Otro año termina y empezamos a pensar en el que viene.

Son épocas en las que, en términos de contabilidad, elaboramos nuestro estado de resultados. Analizamos cómo nos fue durante estos últimos doce meses en salud, familia, economía y política, para planear lo que deseamos para el próximo período anual.

Probablemente tuvimos metas por cumplir, que no se aterrizaron, como pudo ser quizá bajar de peso, hacer más ejercicio o emprender nuevos retos en lo económico, pues al hacer un resumen anual de resultados lo más seguro es que hemos quedado a deber.

En términos económicos sucede algo por demás parecido sobre todo que es el fin del año y se acerca el término del sexenio. Por ejemplo, en la administración pública nunca hay un presupuesto suficiente para abatir el rezago de la nación en muchos rubros como corresponde a un país emergente. Los planes de desarrollo son prometedores cada sexenio, pero no terminamos de “dar el estirón” como la economía número 11 del mundo, lugar en el que nos encontramos según comenta la secretaria de Economía de México, Raquel Buenrostro.

En el caso del actual gobierno electo en 2018, fueron muchas y grandes la esperanzas de gran cantidad de electores de que la situación del país, la propia y la de cada familia mejore o cambie.

Los números a fin de sexenio se puede decir que si bien no son excelentes, son bastante potables y esperanzadores. A grandes rasgos tenemos que la cotización de la moneda mexicana en el mercado internacional y su robustez ante el dólar norteamericano da mucho de qué hablar sobre el estado de la economía y de la administración pública. La inflación en el país frenó su desaceleración y se ubicó en 4.32 % en noviembre.

El pronóstico de la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) anda por 3.4%. Si usamos el parámetro del Índice de Desarrollo Humano (IDH), creado por el premio Nobel Amarya Sen, ocupamos el lugar 74 entre 189 países, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ( PNUD).

El IDH tiene en cuenta tres variables: vida larga y saludable, conocimientos y nivel de vida digno.

Definitivamente no nos encontramos en el paraíso terrenal pero tampoco en un tobogán sin retorno, pues parecen buenos números (aunque en términos de seguridad mejor no hablamos por el momento) para un agitado sexenio donde una pandemia mortal asoló la salud y la economía de México y de todos los países del planeta desde los del primer mundo hasta los del tercero, sembrando el pánico y el terror, donde la mortandad se encontraba en tasas galopantes. En términos económicos se esperaba ocurriera lo peor.

Parece que el gobierno en turno terminará su período sin sobresaltos mayúsculos, máxime si comparamos la situación actual con la de finales de sexenios anteriores donde grandes devaluaciones y caos económicos han surgido de manera casi cíclica.

Las cifras parecen indicar que esos tristes acontecimientos no tienen gran posibilidad de ocurrir.

En cuanto a las famosas grandes obras del actual gobierno, se tiene el cronómetro calibrado por la sociedad para observar si se concluyen al 100% o no. La refinería de Dos Bocas aún no se termina, aunque el pronóstico es que se acabe antes del final del período sexenal, pero muchas dudas existen al respecto.

El Tren Maya, por lo consiguiente, avanza y avanza, pero aún no llega. Esperemos que, por el bien del país y sus ciudadanos esas y otras grandes obras se concluyan y tengan el éxito pronosticado, pues serían como un regalo de Santa Claus a los mexicanos. Pero nuestra nación dista mucho de ser un Edén.

En materia de seguridad el avance lamentablemente sólo se ve en cifras y estadísticas probablemente maquilladas y no es el sentir generalizado de la población. Grandes zonas del país tienen una sensible crisis de gobernabilidad que ahuyenta al más valiente o temerario de los empresarios o de los mismos pobladores.

Datos del Inegi marcan que en el país existen 25.9 asesinatos por cada 100,000 habitantes, una de las tasas más altas del continente, comparable a las de Brasil o Colombia, por tamaño y población.

Esperemos que tanta estrategia gubernamental llevada al cabo funcione, pues no se nota gran avance sobre todo cuando vemos los noticieros en todos los medios de comunicación.

En nuestro estado gozamos de una famosa y notable diferencia entre la seguridad en la entidad y otros lares como por ejemplo “Tierra caliente”, en el sur de la república, donde inclusive grupos de autodefensa surgen para procurarse protección ante la incapacidad del Estado de proporcionarla. Esperemos que en nuestro estado el estatus de “safe and security” se mantenga para siempre. Es más, que también mejore, de ser posible, para evitar excesos como los que ocurren en algunos retenes sobre todo los del alcoholímetro.

Hagamos nuestra carta a Santa Claus pidiendo lo mejor para el país y por ende para nosotros y nuestras familias y ojalá no escuchemos noticias tristes sobre inseguridad.

En Yucatán eso seguro no pasará pero no puedo apostar a que no ocurra en otras entidades federativas. En lo político ya mero llega Santa Claus y trae un fin de sexenio esperanzador. ¡Feliz Navidad!— Mérida, Yucatán.

Ingeniero, valuador, Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas

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