En mi familia crecí con la conciencia de nuestra herencia antillana. Mi bisabuelo el doctor Eduardo Urzaiz Rodríguez, cubano de nacimiento, emigró a Yucatán a los 14 años de edad.
Mi padre no solo se sentía cubano sino que en muchas cosas actuaba como tal, fumaba cinco puros cubanos al día, su hobbie era pelear y criar gallos y su postre favorito era la yuca con ajo. Prefería que lo invitaras a La Habana que a París.
Crecí rodeado de sus incontables amigos cubanos, con esas palabras tan particulares como Pullover (camisa), Java (bolsa), guagua (camión), pelo malo (pelo rizado), fruta bomba (papaya) y ese acento que se te mete en la cabeza y nunca olvidas…
Me contó muchas veces su primer viaje a Cuba, con mi madre en 1975, hablaba con emoción del Tropicana, el “night club” de los años 50 en el barrio de Marianao, nombrado en algún momento el más grande y más hermoso del mundo. Contaba de su experiencia en el Hotel Nacional, en El Vedado, el edificio de estilo ecléctico, de mármol de carrara y la infaltable historia de los famosos mafiosos americanos Lucky Luciano, Meyer Lansky , Santo Trafficante Jr., Frank Costello, Albert Anastasia, Vito Genovese y muchos más.
Pero la anécdota que más recuerdo es la forma como sacó de contrabando huevos de gallos de pelea fecundados. Directo del aeropuerto de Mérida se los fue a colocar a una gallina encamada que tenía en casa y con tanto éxito que de 10 huevos, 7 pollitos de pelea cubanos cobraron vida.
Seguir hablando de mi padre y sus usos y costumbres cubanas y su cariño por la Isla sería interminable.
A los 17 años hice el primero de muchos viajes a Cuba; recuerdo sentirme como en casa, tanto por el acento, el olor a tabaco, los gritos, las carcajadas, la música, la comida y todas esas miles de cosas que nos hacen a los yucatecos en general tan cercanos y parecidos a los cubanos. Todo me hacía sentido en cuanto a mi ascendencia cubana, pero había algo que mi padre nunca me contó, hubo una importante parte que omitió, la Revolución Cubana.
Seguramente escuché antes quién era Fidel, El Che, Camilo etc… y su “patria o muerte”. A la joven edad que tenía, y corriendo el año 1992, era como una película de piratas oír las historias de estos barbones de la Sierra Maestra, que llegaron en un pequeño barco que zarpó del Puerto de Veracruz, y “vencieron al mal” para apoderarse de toda la Isla”.
Recuerdo sentarme en su precioso malecón un sábado por la tarde. Un grupo de cubanos se acercó y me contó durante horas de los buenos sistemas de salud, educativos, deportivos, culturales, del nulo analfabetismo en la isla, de que ningún niño dormiría en la calle esta noche a diferencia de otros países… pero luego de todas esas historias de “éxito de la revolución” uno de ellos se me acercó y me dijo en voz baja un contradictorio: “Chico yo lo único que quiero es irme de aquí”.
Este agosto de 2023 fui invitado por uno de mis cuñados a visitar Cuba, era el sueño de uno de sus amigos que cumplía 60 años y quería fumar el mejor habano del mundo, y al ser todos norteamericanos y su primera visita a la Isla, era yo el guía turístico que necesitaban por mi experiencia de más de 20 años de visitar Cuba.
Me tomo en serio mi título de guía y me doy a la tarea de ponerme al día de la Habana. ¿Qué hacer durante nuestra corta estada? Contacté a un querido amigo, asiduo visitante de la Isla, y que contaba con los contactos adecuados para moverse en la Habana. Los que te hacen la visita divertida y más fácil, pues saben dónde tocarán las mejores bandas, dónde cambiar tu divisa en el mercado negro, dónde ir a comer y dónde no.
La visita en un sentido penoso y muy triste, no fue ni divertida ni fácil. No iba a Cuba desde 2019… Cuba pasó por la pandemia al igual que todo el mundo, sin embargo, no la vivió igual que todo el mundo, ni se ha recuperado igual que los demás.
La falta de turismo desnuda de manera cruel y sin tapujos al sistema socialista. A 20 años de mi primera visita, la descripción que encaja en este momento es una sola: “Crisis Humanitaria”.
El hambre se nota, se huele en las calles. Personas de cuerpos escuálidos, rostros macilentos, como sacados de una película de campos de concentración hitlerianos. El calor abrumador obliga a la gente a estar la mayoría del tiempo en la calle, por lo cual, al circular por éstas, te vuelves testigo de este desfile de “zombies” de precarias vestimentas, casi en harapos, pies desnudos o calzado viejo, sucio y roto.
Incontables hombres, mujeres, jóvenes y niños haciendo enormes colas bajo el sol por una ración de comida. Entendí la razón del levantamiento del 11 de julio de 2021 el cual fue reprimido brutalmente por el gobierno cubano y gradualmente olvidado por todo el mundo… ¡olvidado una vez más!
Han desfilado 12 presidentes de los Estados Unidos, incontables planes secretos y no secretos por derrocar el régimen castrista, intentos de asesinato en contra de Fidel, sin embargo murió en su casa a los 90 años el 25 de noviembre de 2016 siendo el dictador con el mandato más largo del mundo: 49 años y 8 días.
Raúl Castro tomó el control por un breve periodo para encargarle desde 2018 a Miguel Díaz Canel que defienda lo indefendible. Urge a la comunidad internacional hacer algo. Los ciudadanos, el pueblo de Cuba, no pueden seguir esperando, no tienen la fuerza para levantarse contra el gobierno.
No les queda absolutamente nada después de 63 años de esclavitud sometidos a un régimen brutal, que ha hecho pagar a su pueblo los caprichos de un idealismo socialista que jamás funcionó, ni en el primero, ni en este mortuorio 63 aniversario del lento Genocidio Humano llamado Revolución Cubana. “Patria y vida”.— Mérida, Yucatán.
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Empresario, #SOSCUBA
