Olegario M. Moguel Bernal (*)

Es entendible que en la 4T los aspirantes a la gubernatura de Yucatán y a los principales puestos de elección popular naveguen con bajo perfil. Deben aguardar a que se defina la candidatura a la Presidencia.

En el caso de esa corriente política sí aplica la sentencia que tanto usó AMLO en las campañas de 2018: será como barrer las escaleras, de arriba hacia abajo. Así, no podrá haber designaciones en los estados en tanto no se defina el nombre del candidato a la grande. A esto se debe añadir que todos aguardan con una ansiedad contenida, porque desde Palacio Nacional son mal vistos los adelantados. AMLO aplica a rajatabla el viejo adagio de Fidel Velázquez: “El que se mueve no sale en la foto”.

Nadie quiere ser denostado desde el púlpito palaciego ni ser tachado de traidor al movimiento, como ya ha tildado a varios que hicieron intentos por anticiparse.

Eso coloca a Yucatán, por ahora, en un escenario donde Acción Nacional ha tomado ventaja. Diríase que, con la designación de Renan Barrera como el personaje que encabezará la lucha por conservar la gubernatura, el PAN ha ganado el primer raund de una pelea en la que Morena no ha podido siquiera meter las manos.

La ventaja que le representa a Acción Nacional haberse adelantado en la designación le permitirá emprender acuerdos en las codiciadas candidaturas para las diputaciones locales y las peleadas designaciones por las presidencias municipales.

Será en estas últimas donde se definirá verdaderamente el alcance de una eventual coalición entre PAN, PRI y PRD. Dejar fuera de las aspiraciones a algún tatich o cacique equivaldrá a algo mucho peor que darse un tiro en el pie: sería dar por perdida la elección.

En efecto, todos han hecho promesas y eventuales alianzas, pero la ventaja de Acción Nacional estriba en que ya puede ofrecer algo concreto basado en tener el nombre de quien encabezará los trabajos en el Estado.

Sin embargo, más allá de esa certeza oanista en Yucatán y Mérida, con Renán Barrera y Cecilia Patrón, respectivamente, quedan más dudas que certezas.

Las principales: ¿Liborio Vidal, Rommel Pacheco y Julián Zacarías, así como sus respectivas estructuras, se sumarán a la tarea panista por conservar la gubernatura? ¿Además de jalar agua para su molino, como por supuesto es de esperarse, llevarán el vital líquido al molino de Barrera Concha?

¿Cuántas y cuáles posiciones pedirán a cambio y, además de ellos, para quiénes más?

¿Qué papel jugará en la elección a gobernador el cuarto de guerra que impulsó las aspiraciones de personajes diferentes al que ganó la encuesta panista? ¿Los que trabajaron por meter zancadillas, se sumarán a un cuarto donde las patadas bajo la mesa serán el común denominador?

Todas estas preguntas tienen relación con temas que el PAN está en posibilidades de empezar a ver antes que la alianza de enfrente, la cual llegará a estos mismos cuestionamientos en su momento. Aquel que los atienda de manera más acertada y expedita tendrá mucho terreno ganado. Llegar con este tipo de cuestionamientos aún sin resolver a las fechas cercanas a los comicios será una invitación a entregarle la elección al de enfrente.

Por eso, en el cuarto de guerra de Barrera Concha por ahora no debe distraerse la atención hacia temas ajenos a lo que ocurre en las tripas de Acción Nacional, en primer lugar. En segundo término deberán atenderse las eventuales alianzas con otras agrupaciones, para, entonces sí, llegar bien parapetado a la batalla madre para los yucatecos.

Las preguntas que ahora surgen van desde los acuerdos electorales hasta los movimientos que ya están presentándose en el escenario no sólo político, sino también social. Una pregunta válida es ¿quién está detrás de la protesta de pescadores de Sisal ayer frente a Palacio de Gobierno? ¿Quién quiso mostrar músculo? ¿Ante quién y con qué fin?

En primer lugar, el argumento que motivó la protesta es extremadamente débil: “¡Que nos indemnicen porque encalló un barco!”. En segundo lugar, llevaron la protesta e hicieron desmanes a una instancia estatal, cuando se trata de un tema federal, y en tercer lugar, de un momento a otro lo que era una protesta pacífica se tornó en un zafarrancho violento sin mediar razones explicables.

Este tipo de actos lopezobradorescos recuerdan las movilizaciones de AMLO para mostrar músculo y pretender amedrentar a la oposición, con el mensaje no verbal de: “Mira toda la multitud que te echaré encima si pretendes quitarme el poder”.

Sobre actos como éste hay que recordar una vieja sentencia de los periodistas antiguos: tome nota quien deba.

Más preguntas sobrevuelan los cielos electorales de Yucatán, como ¿a qué obedece el autodestape del senador Ramírez Marín para buscar la gubernatura? ¿Qué quiere negociar? ¿La senaduría de nuevo? ¿Será esa una moneda de cambio para que el PRI se alíe con el PAN en Yucatán?

El senador manifestó sin ambages que “voy a ser gobernador de Yucatán un día. No les quepa duda”. ¿Qué partido lo lanzaría? Al menos en este período se ve difícil que el PRI, el Verde o MC le representen una opción de victoria. Sólo se la darían Morena o el PAN, y ninguno de los dos va a arroparlo como candidato. El PAN ya designó al suyo, y Morena, en caso de tener candidato hombre, no tendría a nadie más posicionado que Huacho, ni dentro ni fuera del partido.

De esto se desprende la versión de que la arenga del senador es para incrementar su poder de negociación. Aquí surge otro filón: de tener asidero la versión de que buscaría la senaduría, ésta ya no sería para Liborio Vidal, como se ha propalado. Lo cual llevaría a fortalecer la especie de que el vallisoletano iría al Congreso local.

Esto, a su vez, despierta dos dudas. La primera: en el supuesto de que Vidal Aguilar vaya al palacio del Periférico poniente, no lo hará por menos que la coordinación de la bancada del PAN, lo que dejaría en el aire la pregunta de qué pasaría con el hoy secretario de Desarrollo Social, Roger Torres Peniche, cuyo nombre también suena para encabezar a los panistas en el Congreso. Parece que nos enfrentaríamos a un choque de trenes neopanistas en el Congreso.

La segunda duda que despierta la llegada del dos veces exalcalde de Valladolid es que el nombre de Liborio Vidal suena doblemente para la LXIV legislatura local. En efecto, los nombres de Liborio Vidal Aguilar y Liborio Vidal Cañetas, exregidor priista de Mérida e hijo del secretario de Educación estatal, se han mencionado al mismo tiempo para llegar a sendas curules locales. ¿Veremos por primera vez en la historia de Yucatán —y quizá del país— legislar hombro con hombro a padre e hijo?

“¿Ya qué nos falta por ver?”, respondió a esta pregunta un observador de la política local.

Más, muchas preguntas más quedan en el aire después de la primera definición en el PAN yucateco. Una de ellas es ¿cómo se repartirían las diputaciones federales? Y, más aún, ¿prosperará la propuesta de grupos que cabildean con fuerza ante en INE nacional para que los seis distritos federales de Yucatán sean clasificados como de corte indígena?

De prosperar la propuesta, removería los cálculos de todos los partidos.— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

 

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