Charla unilateral en la mesa de cualquier café de Mérida, después del ejercicio del Consejo Estatal de Morena:
No, mis amigos. Suponer que la votación del consejo estatal de Morena es algo definitivo es un error de lesa política. Nada está dicho.
Ahora bien, lo que menos significa ese ejercicio es que el senador Ramírez Marín esté fuera de la contienda. Ah, vaya si lo digo yo.
Sí, estoy al tanto de que muchos se fueron con la finta y aseguraron que el senador estaba frito y mataría su pavo. Todos esos no son más que buscadores de atención. Claro, hubo gente de buena fe que lo creyó. Quien así lo haya pensado, está extraviado o aún cree en los cuentos de hadas de que en Morena hay democracia. Que le pregunten a Marcelo.
En efecto, el senador neocuatroteísta está más vivo que nunca. El no haber recibido un solo voto no le quita ni una pluma a su gallo, como decía su nuevo pastor.
¿Que para qué entonces fue el ejercicio de votación del consejo estatal de Morena? Bueno, fue un ejercicio de descarte. Para sacudirse algunas rémoras. Sí, esos que están distrayendo a los de arriba y a unos cuantos extraviados del electorado. Hay que quitárselos pronto para no seguir ensuciando el proceso.
Si habrá tiro, que lo haya con los que tienen posibilidades. Enfrentarse y hacer caso a la chiquillada en las verdaderas batallas sólo significa engrandecerla, inflar globos sin gas.
Otra razón importante del ejercicio fue, amigos míos, para que el exdelegado del Bienestar, Huacho Díaz, mostrara músculo. ¿Acaso creen que no se sabía que arrasaría? ¡Por favor! No caigamos en ingenuidades.
Por supuesto que se sabía, por eso la intención de hacer el ejercicio fue justamente mandar varios mensajes de la fortaleza de Huacho entre sus correligionarios. Ahora que, entre la población, quién sabe; pero entre sus colegas de partido, la preferencia que obtuvo contra la que recibieron del segundo lugar para atrás puede ser un reflejo de lo que pasaría si el ejercicio se abre a la población general.
Fíjense cómo esos números y las diferencias enormes entre él y los otros, mejor dicho, las otras, son muy parecidos a los que arroja la encuesta de Massive Caller. Y de ahí viene otro mensaje: háganle caso a los estudios de esa casa encuestadora, podría decir Huacho, no se vayan con otras tantas encuestas maiceadas que han estado y seguirán saliendo como hongos después de la lluvia.
Otro mensaje emanado del ejercicio fue, evidentemente, para Renán Barrera. En efecto, mis amigos. Si el alcalde de Mérida estaba confiado en ir en caballo de hacienda, este ejercicio morenista le mostró que el caballo que tendrá enfrente también es corredor, en caso de ser el de San Felipe. Por supuesto que, visto así, el ejercicio es positivo para el edil meridano, a fin de no confiarse y pisar el acelerador.
Mensaje adicional a los mencionados es para la camarilla morenista, en el sentido de que no se hagan bolas, como diría su némesis Salinas de Gortari. Lo importante ahora es la definición para la gubernatura. Después vendrá lo demás, y háganle como puedan y peléense en el cuadrilátero que gusten. Primero lo primero.
El mensaje igual fue para Mario Delgad… no, perdón, lo que quise decir es que fue para quien tomará la decisión de definir al candidato de Morena a la gubernatura. O sea, fue un mensaje para Palacio Nacional. La Península no será 100% femenina, ni aun dependiendo de Morena, diría la misiva para ya saben quién.
Entre los destinatarios del mensaje están, asimismo, todos aquellos que se puedan sentir desplazados, como el amigo, el clavadista y otros. Podrán ver así que, si deciden cambiar de colores, deben enfilar sus naves a San Felipe, no a Tizimín. Que no se confundan de ventanilla.
Y, por supuesto, hay un destinatario más visible, en especial después del co’ox virar que hizo esta semana: el senador Jorge Carlos Ramírez Marín.
Como les decía hace un momento, estimados amigos, el ejercicio no lo saca de la jugada, para nada. El mensaje para él es que deberá afinar más sus artes negociadoras a fin de buscar espacios de importancia para los próximos seis años. Pero el senador, se los firmo aquí mismo, no irá por otra cosa que no sea la gubernatura, lo que nos coloca en un escenario interesante.
Recuerdan San Luis Potosí, ¿verdad? ¡Cómo no, hombre! En ese estado el Partido Verde fue por su cuenta, sin alianza con Morena. ¿Cómo que qué pasó? ¡Vaya con ustedes! Pues ganó. Sólo eso. Ricardo Gallardo gobierna San Luis Potosí desde 2021, postulado por la alianza PT-PVEM. No fue en alianza con Morena. Es más, el partido guinda se fue hasta un lejano tercer lugar. Gallardo obtuvo casi 38% de la votación y la candidata de Morena, Mónica Rangel, sólo 11%.
En efecto, eso quiero decir, como bien señalan: podríamos tener una elección tripartita el próximo año, como hace cinco. Y eso pone los pelos de punta a cualquier partido contendiente.
Miren, Mauricio Vila —PAN y MC— ganó con el 39.55% de los votos (447,557) y Mauricio Sahuí —PRI, PVEM y Panal— se quedó a un pelo, con 36.16% (409,174). Huacho Díaz —PT, Morena y PES— quedó en un no muy lejano tercer lugar, con 20.44% (231,330 nada despreciables votos), aun beneficiado por la ola del candidato AMLO. Esta vez, si bien no tendrá tanto ese factor a su favor, tiene uno más poderoso: ha hecho campaña los últimos cinco años. Los resultados que salieron a la luz anteayer en el ejercicio con los consejeros morenistas a eso obedecen.
Ahora bien, hay un factor adicional muy importante: si bien no jugó por la gubernatura, en su contienda por la senaduría Jorge Carlos Ramírez Marín alcanzó casi tantos votos como Vila para gobernador: 428,056. Estos cinco años le han servido para ejercitar el oficio para el que se pinta solo: la negociación, con el importante argumento que le dan esos votos y el valioso activo de haber sido el único priista que ganó el Senado.
Así que, mientras Huacho hacía el papel de Santa Claus en Yucatán, Ramírez Marín era Churchill en el Estado y en la capital del país. Veremos qué funciona más, la dádiva o la negociación.
Pero no olviden, mis amigos, que Ramírez Marín tiene una salida con la que Huacho no cuenta en caso de no alcanzar la candidatura de Morena: puede lanzarse por fuera, abanderado por el PVEM, como Gallardo en San Luis Potosí.
Y, entonces sí, ¡que Dios nos agarre confesados!— Mérida, Yucatán.
Correo: olegario.moguel@megamedia.com.mx
@olegariomoguel
*Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
