Las niñas y los niños en muchas ocasiones se enfrentan a peligros diversos que lastiman sus derechos, inocencia y sentimientos. Lo lamentable es que en muchas ocasiones esas agresiones y abusos vienen de los adultos.
Hay muchos menores que viven cotidianamente los malos tratos por parte de sus padres. Inmersos en la violencia familiar, madre e hijos viven un calvario que los lastima emocionalmente y a los pequeños les daña su formación.
Sin afecto, ni alimentación adecuada e incluso abandonados hay menores que deambulan en la calle pidiendo limosna o vendiendo golosinas. Esto representa sufrimiento y daños severos en las emociones, pues ese calor de hogar, ese abrazo paternal o ese bocado que se les niega lastiman los sentimientos y sus derechos infantiles.
Por tanto, esos menores son víctimas fáciles para caer en la delincuencia, el alcohol, las drogas o la prostitución. Incluso, hay tanta falta de afecto hacia el hijo o la hija que hay madres que por unas monedas para seguir ingiriendo licor los ven como una mercancía para el mejor postor y, por su parte, algunos malévolos padres o padrastros abusan de la inocencia infantil.
Sin embargo, en las escuelas los niños pueden vivir también violencia física y emocional. El “bullying” se ha intensificado como una forma de agredir a determinados pequeños por su timidez, color de piel, religión o aspecto físico.
Lamentablemente, a veces el bullying se da del maestro al niño, sea con apodos o recalcando con ofensivos calificativos su dificultad de aprender. Esto daña la autoestima del alumno o alumna y estos niños sienten temor al maestro, rechazo a la escuela y desórdenes de conducta.
Los profesores, en su gran mayoría, realizan una labor encomiable, pues fortalecen la educación y los aprendizajes que llevan los niños a la escuela. Sin embargo, no faltan quienes abusan de la autoridad en el aula y pueden desencadenar malos tratos, ofensas e incluso abusos a los menores.
Un escándalo reciente de abuso sexual a una niña de seis años de edad, en la escuela “Club de Leones No, 2” de Valladolid, que involucra al maestro de la menor y a la directora del plantel prenden las luces de alerta y sacuden a la sociedad.
¿Por qué esa agresión a la pequeña? ¿Qué oscuros motivos hay detrás de esta acción para lastimar física y emocionalmente a la escolar?
De acuerdo con la denuncia de la madre, el profesor llevaba a su alumna a la dirección de la escuela para que la directora la acariciara con malicia. De acuerdo con el estudio médico, sí hubo huellas de esos tocamientos.
La acción denunciada es reprobable y causa inquietudes en la comunidad escolar. Ya la directora de la escuela involucrada fue detenida y el profesor está prófugo. La huida del mentor lo pone en la silla de los acusados. ¿Por qué huir en vez de declarar ante la justicia y aclarar la situación si hay algún mal entendido en la denuncia por abuso infantil?
Es extraña esa complicidad de un profesor y una directora para cometer ese abuso en contra de una pequeña. Quizá por eso hay algunas personas que defienden a la directora al señalar que a pesar de ser “estricta” no aceptan que cometiera una acción de tal magnitud. Sin embargo, la niña señala lo que vivió y, además, hay pruebas de ese manoseo lascivo.
Siempre en Valladolid, una menor de once años denuncia por las redes sociales el infierno que vive con su padrastro, pues en una carta pide ayuda: “estoy triste, muy mal, me quiero morir porque mi padrastro me toca y no me gusta…” Aunque no se le ha identificado se presume que es alumna de la misma escuela en donde presuntamente se dio el abuso sexual de la menor de seis años.
¿Qué está pasando en algunas escuelas con algunos mentores, en las casas con algunos padrastros y algunas madres y padres de familia o en las calles con algunas personas que en vez de proteger, educar, cuidar y vigilar a los niños los menosprecian, los agreden y abusan sexualmente de ellos y ellas?
Los adultos debemos mirar a los niños y niñas como los padres, madres, profesionales y ciudadanos del futuro cercano. ¿Qué adultos queremos en la sociedad para que ésta avance en la educación, la productividad, la democrática y hacia una sociedad emocionalmente sana?
Estos casos y otros similares son un llamado de atención para los adultos. Un S.O.S que envían los menores para cambiar actitudes hacia ellos y ellas. Hay que reflexionar sobre esto, pues los niños y niñas, lamentablemente, viven en peligro constante por la violencia, el menosprecio, la falta de atención a sus necesidades y por los abusos que, muchos, sufren a diario. Los niños y niñas merecen un mejor presente para lograr un mejor futuro.— Mérida, Yucatán
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