Después de las elecciones intermedias, cuando a mediados de 2021 arrancó prácticamente el proceso electoral de 2024, Renán Barrera y Cecilia Patrón lideraban con amplio margen las preferencias panistas rumbo a la gubernatura y la alcaldía de Mérida. Comenzaba una carrera en la que había que alinearse, remar parejo y evitar confrontaciones.
Con resultados en los que ninguna fuerza política superaba el 40% de los votos y débiles triunfos, vía acuerdos multipartidistas, de la estrategia electoral del gobernador Mauricio Vila, sobre todo en el Congreso, se vislumbraba competida batalla rumbo a 2024.
El PAN caía en las preferencias, pero mantenía el poder gracias a la pulverización de opositores; el PRI adolecía de creciente debilidad y Morena mostraba franco crecimiento, pero sin claro liderazgo. Discretamente, Huacho Díaz continuaba sus esfuerzos de posicionamiento, como embajador del Bienestar, vía el reparto de beneficios económicos, principalmente en comunidades rurales.
Se advertía que el PAN debía sumar esfuerzos para mantener el poder y así evitar el avance en la entidad del improductivo asistencialismo morenista y la inseguridad propia de la narco política, que ya mostraba crueles efectos en otras regiones, principalmente en el Pacífico.
¿Qué sucedió en los siguientes meses? ¿Remaron parejo y evitaron las confrontaciones? ¿Cayeron en la cuenta que el enemigo a vencer seguía fortaleciéndose con su labor hormiga de compra de conciencias mediante el reparto de dádivas y acercándose a liderazgos priistas, también algunos panistas, dispuestos a venderse al mejor postor?
La realidad nos indica que hicieron todo lo contrario. En los siguientes 24 meses, antes de la precampaña de 2023, cuando Mauricio Vila no tuvo más remedio que aceptar la primacía de Renán Barrera rumbo a las elecciones de junio de 2024, el gobernador y el alcalde meridano sostuvieron un enfrentamiento constante, muchas veces abierto, que fue debilitando el camino del PAN a la elección estatal.
BATALLA DE EGOS
Vivimos una lucha permanente, una batalla de egos que llegó al extremo del absurdo con el impune asesinato del joven José Eduardo Ravelo en 2022, la férrea oposición del gobernador a que el alcalde de Mérida fortaleciera su presencia en aquellas zonas del interior donde la oposición se fortalecía y la manipulación psicológica que un día apoyaba a Renán Barrera en sus aspiraciones y al día siguiente echaba leña al fuego con mensajes a favor de Liborio Vidal, Cecilia Patrón, Julián Zacarías y Rommel Pacheco, preferidos de Palacio.
Pese a las alertas, con la indiferencia o el silencio cómplice de quienes podían hacer contrapeso, el gobierno de Yucatán seguía haciendo oídos sordos a las denuncias de corrupción de “empresas fantasmas” en el gobierno de Rolando Zapata, los enredos del fiscal Wílberth Cetina, los escándalos de la mafia inmobiliaria, el cuestionado proyecto del estadio sostenible y la falta de transparencia en sonadas adquisiciones.
Huacho Díaz, por su parte, seguía aprovechando los beneficios del sistema clientelar de su nuevo partido y sumando adeptos a su causa, como el apoyo financiero del clan de los hermanos Millet Encalada, de su estrategia corruptora, nacida años antes, en la era de los “moches” de Raúl Paz, que finalmente se enquistó en las campañas tanto de Barrera Concha como de Díaz Mena.
¿A qué le temía Mauricio Vila? ¿Por qué la obsesión por debilitar y poner a prueba constante las pretensiones de Renán Barrera Concha rumbo a 2024? ¿Qué compromisos fue adquiriendo con el gobierno federal y su partido, a cambio de qué?
La cercanía del gobierno de Yucatán con el régimen de López Obrador y su partido se incrementó en los dos últimos años, incluso con quien eventualmente sería la sucesora presidencial. Se justificaba por la derrama de recursos que beneficiaría a la entidad a través de las improductivas obras del Tren Maya e inconclusos proyectos de desarrollo compartido, como las plantas de energía eléctrica y la ampliación del puerto de altura de Progreso.
Durante la reciente campaña, las críticas de Joaquín Díaz Mena se centraron en la persona de Renán Barrera, en supuestos actos de corrupción del exalcalde de Mérida. Al gobernador de Yucatán, ningún cuestionamiento, a pesar del amplio historial de denuncias que tenía a la mano, gracias, entre otros organismos, al cercano grupo “Ya Basta”, de los pocos dolores de cabeza que incomodaron a Mauricio Vila durante su mandato.
Díaz Mena recibía ya formalmente la excesiva derrama económica del proyecto nacional morenista, cosechaba la diáspora de “chapulines” y se fortalecía gracias a la bien coordinada estrategia de expansión de la 4T. En el PAN, Renán Barrera y equipo remaban en una dirección, y los estrategas de Palacio muchas veces con rumbo contrario.
LAS LECCIONES
¿Qué lecciones nos deja la derrota del PAN el 2 de junio? ¿Qué tendríamos que aprender si pretendemos que en Yucatán subsista un fuerte sistema de partidos que dé equilibro a la lucha por el poder político? ¿Qué corresponde a la ahora oposición?
El fortalecimiento de un perverso régimen de control político como el de los 1970 y el riesgo que el autoritarismo y la inseguridad sienten sus reales en Yucatán obligarían al PAN, y a quienes simpatizan con la democracia, a retomar el rumbo de la negociación, la suma de esfuerzos y la alineación de estrategias, evitando a toda costa el absurdo enfrentamiento.
Si la oposición pretende volver a ser competitiva en seis años, tendría que empezar de una vez por definir objetivos, seleccionar figuras claves que los encabecen y alinear esfuerzos. Habría que “ver hacia adelante”, como afirmó anteayer Mauricio Vila en la reaparición de Renán Barrera después de la derrota electoral, pero no “de dientes para afuera”, como solía suceder, sino en un sincero mea culpa que reconozca errores y defina claramente qué funcionó y qué falló en 2024, con quién se tendría que hacer alianzas estratégicas y a quiénes habría que hacer a un lado.
La sociedad pro democrática en general tendría que reflexionar profundamente, primero y antes que nada, en las razones de las grandes injusticias y desigualdades que permiten el avance de gobiernos populistas; retomar el rol auditor necesario en la lucha permanente de contrapeso cívico que vigila al gobernante y exige el cumplimento de promesas, y estar muy pendiente del voraz ataque de esos “chapulines” y clanes corruptores que seguramente buscarán hacer de las suyas tanto en el nuevo gobierno estatal como en la alcaldía meridana.
Creemos que vale la pena el esfuerzo por mantener a Yucatán como esa isla de estabilidad y potencial desarrollo tan admirada en toda la república. Las actuales y futuras generaciones de yucatecos, nativos y recién llegados, lo agradecerán.— Mérida, Yucatán.
franciscodominguezrivas1960@gmail.com
Analista político
