Ana es una mujer soltera, de 30 años de edad, con un trabajo estable producto de una base laboral en una dependencia federal.
A raíz de una fiesta de amigos en común conoce a Fernando, un empresario exitoso del ramo inmobiliario, de 45 años, casado y con dos hijos mayores de edad.
En aquella fiesta Ana y Fernando platican, conviven y quedan en volverse a ver para tomar un café. Finalmente, después de dos meses de verse, inician una relación bajo la promesa de Fernando de que dejaría a su esposa muy pronto ya que su relación iba muy mal.
El señor debido a su alta capacidad económica constantemente le obsequiaba regalos costosos y viajes a Ana. Dos años de relación habían transcurrido cuando Fernando le dijo: “Ana, a fin de vivir juntos y para que yo no tenga que estar preocupado por ir al día siguiente a la oficina voy a comprar una casa en la que quiero que vivas y yo pueda estar contigo de lunes a viernes”.
Es así como comenzó Fernando una rutina personal que consistía en dormir de lunes a viernes en la casa que le compró a Ana y los fines de semana en casa de su todavía esposa, con quien tenía una relación más que distante la cual continuaban de común acuerdo sólo por las apariencias. Durante diez años de convivencia Ana y Fernando salían a cenar, al cine, al teatro, de vacaciones, a pescar, fiestas, reuniones, año nuevo, siempre tomados de la mano o abrazados mostrándose públicamente como una pareja aunque sin estar casados.
Fue durante ese lapso de tiempo que Fernando le pidió a Ana que dejara su trabajo para que se ocupara de la casa y de él y que a cambio le proporcionaría el doble de lo que ganaba de manera mensual para sus gastos. Ana accedió. Nunca tuvieron hijos.
Hace unas semanas le diagnosticaron a Ana un tipo de cáncer muy agresivo que en pocos meses termina deteriorando su salud y su apariencia física. En esos días Fernando se presentó a la casa que le había comprado a Ana y le dijo “ Ana no puedo continuar con nuestra relación debido al estado en el que te encuentras, además sabías que tengo esposa”. Finalmente terminaron su relación y dejaron de cohabitar.
¿Tiene Ana derecho a una pensión alimenticia a pesar de que Fernando está casado con otra persona?
Pareja de hecho
Cuando se acredite la existencia de una pareja que conviva de forma constante y estable, fundada en la afectividad, la solidaridad y la ayuda mutua, deberán aplicarse las protecciones mínimas que prevé el derecho de familia para el matrimonio y el concubinato ya que el derecho de alimentos no es exclusivo de estas relaciones y no se puede excluir a la mujer del derecho a una pensión alimenticia que le garantice su subsistencia en casos como los que acabados de describir sólo porque no está casado o viva en concubinato.
Es así que cuando en un procedimiento familiar no se acredite el matrimonio o concubinato, pero se demuestre que existió una relación en los términos mencionados en el caso descrito líneas atrás, donde la mujer tuvo la misma situación que una cónyuge y se dedicó exclusivamente a las labores del hogar, debe otorgársele el derecho a una pensión alimenticia en el mismo modo y en los términos en los que una esposa o concubina pudiera recibir por dedicarse en exclusiva a las labores del hogar y no tener medios para subsistir por sí misma.—Mérida, Yucatán
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Doctor en Derecho, Titular del Despacho RUBÉN OSORIO & ASOCIADOS
