Marisol Cen Caamal (*)
En la actualidad, hablamos mucho de la importancia de mantener una buena salud física, mental y espiritual. Sin embargo, a menudo olvidamos que, para alcanzar un bienestar integral, es fundamental también tener una buena salud financiera.
La salud o bienestar financiero, según la definición del INEGI (2024) es un “estado que posibilita que las personas tengan la capacidad de manejar sus finanzas de manera adecuada (control). Lo anterior les permite hacer frente a sus gastos cotidianos (seguridad), afrontar variaciones negativas en sus flujos de ingresos y aumentos inesperados o desproporcionados de sus gastos (resiliencia), lograr sus metas y aprovechar oportunidades para lograr su bienestar y movilidad económica (libertad)”.
La salud financiera tiene un impacto directo en la salud física, mental y espiritual. Una persona con problemas económicos a menudo se ve afectada por preocupaciones y estrés, lo que puede manifestarse en malestares físicos como dolores de cabeza, gastritis, colitis, y fluctuaciones en la presión arterial, solo por mencionar algunos síntomas.
Para mejorar la salud financiera, lo primero que se requiere es hacer un diagnóstico. Por ello es motivo de celebración que el Inegi, en colaboración con la Condusef, hayan llevado al cabo a finales del año pasado, la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023. Esta importante iniciativa busca generar información estadística para entender mejor los aspectos que conforman la salud financiera de la población de 18 años y más en nuestro país.
Los resultados de la ENSAFI se presentaron esta semana y a continuación mencionaré algunos de los resultados obtenidos:
En el rubro de bienestar o salud financiera, el 45.9% de la población mencionó que casi nunca, o nunca le sobra dinero al final del mes; además de que un 34.6% expresó tener poca o ninguna capacidad para hacer frente a gastos inesperados.
En cuanto al estrés financiero, el 36.9% de la población encuestada manifestó tener un nivel alto, 34.6% reportó un nivel de estrés moderado, y solo un 28.5% un nivel bajo o nulo.
Las mujeres reportaron un nivel de estrés financiero alto (42.2%) significativamente mayor que los hombres (30.7%).
Los grupos de edad con mayor prevalencia de estrés alto se encuentran entre los 30 y 49 años, y entre los 50 y 64 años.
Yucatán está entre los estados con un nivel más bajo de estrés financiero.
Como consecuencia del estrés financiero, el 34.9% de la población experimentó consecuencias fisiológicas, como dolores de cabeza, trastornos gastrointestinales o cambios en la presión arterial. Además, el 30.7% sufrió impactos psicológicos, tales como problemas de sueño o alimentación, y el 10.3% afrontó problemas sociales u otro tipo de dificultades, como conflictos familiares o en el trabajo. En todas estas consecuencias del estrés, las mujeres tuvieron una mayor afectación que los hombres.
La encuesta también generó información sobre el ahorro, las deudas, los gastos individuales, las metas financieras y otros rubros muy relevantes. Recomiendo tomarse el tiempo para revisar los resultados completos de la encuesta. En la siguiente liga podrá verla a detalle: https://www.inegi.org.mx/programas/ensafi/2023/.
Ahora que conocemos el diagnóstico de la salud financiera de los mexicanos, el siguiente paso es lo qué haremos para mejorarla. Aumentar el nivel de educación financiera de la población debería ser un objetivo prioritario. El conocimiento sobre temas financieros es una herramienta muy valiosa para prevenir los problemas económicos desde un principio.— Mérida, Yucatán.
marisol.cen@kookayfinanzas.com
Consultora Financiera y directora de las Licenciaturas en Administración y Finanzas, Universidad Anáhuac Mayab
