Se olvidan a lado de quiénes están, de lo que van a hacer, de los días, de las personas, de su vida y de su historia personal.
Así, poco a poco, su vida se limita a despertar, comer, bañarse y volver a dormir, para que al día siguiente hagan de nuevo la misma rutina hasta apagarse por completo. Ya que llegará un momento en que no recuerden incluso comer.
Es impresionante cómo intentan recordar algo, alguna palabra o querer comunicarse. No pueden hablar correctamente y no pueden sostener una plática común.
También confunden las cosas y para qué sirven. Tienden mucho a perder objetos o por el contrario a moverlos constantemente de un lugar a otro. Hay episodios que pueden repetir muchas veces como acomodar sus ropas. Te pueden hacer una sola pregunta prácticamente todos los días y, aunque les respondas, lo seguirán haciendo hasta que desaparezca de su mente ese evento.
No los pueden dejar ni unos momentos solos porque, como los niños, suelen hacer cosas que los pueden poner en peligro. De allí la importancia de acompañarlos siempre en este proceso de enfermedad que padecen.
Por eso se requiere de la participación activa de absolutamente toda la familia, pues es la única forma en que un enfermo de Alzheimer se siga sintiendo parte de ella. Nadie ha dicho que el cuidado de las personas con esta enfermedad sea fácil; por el contrario, es muy complicado y una sola persona no puede con esta responsabilidad.
Por eso toda la familia debe colaborar, y más que una responsabilidad, hay devolver con cariño todo aquel tiempo y cuidado que estas personas nos dieron cuando éramos niños y necesitábamos de su ayuda.
Ante todo ello, lo único que nos queda a quienes vivimos a su lado es darles todo el amor posible y con toda la paciencia del mundo acompañarlos. Efectivamente, solo el amor rescata el olvido que están padeciendo.
Me refiero a las personas que padecen el Alzheimer. Una enfermedad que genera cambios en el cerebro por la presencia de la proteína llamada beta amiloide que se acumula frecuentemente en el lóbulo temporal. Dicha toxina provoca inflamación y muerte progresiva de neuronas.
En México más de un millón 300 mil personas padecen la enfermedad de Alzheimer, cifra que representa entre 60 y 70 por ciento de los diagnósticos de demencia y afecta con mayor frecuencia a las personas mayores de 65 años.
Por tanto, no puede verse como una enfermedad ajena, son muchas las familias que tienen este flagelo, y seguramente conocemos a alguna persona cercana con esta condición.
Otros rasgos del Alzheimer son que quienes lo padecen se desorientan y tienen cambios constantes en su estado de ánimo, a veces están pensativos, otras veces tristes, incluso molestos por alguna circunstancia que alcanzan recordar. Olvidan lugares, nombres de personas cercanas y hasta vestirse por sí mismas, tienen que ser ayudadas.
En fases terminales es posible que presenten dificultades al tragar, caminar, hablar e incontinencia. No hay cura para ello, sin embargo, la medicina moderna ha logrado encontrar medicamentos que retardan o reducen los síntomas.
Son muchos los factores que intervienen para tener Alzheimer: la edad, los antecedentes familiares o la genética. Empero, un estilo de vida saludable, atender otras enfermedades y la gestión de emociones pueden ayudar mucho.
Es decir, un envejecimiento saludable puede ayudar a mantener la salud del cerebro y pueden reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer. Estas medidas incluyen alimentarse con una dieta saludable, mantenerse socialmente activos, evitar el tabaco y el exceso de alcohol y ejercitar tanto el cuerpo como la mente.
El diagnóstico temprano y tratamiento integral con medicamentos ayudan a prolongar la vida de las neuronas de la memoria para mejorar su calidad de vida. Nuestro gran reconocimiento a las personas cuidadoras de ellas.— Mérida, Yucatán.
mariomaldonadoe@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
