Estoy completamente segura de que este jesuita argentino cuando a los 76 años se convierte en el Papa número 266 de la Iglesia Católica y primer hispanoamericano en serlo, que además elige llamarse Francisco como el Santo de Asís, demuestra como en un corte transversal la madera de la que estaba hecho desde el minuto que se asoma al balcón de la Basílica de San Pedro y pide: “Oren por mi”.

Venía con una visión distinta y cercana de las verdaderas necesidades de la Madre Iglesia, por su contacto permanente con la periferia del pueblo cristiano y sus verdaderas necesidades. Humildad, compasión y apertura han marcado su papado.

Para mí es el Buen Pastor. “El Pastor Valiente”. Y así, el 4 de octubre hace 26 meses, da inicio en Roma su mayor apuesta en el convulso mundo de hoy, el Sínodo 2021-2024. “Por una Iglesia sinodal, comunión, participación, misión”. Octubre 2024 entraremos a la fase final”.

Su Santidad lo considera un proceso. “Le pedimos al Espíritu Santo nos ayude a discernir la voluntad del Señor para su Iglesia”. El objetivo: la madura reflexión sobre las necesidades de la Iglesia y los católicos practicantes de hoy.

El Papa lo apuesta todo en un esfuerzo por cambiar la catolicidad a un nuevo modo de ser. “Más participativa, menos vertical, más a la escucha de todo el pueblo de Dios”. Alguien ha dicho que la preparación a este sínodo es el más grande proceso de consulta de la historia humana.

Desde esta edición, ya deja de ser una reunión que principia y concluye en Roma. Ya no es más tampoco, símbolo de un encuentro solamente de eclesiásticos; los laicos ya tenemos voz, y en especial, las laicas.

Por eso digo que Francisco es el “Pastor Valiente” que arriesga la vida por sus ovejas. Los ataques en su contra, fueron inmediatos. Los sectores conservadores, internos y externos, especialmente de Estados Unidos, califican de inmediato al extraordinario proceso como “un asalto a la Iglesia católica, o una caja de Pandora que quiere demoler a la Santa Madre Iglesia”.

La resistencia al cambio es muy humana y natural. Poco a poco se ha ido superando. El Santo Padre afirma que la Iglesia es un “hospital de campaña, y que hay que atender a quienes la necesitan, condolerse con los que sufren, y no poner como prioridad juzgar y condenar cuestiones de doctrina y de moral”.

Estas palabras pudieran ser escritas en piedra para aquellos que endurecen su corazón y olvidan que “la misericordia de Dios, es mas grande que su justicia”.

¿Qué es lo que marca la diferencia entre el “Pastor Valiente” y sus antecesores? Que los sínodos con Juan Pablo II y Benedicto XVI fueron siempre totalmente controlados. No había espacio ni para discutir, ni para opinar de los temas.

El Papa Francisco desde su primer sínodo, en 2014, inaugura una dinámica que permite a todos expresarse con libertad y hablar sin temor. Sacude al extremo las cosas y pide a los delegados que lo hagan con la verdad.

“El sínodo va a permitirnos ver cómo oye hoy la Iglesia la voz de todos, la de las mujeres, la de los homosexuales, la de los discriminados por su raza o condición social, y cómo les habla o no, con un lenguaje contemporáneo sobre la verdad y la caridad del evangelio.”

Se reflexionará en qué se necesita para que la Iglesia sea actuante y pensante, en un mundo que ha transitado a una velocidad que rebasa con mucho, los alcances de las antiguas estructuras y los cansados vagones. Hay que atraer nuevamente a los jovenes. Ellos son prioridad.

“Se discutirá la posibilidad del diaconado femenino, el acceso al sacerdocio para hombres casados, la integración de los católicos con orientaciones sexuales diversas, y los castigos para quienes abusen del poder, de la conciencia o del dinero dentro de la Iglesia”.

Sabemos de antemano que será imposible resolver todos los asuntos en un mismo ciclo. Pero “el viaje de mil millas comienza con un paso” y el rejuvenecimiento de nuestra Santa Madre iglesia ha empezado ya, con este nuevo camino Sinodal de la mano del “Pastor Valiente” que nos ha tocado, dándonos el maravilloso y bendito privilegio de caminarlo junto a él.

Oremos por todos ellos, deseando que el Espíritu Santo los ilumine y permita a la Barca de Pedro, seguir avanzando como lo ha hecho a través de los siglos, en los mares más procelosos de la era cristiana. Y saliendo siempre triunfante.

Gracias mil por la atención prestada a su servidora en este 2023.

¡Feliz Año 2024! Paz y Bien para todos.— Mérida, Yucatán.

maica482003@yahoo.com.mx

Abogada y escritora

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