De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, la palabra tránsfuga significa desertor, el que cambia de partido o el que reniega de su grupo social.

El Diccionario también señala que tránsfuga “es la persona que abandona una organización política, empresarial o de otro género, para pasarse a otra generalmente contraria”.

Para fines de este análisis, prefiero utilizar la noción de tránsfuga en lugar de chapulín, trapecista o paracaidista político, ya que estos términos se usan de manera jocosa y hasta festiva, mientras que el de tránsfuga refleja con mayor propiedad la verdadera naturaleza o calaña de quien de manera olímpica y sin el mínimo decoro ha traicionado al partido que le dio generoso y rentable cobijo, pasándose con la mano en la cintura a las filas de otra organización política, justamente a la que hasta hace muy poco vilipendiaba con singular obstinación en la máxima tribuna legislativa de la nación.

Adivinaron, caros lectores y lectoras: aquí me refiero a quien fuera fiel priista y luego diputado panista Rommel Pacheco Marrufo, el mismo que hace unos días dio el brinco del blanquiazul al partido Morena, mostrando con creces su falta de principios político-ideológicos y su carencia de valores éticos.

Desde luego, los comentarios críticos que aquí se emiten aplican perfectamente a otros tránsfugas “de alcurnia”, como el senador expanista teibolero y hoy morenista Raúl Paz Alonso, la senadora expriista y expevemista Verónica Camino Farjat, hoy elegantemente vestida de guinda, así como el senador Jorge Carlos Ramírez Marín, priista de toda su vida con larga trayectoria administrativa y parlamentaria, quien hace poco dio el salto de rana a la 4T utilizando desaprensivamente como su catapulta al Partido Verde Ecologista de México.

(Al momento de escribir este editorial, se habían intensificado las versiones sobre el inminente brinco del amigo Libo a la 4T).

Pues bien, para comprender el impacto pernicioso que la cuestionable conducta de los tránsfugas políticos tiene sobre nuestra cultura política y sobre la vida pública en general, nos centraremos en el caso del clavadista que nunca obtuvo una medalla olímpica, pero que sí supo aprovechar su imagen mediática para sacarle jugoso provecho personal y desarrollar una rápida carrera política sin tener la militancia, la trayectoria ni mucho menos la preparación que se requieren para estos menesteres.

Como se recordará, Rommel Pacheco estuvo en el PRI durante casi 10 años. En 2021 dio el salto olímpico al PAN, que lo postuló para diputado federal por el III distrito, con cabecera en Mérida, ganándole al joven abogado morenista Óscar Brito Zapata por escasos 2,000 votos.

Si bien el citado brinco de Rommel no ha recibido el suficiente análisis crítico, ocurre que su reciente y oportunista adscripción a Morena representa una ocasión propicia para comprender hasta dónde puede llegar la falta de principios y la ambición por el poder entre los tránsfugas de toda laya, máxime si en el caso de Rommel se añaden dos agravantes que hacen incomprensible y cuestionable el apapacho con el que ha sido recibido por los jerarcas de Morena, incluyendo a la mismísima aspirante presidencial Claudia Sheinbaum. Me explico enseguida.

El primer agravante consiste en que el hasta hace poco flamante diputado panista era el furibundo adversario de la 4T que después de votar en contra de la reforma eléctrica, una propuesta estratégica del Presidente AMLO, festejó eufóricamente la derrota de éste junto a sus otrora correligionarios.

Pero la cosa no para ahí. Rommel también se opuso al plan A y votó en contra del plan B, que se refieren a las propuestas de reforma electoral de hondo calado impulsadas infructuosamente por el Ejecutivo federal, ya que fueron abortadas por la cerrazón del llamado bloque de contención PRIANRD y del cual el inexperto legislador era fiel integrante.

El segundo agravante ilustra de maravilla la falta de calidad moral en el tránsfuga que es Rommel Pacheco. Sucede que mientras seguía navegando en el PAN, al famoso clavadista sin medalla olímpica alguien le sopló al oído la burda idea de que repetir como diputado federal e incluso ser senador de la República eran poca cosa para él, por lo que se inscribió en el proceso interno del PAN para la elección del aspirante a la gubernatura, aun a sabiendas de que la disputa final para este encargo se iba a dar entre Renán Barrera Concha —respaldado por las amplias bases panistas—, y el amigo Libo, el preferido del gobernador Mauricio Vila y respaldado financieramente por un poderoso sector de la burguesía yucateca.

Aunque habría que exigirle al PAN que revele los porcentajes que cada participante del citado proceso obtuvo en la encuesta, el hecho es que Rommel, al igual que los demás aspirantes, firmó su compromiso de respetar plenamente los resultados, por lo que el salto dado hacia Morena revela que ha traicionado su propia palabra, todo en aras de sus desbordadas ambiciones personales.

Habrá tiempo para examinar a quién o a quiénes benefician o perjudican los brincos desaseados de los tránsfugas en comento, en este triste mercado politiquero en que se ha convertido la disputa por el poder en Yucatán.

Por lo demás, creemos que cuando la sociedad ve con indiferencia o naturaliza no solo la corrupción y el tráfico de influencias, sino también las prácticas políticas del chapulineo y del transfuguismo, entonces se concluye que aquélla ha perdido el faro de los principios y de los valores que deben regir la esfera de la función pública y de la política en general.

Al tiempo.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.

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