Aprende las reglas como un profesional para poder romperlas como un artista. — Pablo Picasso
Una de las preguntas frecuentes entre los artistas jóvenes es la valoración económica de una obra de arte, la determinación del precio o tasación; si bien, la valoración económica es un tema que no hay que confundir con el valor estético y el precio de una pieza, toma además otros referentes, que en su conjunto se suman a su valor financiero.
En ese sentido, existe el término llamado “valor justo del mercado” (fair market value), que es el valor que debe costar una obra cuando se va a comprar o vender.
Por ello, estimar la valoración de una obra (original o seriada) de un artista vivo, implica comparar datos provenientes de múltiples fuentes, como casas de subastas de arte, coleccionistas, galeristas, consultores y analistas de mercado, la suerte crítica, publicaciones o difusión, premios y participación en certámenes, procedencia, etc., además de que la obra sea considerada como icónica ya sea por su historicidad o representatividad dentro de algún movimiento, la técnica, su durabilidad, sus dimensiones, estado de conservación, la forma en que éste se inserta entre otras prácticas de intercambio, entendiendo que el arte es también un objeto comerciable o bien de intercambio con dinero.
Otro de los puntos a considerar es el lugar donde se presenta para su venta, ya sea en una subasta (venta especulativa), en una galería, un mercado de oportunidad o secundario, así como el marketing del artista, cuyo reconocimiento convierte a su trabajo en un objeto de estatus social.
Es importante que los artistas dediquen un tiempo a realizar la gestión de su obra, es decir, la búsqueda de espacios que se involucren en crear su mercado, analizando el perfil de las galerías (temáticas, corrientes artísticas o estilos, rango de edad y trayectoria de los artistas, etc.) para que la gestión no sea infructífera.
Hay que señalar que además de lo antes mencionado, habrá que considerar la oferta y la demanda (la escasez), al igual que la pretensión que el mismo tenga sobre su valor de mercado o la determinación del precio, el cual no siempre repercute de forma positiva, ya que puede ahorcar su flujo de venta o cerrar su coleccionismo, dada la competencia frente a otros creadores con igual o mayor trascendencia, o con similitud en sus propuestas estéticas a precios más accesibles. Asimismo, habrá que considerar si se trata de una pieza cuya temática esté enfocada a un coleccionista específico (retrato) o a un grupo mucho más amplio.
Existen algunos aspectos que siempre son aconsejables a considerar, como los costos de producción de la obra, es decir, el material y el tiempo empleado para su realización, aunque esto no es determinante, dado que ello se basa en la mayoría de los casos en la pericia del manejo técnico que se tenga.
Otra de las formas más comunes de poner precio a una obra de arte se basa en su tamaño, en cuyo método consiste en tomar como base otra obra y dividir el largo de la pieza por el ancho, estableciendo un precio por pulgada o centímetro cuadrado.
Por otra parte, hay que analizar el mercado, lo cual se puede hacer a través de las plataformas en las cuales nos apoyen en la búsqueda de artistas con experiencia similar para fijar el precio de ganancia sobre los costos ya planteados.
Finalmente, otro tema importante es el relacionado a la plusvalía o el incremento del valor de las obras o del dinero invertido o pagado por la obra, para lo cual es prudente decir que los precios que fijan tanto las galerías como los propios artistas deben revisarse en una temporalidad que permita un factor que con el tiempo continúe generando o manteniendo el interés de los coleccionistas para seguir adquiriendo, ya sea por la propia trayectoria del artista, o porque éste reporta ganancias (el arte como inversión).
*Curador
