Freddy Espadas Sosa
Freddy Espadas Sosa

Con inmenso cariño le llamo el príncipe “Javiercito III”. Tiene once años de edad y le apasiona el básquetbol (es muy buen canastero), razón por la cual sus padres lo han canalizado para que practique sistemáticamente este deporte en un club de barrio cuyos entrenamientos tienen por sede el parque de la colonia Azcorra, en el oriente de Mérida.

Mi espíritu se estremeció de angustia ante la sola idea de que “Javiercito III” —mi amado nieto— hubiera sido la víctima de la terrible tragedia que ha conmovido a los habitantes de ese sector popular meridano, en el que un niño de apenas 13 años murió electrocutado el pasado lunes debido a las malas condiciones en que se encuentra desde hace tiempo el citado parque. (En 2022, un padre salvó milagrosamente a su hijo de las mallas de este parque, en las que se estaba electrocutando).

Pero no solo eso: también me puse en la piel de la madre y el hermano de la fatal víctima ante el indecible sufrimiento que experimentaron al abrazar y contemplar, plenamente desconsolados, el cuerpo inerte del pequeño.

Si bien no es el primer infante o adolescente que fallece víctima de la mala atención que reciben los parques, canchas y jardines de los sectores populares de Mérida, el trágico fin de este pequeño en la colonia Azcorra ilustra con creces lo que hemos venido denunciando en este espacio editorial desde hace muchos años: que las autoridades municipales emanadas del PRI y del PAN siempre han privilegiado la atención del norte opulento y del sector rico del poniente, marginando y despreciando a los barrios, colonias y fraccionamientos del oriente, el sur y grandes segmentos populares del poniente de nuestra urbe, amén de la situación de abandono en que han tenido por décadas a las comisarías del municipio.

No deja de llamar la atención que estas horrendas pérdidas humanas siempre ocurren en los espacios públicos que están en los sectores populares arriba mencionados, pues no se tiene noticias de que tales tragedias sucedan o hayan sucedido en los desarrollos urbanos del norte de esta capital.

Los vecinos de la colonia Azcorra aseguraron a este editorialista que ya se habían hecho innumerables reportes al Ayuntamiento de Mérida sobre el grave deterioro que guardaba su parque, especialmente en el tema de los riesgos eléctricos y el servicio vital del agua. Nunca obtuvieron la esperada atención a sus legítimos reclamos.

Resulta imperdonable que la negligencia criminal del Ayuntamiento de Mérida en la atención oportuna y sistemática a estas instalaciones públicas municipales siga cobrando vidas infantiles o adolescentes, máxime si en los últimos años las autoridades emanadas del PAN aumentaron desmesuradamente los impuestos prediales, en porcentajes que oscilan entre el 40 y el 200 por ciento. ¿A dónde se van entonces tantos ingresos recaudados?

Pero eso sí, el alcalde de Mérida Alejandro Ruz Castro se pavonea mediáticamente a diario para presumir supuestos logros de la actual administración panista, aunque nunca se le vea en los barrios, colonias y fraccionamientos del oriente y sur de la ciudad, a fin de que pueda constatar las demandas y necesidades más sentidas de sus habitantes.

Negligencia

Es absolutamente exigible que las autoridades municipales ofrezcan una disculpa pública a todos los meridanos, especialmente a la familia injustamente enlutada por la pérdida irreparable de su pequeño deportista.

Se demanda enérgicamente que procedan al cese fulminante de, por lo menos, los siguientes servidores públicos municipales: Eira Pólito García, titular de la Unidad de Atención Ciudadana (dependiente de la Oficina de la Presidencia Municipal), y de José Enrique Collado Soberanis, director de Servicios Públicos (dependiente de la Oficialía Mayor, a cargo de Mario Alberto Martínez Laviada), fincando desde luego las responsabilidades que les correspondan de conformidad con las leyes vigentes sobre el desempeño de los servidores públicos.

Con sus imperdonables negligencias, que trágicamente pagan los meridanos al perder a sus seres queridos, las autoridades municipales violentan arteramente la fracción III del artículo 115 constitucional, que las responsabiliza, entre otras cosas, del buen funcionamiento y del adecuado equipamiento de “mercados, centrales de abasto, panteones, rastros, calles, parques y jardines”.

La negligencia criminal del Ayuntamiento de Mérida debe mover a la indignación de todos los ciudadanos, pues las autoridades tienen la responsabilidad insalvable de garantizar espacios públicos plenamente seguros y en óptimas condiciones físicas, para solaz de todos los vecinos de nuestra urbe, especialmente de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que acuden a ellos para recrearse sanamente, de conformidad con el derecho constitucional que tienen para lograr un desarrollo integral con paz, seguridad y armonía.

¡No más pérdidas humanas en Mérida por culpa de la negligencia y la irresponsabilidad de las autoridades municipales!— Mérida, Yucatán.

Correo electrónico: canek_1999@yahoo.com.mx

*Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.

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