Con la minuciosidad de un relojero de tradición, don Polo Ricalde y Tejero estudiaba en el Diario el discurso del papa Francisco sobre inteligencia artificial.
“El ser humano —leía— siempre ha mantenido una relación con el ambiente mediada por los instrumentos que iba produciendo”.
—Vaya que sí —pensó en voz alta—, desde la producción misma del lenguaje como instrumento de socialización y supervivencia.
Antes de continuar su lectura, Ángel Trinidad, amigo y en ocasiones crispador de don Polo, entró en el pequeño café del norte de la ciudad donde éste devoraba el Diario.
—Me parece que usted se me está escondiendo, don Polo —dijo a guisa de saludo—. Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que hablamos. Sólo me acuerdo que Vila había dejado de ser gobernador.
—Sigue sin serlo.
—No. Regresó después de hacer campaña al Senado.
—Sigue sin serlo —insistió don Polo.
Sin esperar respuesta de su amigo, siguió leyendo, ahora en voz alta: “No es posible separar la historia del hombre y de la civilización de la historia de esos instrumentos”.
—¡Instrumentos políticos, dirá! —bufó Ángel Trinidad—. ¡Desde luego que el ser humano se ha especializado en ellos! Empezando por el mapacheo, ratón loco, el embarazo de urnas y ahora los apagones y el ocultamiento del PREP.
Don Polo le pidió bajar la voz, al ver que de las otras mesas los comensales les miraban por la exasperación de su amigo.
—Tiene razón. Debo bajar la voz —admitió—. Es más, de ahora en adelante debo tener cuidado de lo que digo.
—No es para tanto —repuso don Polo—. ¿Acaso crees las versiones de que avanzamos a una dictadura?
Ángel Trinidad pidió café americano, pan dulce y unos huevos divorciados. Y a continuación respondió: “No lo digo por eso, don Polo”.
—¿Entonces?
—Aquí entre nos —Ángel Trinidad bajó la voz—. Ya borré de mi perfil de Facebook todas las críticas que he hecho a Morena. Las estuve repasando y llegué a la conclusión de que en ocasiones me excedí.
—¿Comprendiste haberte excedido o fue por estas cinco razones? —dijo don Polo mientras abría y cerraba los dedos de la mano derecha apuntados hacia arriba.
—No, don Polo. Ya le dije que no es eso.
—Entonces, alguna razón tendrás para renegar de ti mismo, cosa que sólo hacen los…
—Ya sé, no lo diga: los cobardes…
—O los traidores…
—No me diga eso, don Polo. No es traición intentar hacer méritos para que me consideren en el gabinete.
Cerca estuvo don Polo de escupir el expreso cortado que se acababa de llevar a la boca.
—¡¿Gabinete?! ¿De quién?
—De quién más va a ser. De Huacho, por supuesto. ¿Acaso hay otro?
—Podría ser el de Cecilia. Si bien nunca has hablado de tus filias políticas, podría asegurar que por tus venas corre sangre azulosa.
—Guinda, don Polo. Guinda es el color de ahora.
—Válgame, Dios —dijo don Polo—. Tantas conversaciones no han servido de nada.
—¿Por qué lo dice? ¿Acaso está mal simpatizar con los guindas?
—Por supuesto que no. Y me parece que me mal interpretas a tu conveniencia. Puedes simpatizar con quien quieras. Lo que me parece lejano a lo mucho que hemos platicado es que seas co’ox virar. Pero cada quién su conciencia y sus necesidades.
Un silencio incómodo se asentó en la mesa. A Ángel Trinidad le costaba trabajo mirar a su amigo, quien ante eso retomó la lectura de las reflexiones del Papa.
“No pocas veces, precisamente gracias a su libertad radical —don Polo siguió leyendo por lo bajo, pero en esta parte alzó la voz—, la humanidad ha pervertido los fines de su propio ser, transformándose en enemiga de sí misma y del planeta”.
Carraspeó, bebió el xix de su expreso cortado, y repitió al ralentí: “la-humanidad-ha-pervertido-los-fines-de-su-propio-ser”.
—Ya, don Polo. Ya entendí. Pero, usted sabe, tengo amigos cercanos a Huacho y creo que puedo tener oportunidad de entrar al gabinete.
—Yo sólo he leído parte del discurso papal en la reunión del G7. Cada quien que lo interprete a su manera.
Ángel Trinidad meditó.
—Insisto —prosiguió don Polo—, nada tiene de malo simpatizar con uno u otro grupo. En política es lo corriente, lo normal. Todos los ciudadanos tenemos nuestras simpatías, si no ¿por qué votaríamos? Y también tenemos nuestras antipatías, hay que reconocerlo. Pero sean unas u otras siglas, uno u otro color, lo importante es coincidir y simpatizar por convicción, por alineamiento con los postulados, no por interés. Si tú lo haces por convicción, te felicito. Si es por interés…
—Todos lo hacen por interés, don Polo, los de uno y otro color.
—Lamentablemente en eso se ha convertido la política: en un trampolín para alcanzar los fines personales, sin importar el color de ese trampolín. Y mientras eso ocurre, los postulados y la filosofía de los partidos políticos se empolvan en el cajón del archivo muerto.
—Bien haría el PRI —prosiguió— en rescatar los suyos del fondo del cajón ahora que está en un proceso de reformulación del partido, de replanteamiento e incluso de renombramiento. Que rescaten los discursos e ideas de Jesús Reyes Heroles, el presidente más lúcido que ha tenido ese partido. Lo mismo debería hacer el PAN desempolvando a Gómez Morín.
—En el afán de usar la política únicamente como instrumento producido por el ser humano para alcanzar el poder, y no para el acuerdo y la negociación, se le ha frivolizado —añadió—. El gobernador de Jalisco lo acaba de decir en una seria crítica a su partido. Movimiento Ciudadano, dijo, empezó la campaña destapando botellas de cerveza y la concluyó reconociendo derrotas con el rímel. Se refiere a la forma como la candidata a la alcaldía de Monterrey, Mariana Rodríguez Cantú, esposa del gobernador de Nuevo León, reconoció su derrota en un vídeo mientras se colocaba rímel en las pestañas, llevando así la política a niveles de frivolidad pocas veces o nunca antes vistos.
—Tiene razón, don Polo —dijo Angel Trinidad—. ¿Cómo le hará Huacho para no ser absorbido por esa política frívola?
—Será un reto. Pero de hacerlo, no será el primero. Recuerda el Ivonnato. En definitiva —añadió—, la frivolidad y la falta de valores en los que ha caído la política en busca de alcanzar el poder por el poder siempre es un riesgo para los pueblos.
Se produjo de nuevo un silencio, y don Polo retomó la lectura del discurso del Papa, para rematar en voz alta: “La decisión ética, de hecho, es aquella que tiene en cuenta no sólo los resultados de una acción, sino también los valores en juego y los deberes que se derivan de esos valores”.— Mérida, Yucatán.
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@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
