Ese Santa es más buena gente. Respondió la carta que le envié la semana pasada, a pesar de la premura. Ignoro cómo lo logró, pero se dio el tiempo de escribirme. En términos generales me dice que yo mismo iré descubriendo al paso del tiempo si obtendré lo que pedí, y dependerá más de mí que de terceras personas.

Responder la carta, con ese mensaje además, es un gesto que despierta mi gratitud hacia el vetusto personaje.

Por si lo que hizo resultara poca cosa, nuestro gordo amigo fue más allá. A mis años sigue representando un misterio cómo hace ese caballero para que ciertas cosas sucedan. Qué sortilegio invoca para enterarse de los deseos de uno, aun cuando no se incluyen en una carta, es uno de los grandes enigmas de este y muchos tiempos. Pues esta vez el pícaro lo hizo de nuevo.

Bajo el árbol me dejó un libro; sí, un libro que al verlo me hizo pensar que ese gordinflón tiene un algoritmo que le permite, como los teléfonos y las computadoras, escuchar las conversaciones. En ocasiones asusta pensar que, más que las conversaciones, nuestros pensamientos son captados por quién sabe qué duendes computarizados.

“Un mundo nos vigila”, decía Pedro Ferriz Santacruz. No desde el espacio, como aseveraba, sino desde los dispositivos electrónicos. Pues este sujeto de traje rojo y risa grave parece llevar un detector de deseos en su cinturón negro o en el gorro, porque le dio al clavo con el libro que me dejó junto al Nacimiento.

“Gato por liebre”

Pues bien, el pequeño ejemplar es el motivo de mis desvelos desde el día 25. Se trata de la nueva obra que lanzó en el mes que está por terminar el claridoso analista político Mauricio Merino, “Gato por liebre”, de editorial Debate.

Si usted, como yo, se ha preguntado el alcance de algunas palabras muy sobadas por los políticos, como aquella tan abarcadora que es “pueblo”, en esta obra, Merino, con su conocida lucidez y transparencia, coloca un reflector sobre este y otros conceptos propios del lenguaje manido de los políticos. Una obra indispensable para los tiempos electorales que se han venido sobre nosotros como un vendaval que no cesará hasta la segunda mitad de 2024. Es, en efecto, un libro para pensar, reflexionar y disfrutar.

Debido a que la política trata de la forma como nos organizamos los humanos en sociedad, nos estamos enfrentando a algo inasible, casi etéreo. ¿Qué es sociedad? ¿Qué es comunidad, pueblo, participación ciudadana y un largo etcétera? No son sino conceptos. No es algo que podamos tocar, ni siquiera que podamos ver con una forma determinada. Difícil concebir otra disciplina humana que recurra tanto a los conceptos para explicarse, como la política.

Son, además, conceptos de algo en perpetuo movimiento. Las sociedades son como ríos, nunca la misma agua. Lo mismo las elecciones y los regímenes políticos. Votar por un partido, un candidato o una idea no es garantía de que siempre será así. Las sociedades y los individuos van modificando comportamientos e ideas y las maneras de expresarlas por medio de los instrumentos a su alcance dentro del marco institucional.

Todo lo dicho hasta ahora no son sino concepto. Por eso la política es más fácil entenderla por las carencias que por las presencias. ¿Qué es una sociedad democrática? Difícil de explicar. Pero cuando hay ausencia de ella, no se necesita detallar: enseguida se resiente.

La obra de Merino se presenta como un compendio de conceptos que, a su decir, no se emplean en forma correcta en el lenguaje político, o más aún, se usan a conveniencia. En las páginas de la pequeña obra expone lo que a su entender son esos conceptos, basado en los largos estudios y experiencias que lo acreditan como una voz calificada para hablar de temas de política desde el análisis.

Conceptos de lo político

En veintiséis breves capítulos, uno dedicado a cada concepto, el analista expone sus impresiones lo mismo sobre “pueblo” que “democracia”; “corrupción” que “neoliberalismo”; “votos” que “transformación”.

La obra es de rabiosa actualidad y, a la luz de los acontecimientos políticos en México, nos explica y alerta sobre desempeños poco optimistas para el futuro democrático. “…observo —dice— que el mundo viene de regreso hacia la restauración de sistemas autoritarios”.

Volvemos a la escasa claridad de conceptos en los regímenes democráticos, empezando por el famoso demos kratos que da nombre al sistema. “¿Qué es el poder del pueblo? Puede ser cualquier cosa y a la vez ninguna”, sostiene Merino, no sin razón. Y de ahí derivamos a “pueblo”, un concepto que, desde el advenimiento de la lucha de clases ha recaído en los más desfavorecidos, lo que convierte al término de marras en el más usado por los políticos, principalmente aquellos que se dicen de izquierda.

¿Quién puede criticar al que promete actuar en favor de los más desfavorecidos? En los tiempos actuales, sin embargo, ese lado de la moneda se ha complementado con la otra cara que los populistas califican deliberada y mañosamente, para quitársela de encima, como la antítesis del pueblo bueno, sabio, desfavorecido y siempre sometido: la sociedad civil.

En este sentido, sostiene Merino, de nuevo con certeza, que “la expresión ‘sociedad civil’ está bajo asedio, pues se ha convertido en el opuesto de la palabra pueblo”.

Para llegar al concepto pueblo, el autor hace un análisis digno de elogio —sin agraviar al libro entero— del concepto pobreza y cómo se convierte en el obstáculo principal para participar en la vida cívica, pues “lidiar con la pobreza es una ocupación de tiempo completo”. No hay tiempo ni ánimo para enfrascarse en otros asuntos, por ejemplo, la participación ciudadana.

La obra, pues, que Santa Claus tuvo la gentileza de dejar bajo el árbol, es de lectura obligada para comenzar el año electoral. Contribuirá a que el lector refuerce su carácter analítico y crítico de ese fenómeno inasible que, no por serlo, deja de afectarnos a todos más que ninguna otra actividad humana.

Ah, también me dejó una playera de los Looney Tunes, los originales.— Mérida, Yucatán.

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*Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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