Se habla mucho del Tren Maya y de las posibles oportunidades que traerá a la región.
Sin embargo, nos hemos enterado de los diferentes problemas que ha tenido en cuanto a retrasos, infraestructura, fallas mecánicas y otras.
Es el resultado de un proyecto con defectos en la planeación, hecho a la carrera y sin escuchar la voz de muchos expertos, ya sea en lo logístico como en lo económico y lo ambiental.
Pero una cosa es segura: ya está aquí y va a permanecer. Entonces, lo que hay que hacer es tratar de aprovecharlo lo más posible, desde la promoción de tours hasta el transporte convencional de pasajeros y de carga. En este artículo me referiré a la posibilidad de ayudar un sector especial en nuestra cultura: el artesanal.
En un estudio que realizamos la Dra. María Eugenia López Ponce, del Instituto Tecnológico Superior de Calkiní (ITESCAM), un servidor y un equipo de investigadores, denominado “Propuesta de un programa para el desarrollo de ventajas competitivas de micro y pequeños artesanos del tramo 2 del Tren Maya (Calkiní-Escárcega), con base en emprendimiento y buenas prácticas empresariales”, que es financiado por el Tecnológico Nacional de México, abordamos la situación de ese sector en el norte del estado de Campeche, específicamente en los municipios de Calkiní, Hecelchakán y Tenabo.
Por supuesto, este proyecto tiene repercusión en el sur de Yucatán, ya que estas personas comparten herencia cultural, lo que incluye las artesanías.
El municipio de Calkiní, especialmente la villa de Bécal, se conoce por la elaboración de sombreros y otras artesanías de jipi-japa (fibra de palma usada en las artesanías) como alhajeros, abanicos, pulseras y diademas, entre otras. Calkiní también produce artesanías con madera.
Por su parte, en Hecelchakán se encontrarán hermosos bordados de punto de cruz y Tenabo es famoso también por bordados de este tipo, pero también por la elaboración de conservas, cestas de bejuco y esculpido en piedra.
En toda esa región, conocida también como Camino Real de Campeche, se urden hamacas, las cuales tienen muy buena aceptación. En el estudio trabajamos con 20 artesanos, de los cuales 18 son de Calkiní (45%), 10 de Hecelchakán (25%) y 12 de Tenabo (30%). Su edad promedio es 50.2 años y llevan en promedio 26 años en la actividad artesanal. El 65% son mujeres.
La transmisión de conocimiento artesanal es, en el 75% de los casos, a través de la familia, aunque algunos han aprendido empíricamente o a través de videos y talleres de capacitación.
Y aunque algunos artesanos indican que las ventas han estado bien, un segmento significativo comenta que la situación general es mala debido a la existencia de coyotes (intermediarios informales), falta de promoción, escaso apoyo de autoridades gubernamentales y a la competencia con artesanías que no son del área.
Los artesanos indican que la sociedad no reconoce el valor del trabajo artesanal, lo que lleva a un regateo que solamente les baja las utilidades. Faltan espacios dignos para exhibir la mercancía y vender.
Uno de los problemas principales que ven es que los jóvenes no quieren dedicarse a las artesanías, y como los artesanos son en promedio de edad avanzada (más de 50 años), pues temen que esta actividad desaparezca o quede en manos de personas no arraigadas a la tradición cultural y que vean esta actividad como un mero negocio.
Las artesanías de la región se caracterizan por sus diseños únicos, la calidad, la experiencia de los artesanos (como se vio, en promedio 26 años de antigüedad) y precios competitivos. Son poblaciones reconocidas por su tradición artesanal y herencia cultural.
La mayoría de los artesanos están motivados a seguir en esta actividad debido a su gusto por las artesanías y el orgullo por conservar las tradiciones (63%), aunque hay un 30% de artesanos que lo hacen por necesidad y un 7% que lo realiza por otras razones (ayudar a otros y deseo de aprendizaje). Varios artesanos de la región han ganado premios por sus productos.
Llama la atención el que el 39.1% promocione sus productos a través de redes sociales, aunque el 22% acude a ferias y el 17% vende por recomendaciones.
Esto indica que, a pesar de la edad, están comenzando a incursionar en el comercio electrónico. Sin embargo, la mayoría (55%) sigue cobrando solamente en efectivo, lo que conlleva una limitación para expandir sus negocios. No están agrupados en cooperativas y, por consiguiente, no facturan.
Falta trabajar en este aspecto ya que, al ser cooperativas, además de facturar (lo cual sería atractivo para que empresas turísticas deduzcan impuestos), tendrían más oportunidad de apoyos y créditos.
El programa de desarrollo resultante de este estudio está basado en tres ejes: (1) Articulación de emprendimientos de artesanos (rescate de saberes tradicionales para generar alternativas de ingreso); (2) Competitividad y gestión empresarial (organizar la forma de operación y prepararlos para formar cooperativas en el futuro), y (3) Plan de comercialización (abrir mercados y reforzar la incursión a medios digitales para promoción, venta y operación).
Ha funcionado bien a nivel piloto y más artesanos están interesados en organizarse, así como utilizar tecnologías de la información para acceder a nuevos mercados y vender más. Una estrategia importante es contar con socios comerciales en otros países que ayuden a la promoción y venta, para lo que los medios digitales son cruciales.
Para finalizar…
Se han puesto muchas esperanzas en el Tren Maya, ya que tendrá paraderos en Calkiní, Hecelchakán y Tenabo. Se ha prometido que traerá turistas a la región y que la derrama económica será una realidad, pero hasta ahora, las condiciones no son claras para los artesanos.
Por supuesto que este tren puede ser un aliado para reactivar la economía de los lugares donde están las estaciones y paraderos, siempre y cuando se permita acceso ordenado, abierto y transparente a estos productores.
Sin embargo, si solo se va a permitir la exposición y mercadeo a grupos selectos, en un ambiente turbio y con privilegios, pues el resultado seguirá siendo la pobreza, la frustración y el subdesarrollo de quienes se dedican a la actividad artesanal. De esta manera, los artesanos solamente verán pasar el tren, pero no se subirán ni serán parte del proyecto.
Esta historia puede repetirse con cualquier productor, no solo con artesanos. No se trata de tomar a grupos de productores como justificación para un proyecto, sino de emprender acciones que el talento y la oportunidad se encuentren.
Es abordar el tren en lugar de solo verlo pasar. ¿Le parece?— Mérida, Yucatán.
francisco.barroso@correo.uady.mx
fbarroso_tanoira@yahoo.com.mx
Doctor, Facultad de Contaduría y Administración. Universidad Autónoma de Yucatán.
