La polémica que se ha desatado en los diferentes círculos sociales, académicos y asociaciones de padres de familia, entre otros, por los libros de texto gratuitos está más que justificada.
El ocultamiento del material escolar que debería ser enviado a las escuelas del país por el gobierno viene a demostrar, una vez más, lo poco que les importa la niñez a quienes hoy ostentan el poder.
No es casualidad el silencio del gobierno y autoridades de educación; por el contrario, es un plan preconcebido, ya que al ocultar su contenido se trataba de evitar que los verdaderos expertos en la materia se dieran cuenta de las intenciones reales de quienes tuvieron a su cargo la elaboración del material, con la anuencia de quien gobierna, por supuesto.
Eso se llama maldad, el ir eliminando materias esenciales para dar paso a un adoctrinamiento que nada tiene que ver con el sentir y actuar del mexicano.
Se dice que “los niños son el futuro de nuestro país”. Yo lo veo diferente. Los niños son el presente porque ya están aquí, con nosotros, en los hogares y centros escolares. Por tanto, familia y gobierno tienen el enorme compromiso de darles las herramientas necesarias desde pequeños para encauzarlos hacia el futuro.
El excelente binomio que existió entre hogar-escuela dio muy buenos frutos; bueno sería recuperarlo y no andar experimentando con nuevos modelos que nos alejan de nuestra realidad como país.
En casa, nuestros padres nos educaron con valores y en la escuela nuestros maestros nos enseñaron civismo. En ambas partes se practicaba una virtud que hoy —sobre todo algunos políticos— desconocen: el respeto. Ese valor que implica tantas cosas, entre otras: no robar, no mentir, de ninguna manera adueñarse de lo que no les pertenece, como es el futuro de nuestros niños, a través de una pésima educación.
La instrucción escolar debe ser de calidad. Los primeros años de los educandos son fundamentales; por tanto, se debe cuidar muy bien lo que se lleva a las aulas.
Los niños son una extraordinaria esponjita que absorben con facilidad lo que se les ofrece. Por ello, los primeros años como estudiantes son de suma importancia y sería un atentado a su educación, a su formación, estancarlos o limitarlos en su intelecto con absurdos conceptos que no abren su entendimiento sino, por el contrario, lo confunden.
Es muy importante conocer e informarnos acerca de los programas que se ofrecen a los estudiantes. Es deber de los padres estar al pendiente de la educación de sus hijos, en especial los primeros años escolares.
La enseñanza debe ser compartida, como lo hicieron nuestros padres con nosotros. En casa, se aprenden los valores que habrán de acompañarnos a través de nuestra vida. Los padres, se convierten en los primeros educadores que el niño conoce.
Son los maestros en las aulas, los encargados de reforzarlos y ponerlos en práctica. Eso, lo aprendimos de niños. ¿Por qué no seguir haciéndolo? ¿Qué caso tiene imitar conductas equivocadas que tanto daño causan?
De ahí se comprende el gran compromiso de padres de familia y maestros en la formación y educación de los niños.
Hay que tener presente que el ser humano vive diferentes períodos durante su desarrollo. Hay un tiempo para juegos; otro para aprendizaje; otro más para poner en práctica lo aprendido.
Quizás la etapa más hermosa sea la de la niñez, al menos para muchos de nosotros, que realmente gozamos y fuimos felices. ¿Cómo no recordar nuestra escuela primaria donde aprendimos a amar y respetar nuestros Símbolos Patrios? Así como tantas cosas hermosas que vivimos, aprendimos y compartimos con compañeritos de clases.
Es desde los primeros años cuando la persona empieza a formar su carácter, a atesorar los principios con los que habrá de conducirse en la vida. Va llenando su vida de emociones, de aprendizajes, de conocimientos. Y un día, tendrá sus propias alas con las que habrá de emprender el vuelo tomando decisiones propias.— Piedras Negras, Coahuila.
cholyngarza@yahoo.com
Periodista
