Todos los años para estos días, la tradición maya del Hanal Pixán acapara la atención de las familias de la península yucateca.

En comunidades rurales y en las ciudades también, se espera con ansias la llegada del día de los fieles difuntos.

Prevalece la tradición de organizar las ceremonias para recibir a los espíritus que retornarán a lo que fue su hogar.

Hay que preparar las comidas que más les gustaba, como el pib, los tamales, el relleno negro, el escabeche, el atole nuevo, y otros alimentos propios de esta región.

¿Algunas prácticas han cambiado? Naturalmente que sí, en los últimos años han llegados a la tierra de los mayas, familias procedentes de otras entidades del país y del extranjero.

Que las personas hayan seleccionado nuestra península para vivir, no quiere decir que nosotros olvidemos las tradiciones, costumbres y valores de nuestra cultura ancestral.

No olvidemos que cuando los pueblos pierden sus valores culturales, lamentablemente pierden su identidad y eso es grave porque empiezan a vivir sin un pasado glorioso.

Albert Einstein, el sabio alemán quien creó la teoría de la relatividad y premio Nobel de física en 1921, en su libro “Mi visión del mundo”, reconoce el valor de las tradiciones de su grupo étnico, con más de dos mil años de historia.

En la “Relación de las cosas de Yucatán” (1560), el obispo franciscano Diego de Landa, evangelizador y obispo de Yucatán, escribió: “Que esta gente ha creído siempre en la inmortalidad del alma más que otras muchas naciones, aunque no haya sido de tanta policía, porque creían que después de la muerte había otra vida más excelente de la cual gozaba el alma en apartándose del cuerpo”.

En ese contexto, los pueblos mayas realizaban prácticas culturales, algunas se conservan en la actualidad como el Hanal Pixán, comida de difuntos.

En nuestros días, valores, costumbres y tradiciones mayas se han perdido y otros como la lengua maya, corre el riesgo de perderse por varias razones, una razón es porque los grupos que mantienen el poder político y económico en la península, en los últimos 170 años, son los herederos de la cultura occidental.

Otra causa de la pérdida de los valores culturales de los pueblos mayas tendría probablemente que ver con las propuestas económicas, políticas, sociales y culturales, de los gobiernos que, tienden a privilegiar las tradiciones extranjeras y colonialistas.

Hasta donde se puede reconocer, las instancias que tienen la responsabilidad de fomentar y fortalecer los valores de nuestra cultura ancestral, se concretan en comercializar la cultura, privilegian el mercantilismo y el folclorismo, para el deleite de los turistas nacionales y extranjeros que visitan nuestra entidad.

Si no se atiende la cultura de las comunidades rurales e indígenas de Yucatán, con el arribo masivo de turistas por el Tren Maya, en poco tiempo las tradiciones y costumbres de los pueblos mayas, será sólo una historia.

Es digno reconocer el papel de la Iglesia Católica que promueve prácticas culturales con la realización de las fiestas tradicionales de los pueblos en las tres entidades de la Península de Yucatán.

Con las fiestas dedicadas a los santos patronos, en las comunidades se preservan y se fortalecen muchas actividades culturales y artesanales, como el bordado de la vestimenta de las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres adultas y, en el contexto del sincretismo cultural, los gremios.

También se conservan los guisos, bebidas tradicionales como el atole nuevo y el pinole; elote pib y salcochado, dulces, y la elaboración de hamacas, ramilletes y corridas de toros.

En el caso especial del Hanal Pixán es admirable que hasta hoy continúe su práctica.

Pese al elevadísimo costo de los productos básicos para elaborar las comidas, los atoles, tamalitos y pibes, muchas familias en los tres estados que conforman la Península de Yucatán, que tienen su origen maya, celebraron con fe y respeto las ceremonias de los fieles difuntos, los días 30 y 31 de octubre y el 1 de noviembre.

Estudiantes de la Licenciatura en Educación Preescolar y Primaria para el Medio Indígena, que se imparte en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 31-A, en sus sedes de Mérida, Valladolid y Peto, realizaron una intensa campaña en sus comunidades para fomentar la demostración de altares y el Hanal Pixán.

Los estudiantes tomaron el acuerdo de visitar a las autoridades de sus comunidades para que no se promuevan “concursos de altares”.

Los estudiantes están convencidos que el Hanal Pixán es un valor cultural de los pueblos mayas y es incorrecto que se realicen concursos de altares. Lo que se debería de promover son demostraciones de altares.

El altar más humilde, cuando se instala con devoción, buena voluntad y respeto, cumple con el propósito fundamental. Es un valor cultural de respeto al Hanal Pixán.— Mérida, Yucatán

chilambalam945 @hotmail.com

Maestro de la Universidad Pedagógica de Mérida

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