Mauricio Vila no quiso retornar a la vida normal después de ser alcalde, primero, y, luego, gobernador. No quiso estar al frente de sus negocios, ni estar inmerso en la tranquilidad de la vida familiar; prefirió tener una posición más en la política y seguir viviendo de las nóminas oficiales.
Buscó por todos lados ser senador y fue apoyado por su partido y la alianza PRI-PAN-PRD para lograr su objetivo. Para no fallar, a Vila Dosal le dieron dos posiciones por la vía plurinominal: Una de titular y la otra de suplente. La primera no la pudo lograr, porque la votación general no fue suficiente, pero la suplencia sí la obtuvo.
Es raro que un gobernador al terminar su sexenio busque inmediatamente una diputación o senaduría. A veces el partido les otorga un cargo dentro del mismo organismo como asesores o en el Comité Ejecutivo, o en el ámbito federal obtienen una secretaría.
Quizá Vila quiere asegurarse políticamente, protegerse de algo y decide el camino legislativo o también está en la espera de la embajada soñada o algún puesto en el cambio de gobierno federal. No olvidemos que en algún momento alguien lo mencionó como presidenciable, incluso recibía buenos comentarios de las autoridades federales.
A muchos políticos y funcionarios les cuesta dejar el suntuoso salario, las prebendas, las canonjías, los viajes, el poder mismo. Les es difícil vivir como ciudadanos comunes: Viajar en su propio automóvil, pagar la gasolina, sacar de la cartera las cuentas de un restaurante o de los viajes, andar solo o con la familia.
Para que algunas autoridades no se sientan solas, ni tengan temores de algo o alguien, los legisladores locales propusieron y aprobaron reformas en la Ley de Seguridad Pública del Estado sobre el número de escoltas, vehículos, viáticos y equipamiento de seguridad para los funcionarios con “roles destacados”.
Es lamentable este gasto que saldrá del erario para contratar guardaespaldas que protejan al gobernador, los titulares de la Secretaría de Seguridad Publica y de la Fiscalía del Estado, así como a los directores de los Centros de Reinserción Social y de la Aplicación de Medidas para Adolescentes, cuando terminen su encomienda pública.
Pero, ¿de qué o quiénes se cuidan? ¿Por qué tanta gente a su alrededor? ¿No es acaso un cuidado excesivo tener a seis, ocho o doce personas para proteger a un exfuncionario?
Al final, hay tantos individuos alrededor de una persona que los escoltas se convierten en mandaderos: llevan a los hijos a la escuela, van al supermercado, a realizar diligencias y demás menesteres que le corresponde hacer al ex funcionario.
Esto recuerda los años gloriosos del PRI cuando a los presidentes del país o funcionarios de alto nivel al terminar su encomienda sexenal se les otorgaba un número considerable de personas del Estado Mayor Presidencial y los gobernadores también tenían sus acompañantes y, sobre todo, jugosos bonos y pensiones por seis años de trabajo.
Esto se fue eliminando poco a poco porque representaba una dolorosa sangría al presupuesto público, pues un servidor después de gozar seis años o más del poder político debería retornar a su vida personal, laboral y familiar que tenía antes de ser gobernador, alcalde, legislador, fiscal o jefe policiaco. Pero, lamentablemente, hay quienes quieren más poder y dinero. No se sacian con los privilegios obtenidos unos años y buscan tenerlos en el retiro o en otro puesto.
Sin embargo, los ciudadanos pagaremos este derroche económico en escoltas, vehículos, viáticos y equipamiento a los privilegiados que terminan su mandato e incluso si continúan en otra posición política, como el caso de Vila Dosal, pues pueden solicitarlo y trasladar a los escoltas al destino mencionado para “el adecuado desempeño de sus funciones”.
¿En qué pensaban los diputados locales al aprobar esas reformas al artículo 45 de la mencionada Ley para permitir la renovación de la solicitud del servicio de escolta pública, y el artículo 47 para aumentar el número de escoltas, vehículos, equipamiento y viáticos? ¿Y en qué pensaba el encargado de proponer estas reformas, el diputado Crescencio Gutiérrez, exsecretario de la Sección 33 del SNTE?
Los privilegios de Mauricio Vila como gobernador, viajes, viáticos, vehículos, secretarios y demás prebendas, ahora se extenderán como senador por estas recientes reformas. Ahora tendrá un mínimo de “cuatro integrantes (escoltas) y dos vehículos adicionales, con sus respectivos sistemas de comunicación, armamento, viáticos y demás equipo…”
¿Para qué tantas escoltas a personas de “roles destacados”? Más privilegios para estos funcionarios. Lo lamentable: es dinero que pagaremos los yucatecos. ¿Se podrían derogar estas reformas? Veremos con los nuevos diputados si las analizan y discuten.— Mérida, Yucatán.
Profesor
