Manuel J. Castillo Rendón (*)
Lo que he leído y escuchado de los candidatos durante el proceso electoral de 2024 se manifiesta en dos líneas de acción. Por un lado, a desacreditar a los oponentes con señalamientos fundamentados o no y, por el otro lado, haciendo promesas de mejoramiento en los servicios, aumento en el equipamiento, simplificación administrativa, sin faltar el atender y resolver una que otra ocurrencia ciudadana, porque prometer no empobrece, y lo único importante es cómo la respuesta reditúa en el interés político.
Por otro lado, históricamente sabemos que de acuerdo con las acciones o los eventos producto de las decisiones que se toman y los resultados de éstas podemos conocer y evaluar el nivel del conocimiento, participación, y compromiso de gobernados y gobernantes, personas o grupos que establecen, con normas, programas, o intereses, el nivel de crecimiento o de desarrollo de una comunidad, sociedad, o pueblo.
Puede parecerles una pesadez, pero todas las edificaciones que se realicen, de manera particular o como gobierno, se dan en un espacio físico natural, de magnitudes variables que técnica y coloquialmente conocemos como un asentamiento humano.
Para ser más claro, cualquier edificación, privada o pública, de cualquier tamaño, se realiza en un lugar determinado, que puede convertirse en un satisfactor, o en un verdadero problema.
Los sistemas de planeación urbana estatal, así como los municipales publicados, no los hemos respetado, ni por gobernados y ni por gobernantes. Culturalmente estamos en pañales, y operativamente se han ignorado las leyes, normas, reglamentos y decretos, y la consecuencia ya la estamos padeciendo, ya que a nivel estatal como a nivel de ciudades el crecimiento no ha sido parejo, ni equilibrado.
Por ejemplo, el incremento en el parque vehicular ha rebasado la función de la estructura vial, simplemente está saturada, ¿por qué?, porque no se previeron opciones ni se diseñó la conectividad, ni la movilidad, y sí se aprobaron proyectos inmobiliarios sin medir el impacto en las vialidades existentes ajenas a la demanda.
De manera muy sintética recordemos un poco los antecedentes en materia urbana que en Yucatán inician en 1976, y desde entonces, hace 48 años, las autoridades estatales, y algunas municipales, han publicado algo más de 40 instrumentos, entre leyes, normas, reglamentos, planes y programas para un pretendido ordenamiento territorial.
A nivel estatal puedo citar cuatro o cinco leyes, varios decretos y tres Programas Estatales de Desarrollo Urbano.
Para Mérida, se han aprobado siete Programas Urbanos y seis Reglamentos de Construcciones entre modificaciones o adecuaciones, además de otros instrumentos relacionados con el tema. El último Pmddum de 2017, según la Ley de Planeación federal y la estatal, hoy no está vigente, ¿entonces?, ¿cuál ha sido su utilidad?, ¿la interpretación?
Todo esto se ha convertido en una escenografía, manipulada por todo el mundo, lo que nos ha conducido a un crecimiento y no a un desarrollo, que no es lo mismo. Y si ahora combinamos los términos sustentable y sostenible con los de crecimiento y desarrollo, seguro iniciaríamos otra discusión bizantina, ¿por qué? porque en este caso el orden de los factores sí afecta al producto.
El desarrollo sustentable no existe, es crecimiento, es lo que nos ha pasado. Hay que promover y realizar políticas sustentables para lograr el desarrollo, y consolidado éste, podemos hablar de un asentamiento y una comunidad sostenible que, en términos físicos, significa que el concepto “urbanismo sostenible” está en equilibrio, que funciona.
Señoras y señores candidatos. Coincido en que es muy importante escuchar las opiniones de la ciudadanía y darles respuestas sensatas, claras y directas, pero lo que es fundamental es el convencimiento de que todos somos parte de un todo; ese debe ser el criterio para resolver, convencer a todos los involucrados de una visión macro y no engancharse solo en la visión micro, la de cada quien.
Se necesita un estado que, de acuerdo con sus potencialidades económicas, desarrolle una estructura de ciudades metropolitanas, regionales, y de servicios, entre otras, y todas éstas, con un ordenamiento urbano a partir de las obras de una recuperación y consolidación del medio físico natural y artificial, de los bienes culturales, con infraestructura, equipamiento, servicios, y viviendas, entonces si podremos hablar de un desarrollo sostenible; todavía hay tiempo, veamos las cosas en serio.
Para concluir y desalentar a las mentes calenturientas y de supositorios, declaro que no estoy buscando chamba, para mí esa etapa profesional en el servicio público, ya es historia antigua; ahora estoy en la sabrosa posición de que más se sabe por viejo, que … puedo decir lo que quiera.—Mérida,Yucatán
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Arquitecto, exfuncionario federal, estatal y municipal
