderes en el ramo, la Asociación Mexicana de Empresas de Elevadores y Escaleras eléctricas, A.C., la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), la Secretaría de Economía… entre otras dependencias. Establece los requerimientos tanto técnicos como legales para el servicio de mantenimiento correctivo y preventivo que deben de cumplir las empresas prestadoras, pero tambien establece la obligatoriedad de la supervisión del cumplimiento por la empresa o institución contratante.
Según esta norma, un hospital, por ejemplo, debe llevar una bitácora, la cual estará en poder del jefe de mantenimiento del área o el propietario del inmueble. El documento es muy claro en el apartado 3.19 cuando habla de los riesgos del usuario, y en el 5.2 que establece una inspección mensual cuando los elevadores se encuentran en hospitales.
Es evidente que existe la corresponsabilidad en el momento en que la compañía otorga el servicio y el responsable del área lo recibe y verifica.
La pequeña ingresó por un cuadro de dengue, enfermedad que está teniendo un preocupante incremento y la NOM-032-SSA2-2010 para la vigilancia epidemiológica, prevención y control de las enfermedades transmitidas por vector, entre las cuales se incluye al dengue, está en la lista de las 32 que el fatuo Hugo López Gatell pretende desaparecer.
Imagínense lo que va a ocurrir cuando las autoridades ya no estén obligadas a fumigar, ni a recoger cacharros, entre otras cosas.
No faltará la promesa de una investigación a fondo, a repartir culpas (por supuesto: sin omitir a los del sexenio anterior que compró los elevadores), apoyos económicos, cobertura médica de por vida a los familiares y un largo etcétera, insuficiente para mitigar tanto sufrimiento que ahí quedará por siempre.
La desgracia no conoce de partidos políticos, es probable que como al igual de otra tragedia que ha atañido al IMSS (solo recordemos el incendio de la guardería ABC) la maldita impunidad de nuevo camine indolente.
Y como colofón las imágenes del sepelio de Aitana en Tinum. Ni siquiera un féretro en buenas condiciones proporcionaron las autoridades (un ataúd roto en palabras del padre de la menor).
Me niego a habituarme a estas escenas, y más cuando se trata de niños, no quiero que la rabia y la indignación me abandonen.
Justicia para Aitana, qué más se puede pedir, al menos ella reposa en medio del dolor, cobijada por el amor de su familia y la solidaridad de todos.
Al momento de escribir estas líneas, aunque por otras circunstancias, el cadáver del pequeño chiapaneco, Iker, sigue sin ser reclamado en la fría morgue de esta ciudad.— Mérida, Yucatán.
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Médico y escritor
