La Franja de Gaza se está convirtiendo en un cementerio de niños. E l desarrollo de la catástrofe hace que la necesidad de un alto al fuego humanitario sea más urgente cada hora que pasa. Las partes en conflicto y la comunidad internacional se enfrentan a una responsabilidad inmediata y fundamental: poner fin a este sufrimiento colectivo inhumano y ampliar drásticamente la ayuda humanitaria a Gaza, Antonio Guterres, Secretario General de la ONU
De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española, el término indiferencia refiere a un estado de ánimo en el que no se siente inclinación ni rechazo hacia una persona, objeto o asunto determinado.
En ciertas circunstancias, la indiferencia está íntimamente relacionada con otras actitudes del ser humano, como la falta de empatía o de plano mostrar insensibilidad deshumana ante el dolor y el sufrimiento ajenos.
Así, indiferencia, indolencia y apatía serían las actitudes prevalecientes en las personas que, por su impasibilidad de ánimo o por la simple comodidad en que viven, han perdido la capacidad de conmoverse o de indignarse ante hechos o situaciones que afectan gravemente a otros seres humanos en cualquier parte del mundo.
Las referencias anteriores vienen al caso con motivo de los horrendos sucesos que se vienen dando en Palestina, específicamente en la Franja de Gaza, populoso enclave en el que se ha configurado un verdadero genocidio perpetrado por el gobierno israelí y su principal patrocinador los Estados Unidos.
En muchas partes del mundo se ha intensificado un clamor multitudinario que exige el cese de los aterradores ataques y bombardeos contra la Franja de Gaza, que, al decir del Secretario General de las Naciones Unidas, “han alcanzado a civiles, hospitales, campos de refugiados, mezquitas, iglesias e instalaciones de la ONU, incluidos refugios: nadie está a salvo.”
Otra sentida demanda de la comunidad internacional plantea la apertura de los corredores humanitarios y la llegada sin obstáculos de la ayuda mundial consistente en alimentos, agua, combustibles, ropa, medicamentos y materiales de curación, que son indispensables para la sobrevivencia de decenas de miles de atribulados palestinos.
Para protestar por los efectos devastadores de este terrible conflicto que raya en la barbarie y sumarse a la exigencia de un alto inmediato al fuego, un importante núcleo de antiguos activistas políticos-sociales acudimos a una manifestación pacífica el domingo 5 de noviembre al pie del Monumento a la Patria, sumándonos así a la convocatoria que hicieran por las redes sociales diversos colectivos de jóvenes profundamente indignados por los trágicos sucesos en comento.
La participación en dicha protesta nos lleva a reflexionar sobre la indiferencia y apatía que prevalece en la mayoría de los yucatecos ante tanta muerte, sufrimiento y destrucción en Palestina, lo cual debe mover la conciencia crítica de la humanidad y concitar su enérgica condena.
La actitud indolente y nada solidaria de la sociedad yucateca se expresa en el silencio y la inacción de sus organizaciones e instituciones, que muchas veces se asumen simulada e hipócritamente como la conciencia crítica de la propia sociedad.
Así las cosas, no nos sorprende, por ejemplo, el silencio sepulcral o la plena impasibilidad de las instituciones de educación superior —públicas y privadas— que si bien dientes para afuera suelen cacarear que propician la formación del pensamiento crítico en las nuevas generaciones, en los hechos sus directivos y académicos prefieren mantenerse ajenos ante la tragedia palestina y otras calamidades que sufren los seres humanos, así como disfrutar sin mínimos sobresaltos los nichos de confort en sus oficinas y cubículos.
De igual forma, la mayor parte de la llamada intelectualidad yucateca, en sus diferentes campos y tendencias, lejos de alzar la voz de protesta ante los crímenes de lesa humanidad que estamos presenciando, sólo buscan acomodarse convenencieramente en los futuros espacios que derivarán de la actual disputa por el poder político en la entidad.
Asimismo, los flamantes colegios de profesionistas — tan divorciados como están de los problemas económicos y sociales contemporáneos— también muestran total indolencia ante el triste tema que nos ocupa y sólo se regodean en desayunos y comilonas, en los que casi siempre prevalecen los mutuos elogios entre sus líderes e integrantes.
Finalmente, las famosas organizaciones de la sociedad civil de corte derechista o vinculadas a la iglesia, sólo alzan la voz o salen a las calles cuando le conviene a sus intereses político-ideológicos, como denostar a los nuevos libros de texto gratuitos, manifestar su rechazo a lo que ellas llaman “ideología de género” o de plano oponerse a los legítimos derechos de la comunidad Lgbtti.
En resumen, la deshumanización de los individuos —con alto poder o sin el mínimo de éste— no sólo se expresa en las atrocidades que cometen Israel y los Estados Unidos contra el pueblo palestino, o bien los rusos contra los ucranianos; también se manifiesta en la pérdida de la capacidad para indignarse y movilizarse ante estos terribles hechos que sacuden al mundo contemporáneo.
Como quiera que fuere, y en un análisis ético más profundo, la indiferencia y la indolencia que suele apoderarse de muchos de nosotros no sólo se traducen en silencio e inacción convenencieros: también implican un cierto grado de complicidad política y moral ante graves situaciones de desigualdad, abusos, violencia extrema, injusticia, genocidio, despojo y exterminio que sufren individuos, grupos, etnias o pueblos enteros.
Pero mientras el grueso de los yucatecos y sus organizaciones se solazan en el discreto encanto de la indiferencia, viejos y jóvenes activistas, en loable sinergia de rebeldías, protestaremos pacíficamente frente al consulado de los Estados Unidos en esta ciudad. La cita es este viernes 10 de noviembre a las 11 horas.—Mérida, Yucatán
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Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán
