Como suele decirse en el argot popular, parece ser que en el ámbito nacional se han alineado los astros para configurar un escenario preelectoral en el que se ha instalado la única certeza política que hoy tenemos l@s mexican@s: en la medianoche del 2 de junio de 2024 tendremos Presidenta de la República.
A decir verdad, la circunstancia histórica consistente en que México ya está preparado para tener a su primera Presidenta es producto de diversos factores que se fueron dando y conjugando en las últimas décadas, destacando desde luego la lucha sostenida de innumerables mujeres por ocupar espacios relevantes de actuación y decisión en las distintas esferas del quehacer de nuestra sociedad.
Lo anterior no obsta para reconocer que la 4T ha propiciado con singular énfasis el acceso de muchas mujeres a cargos públicos de primer orden, empezando con el gabinete presidencial paritario integrado desde el primero de diciembre de 2018. Igualmente ha impulsado el aumento significativo de legisladoras, gobernadoras y alcaldesas en toda la geografía nacional.
En este contexto, la conclusión de los procesos internos que condujeron a la designación de las dos aspirantes presidenciales —Xóchitl Gálvez, del Frente Amplio por México (FAM), y Claudia Sheinbaum, de la coalición Morena-PT-PVEM-, puso aleccionador fin a la suerte de incertidumbre preelectoral que prevaleció en los últimos tres meses.
En el caso del FAM, es preciso señalar que su proceso terminó muy deslegitimado y fuertemente impregnado de turbias sospechas, ya que mediante acuerdos desaseados de las cúpulas partidistas y oligárquicas se bajó uno a uno a los aspirantes a la nominación, con el claro fin de favorecer a la verdadera ungida por estas élites de poder: la senadora panista Xóchitl Gálvez.
Peor aún: en su afán por imponer a la legisladora hidalguense, los dueños de la franquicia del FAM no sólo obligaron vergonzosamente a declinar a la senadora priista Beatriz Paredes —quien le hizo harta sombra a la senadora panista al mostrar superioridad de talento y conocimiento en los debates regionales que se realizaron— sino que cancelaron abrupta y arteramente la votación ciudadana que se realizaría el domingo 3 de septiembre, con la consiguiente burla infligida a más de dos millones de personas que, de manera ilusa, se habían inscrito previamente para este ejercicio.
Más allá de lo arriba señalado, el hecho real es que la oposición derechista ya tiene candidata presidencial, la cual se caracteriza por ser carismática, disruptiva, ocurrente y lanzar chistoretes a diestra y siniestra.
En esta tesitura, consideramos que Xóchitl tiene sobre sí una pesada carga difícil de llevar con éxito, pues tiene que armar y defender una narrativa que implica conjugar las ideas y propuestas del PRI y del PAN —otrora aparentes adversarios pero que ahora están matrimoniados en feliz coincidencia con los postulados derechistas y proempresariales—, amén de incorporar las “demandas de izquierda” que aún pueda enarbolar un PRD sumido en la debacle política, ideológica y moral.
Pero creemos que lo peor que pesará sobre la abanderada del FAM es que tendrá que defender lo indefendible para millones y millones de mexicanos: requiere convencerlos de que sería algo positivo para el país tanto el retorno del PRIAN a la Presidencia de la República como la conquista de las mayorías en ambas Cámaras del Congreso de la Unión.
El aciago legado de los gobiernos del PRIAN, expresado en calamidades tales como la corrupción desbocada, el aumento de la desigualdad social y la pobreza, la violencia criminal, la subasta de los bienes públicos y la condonación de multimillonarios impuestos a los grupos oligárquicos, entre otras, es algo que está muy presente en la memoria de la gran mayoría de los mexicanos.
En cuanto a la coalición encabezada por Morena, si bien el proceso de designación de Claudia Sheinbaum no fue un modelo democrático impecable, debe valorarse el hecho de que concluyó satisfactoriamente conforme a lo estipulado en la convocatoria respectiva, resultando que la ex jefa de Gobierno de CDMX obtuvo una ventaja significativa en las cinco encuestas realizadas a nivel nacional.
(Si bien no cabe descalificar las inconformidades de Marcelo Ebrard, todo parece indicar que no ha podido sustanciar lo suficiente las irregularidades a las que alude, al punto que pudiesen afectar los resultados finales obtenidos).
La doctora Claudia también tiene una carga que tendrá que sobrellevar en su delicada encomienda: intentar suceder al Presidente AMLO representa un enorme desafío en razón del gran poder acumulado por el Ejecutivo federal y de su liderazgo indiscutible en la conducción general de la 4T.
Lo anterior indica que la virtual candidata presidencial morenista tendrá que forjar su propio liderazgo y convencer a los mexicanos de que habrá continuidad de la 4T pero con la adopción de los cambios y ajustes que se juzguen necesarios.
Esto implica que Claudia se verá en la obligación de señalar críticamente lo que no ha funcionado o que ha fracasado, y que por consiguiente tendrán que hacerse las rectificaciones correspondientes.
Perfiladas ya como firmes abanderadas de sus respectivas coaliciones y de cara a la inminente disputa por el poder federal, Xóchitl y Claudia nos muestran hoy por hoy que México ha llegado a la suficiente madurez para elegir a su primera Presidenta de la República.
¿Será Claudia o será Xóchitl quien ocupe el Palacio Nacional? Sostenemos que los ciudadanos y ciudadanas sabrán informarse con amplitud de criterio durante la campaña electoral en puerta, que tendrán la suficiente madurez política para comparar las propuestas que enarbolarán ambas candidatas y que acudirán a su memoria histórica para reflexionar sobre el sentido que le darán a su voto.
Finalmente, en el ejercicio libre y soberano del sufragio, sabrán tomar la decisión que mejor responda a sus más sentidas demandas y necesidades. Al tiempo.— Mérida, Yucatán.
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Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.
