Filiberto Pinelo Sansores (*)

Las cifras sobre los avances en la lucha del gobierno de la 4T contra la pobreza, dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y otras instituciones son la prueba más elocuente de que el país transita por la vía correcta para superar los grandes males sociales que lo aquejan, mismos que durante los largos sexenios de los gobiernos anteriores, no sólo no fueron erradicados sino, por el contrario, iban en aumento y nos hubieran conducido al estallido social, entre éstos, la pobreza y el reparto desigual de la riqueza.

En el más reciente reporte del IMSS, se da cuenta de que el empleo sigue mejorando. En 2018, al inicio de la administración había 20 millones 457 mil 926 empleos en México; en febrero, víspera de la pandemia, ya eran 20 millones 613. Vino ésta y cayeron en cerca de un millón. Sin embargo, se han recuperado y hoy tenemos 21 millones 885 mil 139 de trabajadores inscritos en la dependencia. Esto significa 1 millón 271 mil 603 más que antes de la pandemia. Y la cifra irá creciendo porque existe una política que privilegia la inversión productiva tanto en el sector público como en el privado.

Al mismo tiempo que ha aumentado el empleo, consecuentemente, ha disminuido el desempleo. México actualmente ocupa el cuarto lugar entre los países con menos desempleo. Esta es la tabla: Japón 2.5, Corea del Sur 2.6, República Checa 2.6, México 2.7. Austria 3.5, Australia 3.5, Estados Unidos 3.6, Canadá 5.4, Alemania 5.7, Bélgica 5.7, Italia 7.4, Chile 8.5, Colombia 9.3 y España 11.6. Y, no sólo eso, en nuestro país ha aumentado el salario promedio de los trabajadores registrados en aquella institución hasta llegar a 16 mil 326 pesos mensuales, al mismo tiempo que ha crecido el salario mínimo en una proporción sin precedente, 89% en lo que va del sexenio y, en consecuencia, aumentado el poder adquisitivo de las grandes mayorías, como nunca ocurrió.

Si a lo anterior se agrega que, a diferencia de sexenios anteriores en que la irresponsabilidad, la corrupción y el mal manejo de la economía producían un constante deterioro del poder adquisitivo de nuestra moneda y en éste el buen manejo de ella ha producido su fortalecimiento al grado de que en lugar de devaluarse, como antes, se revalúa, tendremos todavía más luz sobre la diferencia que hay entre este gobierno y aquéllos que lo antecedieron.

En el gobierno de Miguel de la Madrid la devaluación fue de dos mil 700 por ciento; con Carlos Salinas, 36 por ciento; con Ernesto Zedillo, 173; con Vicente Fox, 12.5; con Felipe Calderón, 6.8 y con Peña Nieto 37.2. En cambio en el actual gobierno el peso se ha fortalecido en 17.8 por ciento. Un fenómeno quizás nunca ocurrido en nuestra historia. Todavía se recuerda a los catastrofistas que, a principios de esta administración, aconsejaban comprar dólares porque, al cabo de poco tiempo iban a llegar a 30 pesos por unidad.

Durante los sexenios neoliberales, el aumento de los salarios estuvo contenido por los gobiernos del Prian con el falaz argumento de que aumentarlos produciría inflación; esto contribuyó a que aumentara el ingreso en uno de los polos y disminuyera en el otro hasta el extremo de que mientras en el gobierno de Vicente Fox los ingresos de los más ricos fueron, en conjunto, 23 veces mayores que el de los más pobres y en el de Calderón aumentaron a 35.6 veces —en el de Peña la proporción bajó un poco, hasta situarse en 21 veces—, en este sexenio y, sin que quienes están en la cúspide de la pirámide dejaran de tener los enormes ingresos que tienen, la proporción varió en favor de los más pobres. Según el último informe del Coneval, ésta disminuyó, hasta situarse en 15 veces, 8 menos que con Fox, 20.6 menos que con Calderón y 6 menos que con Peña.

Los datos de este informe que son el resultado del último estudio que Coneval ha hecho de medición de la pobreza constituyen un rotundo mentís a la difusión de mentiras de la derecha en el sentido de que nuestro país está peor que cuando sus partidos gobernaron. Las cifras son elocuentes no sólo porque muestran cuánto se ha avanzado en el combate a dicho flagelo en esta administración sino porque los logros rebasaron los cálculos más optimistas. El porcentaje de población en pobreza que, en 2004, en el gobierno de Fox, era de 47 por ciento, en el de Calderón, de 46.1 por ciento y en el de Peña de 43.2 por ciento, en el actual —hasta 2022— es de 36.3 por ciento, 10 % menos en comparación con los gobiernos panistas y 6.9 con el priista.

Traducido lo anterior a millones de personas, tenemos que mientras que con Fox eran 49 millones de personas las que estaban en la pobreza, con Calderón 52.8 y con Peña 52.2 millones, con López Obrador, son 46.8 millones los que aún quedan en esa situación pues en los cuatro primeros años del sexenio, salieron más de 5 millones de mexicanos de ella. Un logro que ningún gobierno obtuvo durante la larga noche neoliberal. Y el sexenio aun no termina.

Estos éxitos adquieren mayor contundencia si se tiene en cuenta que fueron obtenidos en condiciones sumamente adversas, pues se interpusieron obstáculos inesperados que no tuvieron administraciones anteriores como la pandemia que azotó a la humanidad desde fines de 2019 —cuyas consecuencias se prolongaron varios años— y la inflación mundial que desató la guerra y las reacciones que produjo. Fueron obtenidos gracias a una política social que nunca se había aplicado en el país y que al hacerse ha demostrado su efectividad para resolver los grandes problemas de los mexicanos.

Esto es lo que cuenta en un gobierno, no los discursos grandilocuentes; tampoco las payasadas de quien se sube a una bicicleta para pasear en grupo, o a un ring de lucha libre para hacerle señales obscenas con las manos a un palero o usa una botarga para interrumpir una sesión del senado tratando con eso de ser presidente. Tener un programa realista que beneficie al pueblo.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

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