El pasado 10 de julio, en plena contienda por quién se llevaría la candidatura presidencial por parte de Morena, salió a la luz el libro “Claudia Sheinbaum: presidenta”, de Arturo Cano, periodista de “La Jornada”, editado por Grijalbo, de 160 páginas (más el discurso de Sheinbaum al dejar la jefatura de Gobierno de Ciudad de México del pasado 15 de junio como “Apéndice”).

En gran medida, el trabajo se basa en entrevistas que el periodista hizo a la entonces jefa de gobierno de la Ciudad de México en funciones.

¿Qué versión de Sheinbaum o —para usar el subtítulo del libro— qué historia sobre la ahora candidata de Morena nos cuenta Arturo Cano?

El libro retrata a Sheinbaum como una luchadora social, comenzando con su formación política de izquierda, primero en el seno familiar, con visitas a los presos políticos del 68 —especialmente a Raúl Álvarez Garín, a quien Claudia Sheinbaum considera su “mentor político”—, y en el marco de los movimientos estudiantiles de la UNAM, particularmente en contra de las reformas del rector Jorge Carpizo para, en palabras de Sheinbaum, “subir las cuotas, eliminar el pase automático del bachillerato a licenciatura y establecer exámenes departamentales en franco agravio a la libertad de cátedra”. La ahora candidata de Morena ha expresado en varias ocasiones que este movimiento fue “en defensa de la educación pública”.

Así, fue “en el movimiento del CEU (Consejo Estudiantil Universitario) que Claudia habló por primera vez en un mitin”.

Aunque Cano no refiere explícitamente al trabajo de Max Weber, en sus páginas podemos apreciar que la retrata como “política y científica”. Claudia Sheinbaum estudió la licenciatura en Física en la UNAM, hizo su maestría en Ingeniería energética en la misma universidad y “luego fue la primera mujer en ingresar al doctorado en la misma especialidad”.

Ciencia y política

Cano reseña: Sheinbaum “es investigadora titular B en el Instituto de Ingeniería de la UNAM (con licencia para ocupar cargos públicos), así como integrante del Sistema Nacional de Investigadores”, “es autora de más de 100 artículos científicos y dos libros sobre temas de energía, medio ambiente y desarrollo sustentable” y “como parte de sus estudios de doctorado realizó una estancia de investigación en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en California”. “Pero ni allá dejó el activismo”, observa el autor.

Uno de los hilos conductores del libro de Cano es cómo, para Sheinbaum, tanto la ciencia como la política deben estar al “servicio del pueblo”, “con un firme compromiso con la mayoría de la sociedad”. Por ejemplo, el autor cita una conferencia que la ex jefa de gobierno impartió a inicios de marzo de este año en la que ella rememora que “la física para nosotros tenía que ser aplicada (…) yo me dediqué a medir la cantidad de leña que usaban las mujeres en las casas y a hacer estufas eficientes de leña para mejorar la vida de las mujeres, hacer menor el consumo de leña (…) Desde siempre me interesé por los derechos de las mujeres, por los derechos de la naturaleza, pero sobre todo por el bienestar de la gente”.

Tanto simpatizantes como críticos de Claudia Sheinbaum señalan su lealtad al presidente Andrés Manuel López Obrador. “Ella es totalmente leal a él, y a su proyecto”, afirmó la antropóloga feminista Marta Lamas con respecto a Sheinbaum y López Obrador en una entrevista a “The New York Times” (Lamas fue asesora de Sheinbaum). “Lo que ha resaltado es su lealtad, yo creo que una lealtad ciega al presidente”, ha observado el politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez, al mismo periódico. Esta lealtad es tanto un capital político ante los seguidores de AMLO como una de las mayores razones de rechazo para la oposición.

En este sentido, llama la atención que la figura de Andrés Manuel López Obrador aparezca muy avanzado el libro, hasta la página 57. Cano relata los primeros encuentros entre Sheinbaum y el actual presidente de la república: “Sheinbaum ha dicho una y otra vez que conoció a López Obrador cuando ella era sólo una ‘militante de base’ del PRD. Y lo era, pero una militante de base que veía los acontecimientos desde la primera fila, porque fue en su casa donde se celebraron al menos tres reuniones, en 1999, en las que se discutió la candidatura de López Obrador a la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal”.

Fue José Barberán, físico, miembro de “la cúpula perredista desde la creación del partido” y “uno de los principales consejeros de López Obrador”, quien sugirió a Sheinbaum como secretaria de medio ambiente para la jefatura de gobierno de AMLO en el DF.

Claudia Sheinbaum relata que se encontró con López Obrador “en el Sanborns de San Ángel y ahí me dijo: ‘¿Cómo ves la Secretaría de Medio Ambiente? Yo lo que quiero es que disminuya la contaminación de la ciudad. ¿Sabes cómo hacer eso?’ Le dije: ‘Pues creo que sí, con un equipo’. Y ya. A partir de entonces fue que me incorpora al gobierno. Y de ahí establecimos una relación, yo creo que de mucha confianza y trabajo”.

Durante su trabajo como secretaria de medio ambiente, Sheinbaum “se dio a la tarea, bajo la perspectiva de controlar y mitigar la contaminación ambiental, de coordinar obra de infraestructura de transporte urbano como las ciclovías, la primera línea del Metrobús y una central de cómputo para controlar los verificentros”.

Como se explica en el libro, para AMLO, más que “cargos”, las personas en su gabinete reciben “encargos”, y el de Sheinbaum fue específicamente la controvertida construcción del segundo piso del Periférico del entonces DF, con algunas de las resistencias que el proyecto enfrentó, así como algunas de las presiones que recibió por parte de AMLO, como pasar a revisar los avances a las 5:00 de la mañana.

Retrato favorable

Ciertamente, el retrato que Cano hace de Sheinbaum es favorable a la candidata de Morena. Mientras que el autor dedica seis páginas para comparar a Sheinbaum y a la ex presidenta de Brasil Dilma Rousseff (también relata la visita de la ex mandataria brasileña a México), se exponen con menos detalle algunos de los episodios más críticos de la trayectoria de Sheinbaum, como el colapso del Colegio Rébsamen cuando era delegada de Tlalpan y el derrumbe de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México cuando ella era jefa de gobierno. No se mencionan los conflictos de Sheinbaum con colectivas feministas en la Ciudad de México, las críticas que se han planteado en torno al uso de recursos públicos para su reciente campaña a la candidatura a la presidencia o las denuncias por el aumento de contingencias ambientales debido a la relajación de la verificación vehicular durante el inicio de su gestión como jefa de gobierno de la capital del país.

Otros episodios controvertidos sí ocupan más espacio, como el “videoescándalo” en el que estuvo involucrado su entonces esposo Carlos Ímaz —Sheinbaum presentó su renuncia a la secretaría de Medio Ambiente, la cual no fue aceptada por AMLO—, así como la pérdida de alcaldías de la Ciudad de México en las elecciones de 2021. Al respecto, Sheinbaum comenta a Cano: “creo que no participó todo mundo adecuadamente en las decisiones” de la designación de candidatos, “la crítica contra el presidente durante la pandemia fue durísima (…) y no nos dimos cuenta de la magnitud” y que “en algunos casos la reelección no nos ayudó, y la mayoría de los alcaldes quisieron reelegirse, y eso en algunos casos funcionó y en otros no (…) La elección se hizo como una elección de alcaldes, o sea no hubo en Morena Ciudad de México una cosa de defensa del proyecto”.

El libro concluye con la reciente “sucesión anticipada” a la presidencia de México, el papel protagónico que han tenido las encuestas en este proceso, el uso de las redes sociales, así como de eventos masivos en el Zócalo capitalino (como los también polémicos conciertos de Grupo Frontera, Rosalía y los Fabulosos Cadillacs).

Me interesa concluir con una de las interrogantes relativas a la “lealtad” de Sheinbaum con respecto a López Obrador. Se afirma constantemente que AMLO encontró una sucesora en Sheinbaum debido a su formación en la izquierda política mexicana y a que abraza las principales causas de la 4T —la austeridad republicana y los programas sociales, por ejemplo. Siendo una científica especializada en energía y medio ambiente, ¿podrá Sheinbaum marcar una diferencia con respecto a temas nodales como la reducción de la dependencia a los combustibles fósiles, la inversión en energías renovables y el derecho a un medio ambiente sano?

El manejo de la pandemia por Claudia Sheinbaum acaso pueda ofrecer algunas pistas. Allí donde AMLO minimizó la pandemia de Covid 19, el uso de cubrebocas y de pruebas masivas, por momentos Sheinbaum marcó una distancia —por lo menos en una ocasión, una distancia literalmente física al posar para una fotografía con AMLO y otros funcionarios—, exigió el uso de mascarillas en el transporte público en la Ciudad de México y aumentó el número de pruebas (aunque siguió siendo reducido a comparación de otras ciudades del mundo).

A pesar de estas diferencias, Sheinbaum afirmó que no iba a “entrar en contradicción con el gobierno de México”. Como declaró a “The New York Times”, “si hay una diferencia particular del uso del cubrebocas o no, de si hacer más pruebas en determinado momento o no, eso es menor frente al fondo de la transformación de nuestro país”. Aún está por verse cuánta distancia con AMLO incluirá el “sello propio” de la continuidad de Sheinbaum.— Mérida, Yucatán.

Correo: rodrigo.llanes.s@gmail.com

*) Investigador del Cephcis-UNAM

 

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