Filiberto Pinelo Sansores

¿A qué se llama democracia? A un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. ¿A qué se llama oligarquía? Al gobierno de unos cuantos ricachones. Los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto no fueron gobiernos al servicio del pueblo sino al de una minoría, la de los más encumbrados miembros de la sociedad.

Un análisis somero de cada uno lleva a esa contundente conclusión: gobiernos corruptos y elitistas que dejaron a su suerte al resto de los integrantes de la nación, aumentando la pobreza y la marginación.

Fox engañó al pueblo diciéndole que “iba a sacar al PRI de los Pinos”. Afirmaba que “con Salinillas ni al baño” y lo primero que hizo fue aliarse con el PRI, al grado de que, seis años después, con su ayuda y mediante fraude, impuso a su sucesor. Éste, el panista Calderón, a su vez, ayudó a Peña Nieto, su sustituto, vía otro fraude —a base de billetes sacados del erario y de ricos empresarios, sobre todo, extranjeros, ejemplo Odebrecht— a apoderarse de la presidencia del país. Esta es la “democracia” que ofrecen a México los partidos del Frente Amplio por México, pues son los mismos —junto con su cola, el PRD— que con su mascarón de proa, Xóchitl Gálvez, tratan de volver al poder.

Un cambio sustancial se produjo a partir de 2018 cuando el pueblo se cansó de esa rémora y se deshizo de ella, ejerciendo su voluntad. Por primera vez llegó al máximo poder del país un gobierno que no hizo fraude para lograrlo sino que accedió a él como fruto del voto de la abrumadora mayoría de los ciudadanos que acudieron a las urnas. Para quienes tienen mala memoria, el de López Obrador es el único gobierno que ha llegado a la dirección del país, en los últimos 100 años, sin transacciones ni “concertacesiones” con aquella camarilla. Y desde que la ocupa todas las elecciones que ha habido a lo largo y ancho del territorio nacional, de gobernadores, legisladores —tanto, federales como locales— o alcaldes han sido diáfanas, a diferencia de cuando gobernaban el PRI o el PAN, cuando quien ocupaba la presidencia del país era el principal promotor del fraude electoral.

En los cinco años y días que lleva esta administración no ha habido ninguna persecución política contra nadie. Quienes dicen que se persigue a periodistas, mienten, porque ninguno de quienes todos los días lo insultan soezmente o lo calumnian ha sido molestado, ni siquiera con el pétalo de un citatorio ante alguna autoridad del estado, para que responda por los agravios.

Ningún periódico o canal de televisión ha sido cerrado por atacar al presidente o publicar infundios en su contra. Lo único que éste hace, es responderles en su conferencia mañanera. Faltaba más que no tuviera ese derecho. Todos en el país han podido decir y dicen lo que quieren contra la imagen presidencial o la honra del presidente y su familia y ninguno ha sufrido ni sufrirá persecución alguna como ocurría en el pasado.

La derecha dice que vivimos en una dictadura; pero, oh, qué rara “dictadura” ésta en la que el “dictador” es vapuleado todos los días, hay libertad total de salir a la calle a manifestarse en su contra y muchas más libertades que cuando dichos sátrapas gobernaron.

La campaña de la derecha por regresar al poder se finca en la mentira. El publicista Carlos Alazraki, que estuvo de visita en Mérida y se explayó en las falsedades que suele decir cada vez que toma el micrófono, expuso, hace un año, la estrategia. En un video de su canal de YouTube, Atypical Te Ve, se le ve en plática con otra finísima persona, Roberto Madrazo, excandidato presidencial del PRI, célebre maratonista que en una competencia en Berlín, tomó un atajo para llegar a la meta primero pero fue descubierto y mundialmente exhibido, a quien con total desparpajo, dice: “Yo tengo la solución a nivel mercadotecnia. Esta campaña no se gana con publicidad, se gana con propaganda; mientras más mentiras des contra Morena, mejor te va”. Parece inaudito, pero si alguien no lo cree visite esta dirección: https://www.youtube.com/watch?v=ZdOQFak147c

Compárese la frase anterior con la de Joseph Goebbels, el jefe de propaganda de Adolf Hitler: “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá” y tendrá que concluir que lo que está ocurriendo en nuestro país es un desesperado esfuerzo de la oposición por meter en la cabeza de los mexicanos el mundo al revés.

¿Cuál es ese mundo? El de que quienes gobernaron confabulados con poderes fácticos enriqueciéndose cada vez más unos y otros y empobreciendo al pueblo, fueron buenísimos gobernantes y, en cambio, quienes lo hacen hoy con programas, sociales, obras de beneficio colectivo y resultados en todos los terrenos, son malísimos, están destruyendo a México y deben irse.

La derecha está desesperada. Por más esfuerzos que hace y miles de millones de pesos que gasta, pues tiene a su disposición las alforjas de importantes magnates a los que representa el señor Claudio X. González, poderosos medios de comunicación, tanto televisivos, como radiales y escritos más los recursos propios de los tres partidos que la integran, la campaña de la abanderada no sólo no levanta sino que se hunde cada vez más.

El golpe más seco lo recibió hace unos días de una encuesta publicada por un periódico que no puede ser reputado como impulsor de Morena o la 4T, “El Universal”.

La casa encuestadora Buendía & Márquez dio 30 puntos de ventaja a Claudia Sheinbaum sobre Xóchitl Gálvez la candidata de la oposición, en esa encuesta. No ha sido la única. Renombradas empresas del ramo han mostrado mediciones que dan ventajas a la candidata de Morena y aliados que se antojan irremontables.

Y es que por más que la derecha quiere dar a la presencia de su abanderada la frescura del huipil y el disfraz de ciudadana no lo consigue pues no puede ocultar que detrás de ella están los alitos, los markitos y los chuchos, cuyo interés es que sus partidos vuelvan a reinar como antaño lo hicieron.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

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