Cada elección es una oportunidad para revisar las prácticas políticas y construir nuevos acuerdos que permitan avanzar en la democracia, la justicia y la seguridad.
La realidad del país amerita una reflexión profunda que permita encontrar caminos para mejorar nuestras instituciones.
La vida política está atrapada entre la necesidad de “estar” en la agenda de los medios de comunicación y la atención a los problemas que preocupan de forma legítima a la ciudadanía. Las soluciones no siempre pueden ser dichas en una frase contundente o en un video de tres minutos.
Tal parece que la cultura de lo fácil, lo rápido e inmediato está permeando la vida política, centrándose en el interés propio y dejando de lado la vocación de servicio fundamental para construir comunidad.
Se pierde la capacidad de escuchar, construir y evaluar desde lo local, hemos insistido que ahí es donde se juega la solución a los problemas. Responder a emergencias mediáticas no es suficiente para atender la complejidad de las realidades que tenemos.
Presento cinco propuestas para el tema de la cultura política, las cuales podrían ayudar a recuperar el protagonismo de las localidades para la búsqueda de soluciones a los problemas.
De los votos a la deliberación. Ante una sociedad cada vez más individualizada se necesitan más espacios de deliberación que permitan construir decisiones más duraderas.
Esto implica abrir los espacios públicos para la reflexión y el análisis de las políticas públicas, asumiendo que toda institución es perfectible.
Emitir un voto cada elección no es suficiente para atender los problemas públicos, se necesita una cultura de discusión de los asuntos públicos con expertos y ciudadanos involucrados en los temas que hagan de la democracia una realidad.
De beneficiario a protagonista. La preocupante violencia que vivimos, con 92 asesinatos y 26 desaparecidos cada día, muestra un gobierno rebasado y necesitado de la sociedad civil. Cada vez hay más conciencia de que esta situación tiene que ser atendida por todos. Esto brinda una oportunidad para pasar de asumirse como beneficiario de un programa a asumirse como protagonista de la atención de los problemas de su entorno.
La articulación de los actores locales es fundamental para llegar a buen puerto. Y ahí, es necesario recuperar la asamblea vecinal, la conversación de los asuntos públicos y abrir canales de comunicación con sus distintas autoridades.
De proveedor de programas a constructor de comunidad. La violencia está dejando infinidad de secuelas en las familias y comunidades que urge atender con programas especiales. Las cualidades políticas que hoy necesitan es saber construir comunidad, emprender procesos de reconciliación social y para lo cual se requieren habilidades de empatía, escucha, diálogo, consensar y acuerdos.
Esto implica una revisión constante de las políticas sociales para que sean una oportunidad para crear identidad, vínculos y acuerdos.
De imponer a escuchar. La solución de los problemas territoriales no vendrá de afuera, es necesario reconocer que quien más conoce los problemas son los propios residentes, ellos tienen la sabiduría para encontrar las soluciones.
Se requiere humildad para escuchar y capacidad para construir los consensos, en un proceso que pasa por la responsabilidad y el reconocimiento de sus propios recursos. En este sentido, los programas sociales necesitan contextualizarse, adaptarse a cada lugar y revisar constantemente si dañan o benefician a la comunidad.
La unidad por medio del consenso. La desvinculación social que vivimos, resultado de una diversidad de causas, hace añorar la unidad de la comunidad, y se apuesta a tener el líder que logre alcanzar esa unidad.
Se cree que apoyando todos a un líder es como se alcanza la unidad, cuando la unidad de una ciudadanía se alcanza por medio del consenso.
El gran desafío que tenemos es construir los consensos que permitan avanzar en la justicia y la seguridad. La cualidad del consenso dependerá de la diversificación de sus participantes y la capacidad de escucha del sentir del grupo.
Formar a las nuevas generaciones de políticos en habilidades para abrir espacios de escucha y construcción conjunta, en procesos que permitan articular instituciones y construir acuerdos para mejorar la vida pública, también será una oportunidad para reconocer el compromiso y la creatividad de muchos ciudadanos que desde el silencio y el anonimato trabajan por el cuidado de la vida en su diversidad.
Sacerdote Jesuita, director del Diálogo Nacional por la Paz
