Edgardo Arredondo Gómez (*)
¡Qué desgraciados seríamos si no estuviéramos orgullosos de nuestros antepasados! —Laure Conan
Mientras los pueblos que conformaban Europa hacia el siglo VIII presentaban el letargo del llamado medievo y una China aislada y pertrechada escondía sus avances, en el otro lado del mundo, aquí en América, una ciudad maya enclavada en el norte de la Península de Yucatán florecía con todo el esplendor propio de una civilización mucho más avanzada en su arquitectura, ya no se diga en sus conocimientos astronómicos y matemáticos: Ek’ Balam.
El significado más aceptado de Ek’ Balam es: Lucero Jaguar. Situada a unos 30 kilómetros de Valladolid, se extiende entre 12 km2 y 15 km2 (Chichén Itzá y algunos otros sitios prehispánicos tienen una superficie mayor). Prevaleció quince siglos (300 a.C. a 1200 d.C.), aunque su apogeo fue entre los años 770 y 896 d.C., durante los cuales tuvo de gobernante, más de 40 años, a Ukit Kan Lek Tok’ (Padre de las cuatro frentes de pedernal).
A la llegada de los españoles y parcialmente abandonada, era aún venerada.
Désiré Charnay, el explorador francés, llegó al sitio cuando éste se encontraba despoblado. Mi padre, que fue brigadista en la campaña contra el paludismo a principio de los años sesenta, me cuenta que a caballo llegó al sitio en donde había varios, enormes montículos devorados por la vegetación y con unas vacas que parecían cabras pastando en la cima.
El lugar adquiere relevancia cuando el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 1994 inicia los trabajos de investigación en forma, comandados por los arqueólogos Leticia Vargas de la Peña y Víctor Rogerio Castillo Borges, a quienes podemos considerar los padres de todo lo que hoy en día significa Ek’ Balam.
Este recinto amurallado, parcialmente rescatado, posee dos plazas denominadas norte y sur, donde destaca y por mucho la Acrópolis, un imponente edificio de seis niveles que, en voz de Castillo Borges, es una estructura simétrica con asimetría; conforme han ido trabajando, en cada ala hay detalles ornamentales que quiebran armoniosamente dicho equilibrio.
Aunque encontramos estuco en algunas ciudades mayas de Yucatán, por ejemplo: Acanceh y Mayapán, Ek’ Balam es único, a este respecto.
Aunque ante mis profanos ojos todo el conjunto arquitectónico es un collage de estilos de otras ciudades, los responsables del proyecto proponen hablar de un estilo propio: el “Ek’ Balam”, lo cual podría ratificarse de hallarse en otras zonas arqueológicas.
La Acrópolis es simplemente impresionante. Es un pequeño sitio arqueológico dentro de una zona arqueológica. Majestuoso e imponente, como tenían que ser los aposentos de Ukit Kan Lek Tok’; destacando un friso portentoso con un mascarón del Monstruo de la Tierra y este reiterativo recordatorio de la entrada al inframundo.
Esparcidos por toda la estructura, los elementos de estuco han ido emergiendo entre maleza y escombro: hombres alados, figuras zoomórficas y las espectaculares imágenes de sujetos captores y cautivos en los recientes trabajos de rescate.
A la par de los abundantes elementos de piedra, podemos afirmar que así ha sido el camino que ha tenido que recorrer el equipo de arqueólogos e investigadores en este cuarto de siglo: un camino lleno de piedras y obstáculos.
Uno de los más grandes entusiastas y promotores del rescate de esta maravilla del mundo maya fue Víctor Cervera Pacheco. Siempre demostró un gran interés; la única administración estatal con un aporte significativo.
Una promesa truncada de un salvamento completo, del candidato Labastida Ochoa; empresarios y particulares con ofrecimientos atados por argucias legales, las más de las veces y, la tijera del recorte presupuestal que sexenio tras sexenio han sido parte del desafortunado freno, hasta que en la administración actual, un golpe de timón, en cierto sentido fortuito por el proyecto del Tren Maya, hizo que en el programa PROMEZA se considerara una fracción que puso a funcionar los engranes de esta apasionante maquinaria que conlleva la recuperación de un sitio arqueológico de la importancia y magnitud señaladas.
El Tren Maya dejará a tiro de piedra el acceso a Ek’ Balam. Este es el punto a tratar. Si algo tiene este sitio, es que es un auténtico museo al aire libre, como pocos; pero además la riqueza en su flora lo convierte en un enorme jardín botánico y, la variedad de aves en el paraíso de cualquier ornitólogo.
Sorprende encontrarse con alguna pequeña excavación de los arqueólogos del reino animal: los topos, o tuzas como se les llama aquí. Por todos lados hay enormes iguanas y de vez en cuando alguna serpiente despistada.
Una zona arqueológica que se recorre en santa paz. No hay asedio de vendedores ambulantes, no hay ni la contaminación auditiva, ni visual de las grandes aglomeraciones que se observan en Chichén Itzá o Uxmal, con visitantes que en su gran mayoría no tienen ningún ápice de interés cultural.
Un territorio que ha mantenido un justo equilibrio con el otro aspecto más que entendible: el beneficio económico.
Economía y Cultura no pueden estar reñidas. El parador del Patronato de las Unidades de Servicios Culturales y Turísticos del Estado de Yucatán (CULTUR) es pequeño; los puestos de artesanías, la mayoría, en la zona del estacionamiento.
Algunos habitantes de la localidad ataviados a la usanza de sus ancestros para la foto o de vez en cuando alguna limpia espiritual. Empleos para la gente de Ek’ Balam pueblo, Hunukú, Santa Rita y otras localidades en la restauración del sitio.
Una especie de filtro para registrarse con un mini retén donde se paga el estacionamiento (cien pesos por vehículo) implementado como solución a la cancelación de un convenio del gobierno del Estado con ese ejido; pero, además, desde hace años el espectacular cenote al este de la parte central de Ek’ Balam es un bello atractivo administrado por una cooperativa, que ha buscado en el ecoturismo una forma inclusiva, que los beneficia.
En síntesis, no hay turbas de vendedores ambulantes, no hay acoso a los turistas: un paraíso… ¿Por cuánto tiempo? ¿Por qué tantos años para el rescate completo de esta joya?
Aún faltan otras dos grandes estructuras por explorar y la Acrópolis requiere posiblemente de dos partidas similares de proyectos semestrales para dejarla lista. No se puede seguir medrando con presupuestos para dar una manita de gato, ya ni siquiera de jaguar.
Lo más importante, y desde ahora, es hacer un proyecto en que se involucren autoridades estatales y federales, bajo la supervisión del INAH, a fin de blindar Ek’ Balam.
En el reciente conflicto suscitado en Chichén Itzá, los prestadores de servicios turísticos recurrieron a Ek’ Balam como destino sustituto.
De miedo: la avalancha humana. Tristemente la mayoría más entusiasmados por subirse a las estructuras a tomarse selfies.
Hagamos con Ek’ Balam un destino para promover un verdadero turismo cultural responsable. Evitemos repetir el desastre que se vive actualmente con Chichén Itzá: hasta siete mil visitantes al día, a unos meses de la apertura del llamado Chichén viejo; con vicios, malas prácticas y un desapego al cuidado de nuestro patrimonio cultural.— Mérida, Yucatán.
arredondo61@prodigy.net.mx
Médico y escritor
